El desbroce

Y allí, tras una jauría de ramas, enredadas entre ellas, quebradas y retorcidas, se adivinaba la luz, la claridad, las respuestas.

Rumbo a isla ilusión. Un barco surca los mares de la esperanza, cargado de preguntas, vacío de certezas, creyendo que es único. Busca, no sabe bien el qué, pero busca. Un poco por soledad, otro poco por inseguridad, y un mucho por esa irracionalidad que rezuma el ser humano. Y así son los sentimientos. Y así quiénes los alimentan. Mentirosos. Porque una ilusión, una esperanza, no es más que una mentira hasta el momento en que se hace realidad. Pero hay algunas que nunca se hacen reales por mucho que lo desees. Es entonces cuando te das cuenta de que tu barco no tiene timón, y tu mente se enreda, cómo las ramas, robando la luz, la claridad. Te falta entonces el aire, las ganas, la vida misma aunque respires de ella. Las sirenas te atraen con sus cantos y deseas huir pero te acercas más, con esa forma tan sutil que tienes de buscar argumentos para auto convencerte. Y allí dónde había agua, sólo queda maleza. Que te rodea, te oscurece, te encarcela. Tratas de escapar, de liberarte, porque sabes que tras la maleza las respuestas te esperan. Y piensas: será época de desbroce…?

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