Irremplazables

Era más un necesidad que un deseo. Noche extra para una semana harta de obligaciones, cansancios acumulados y al límite de nuestras ganas. En la frontera del fin de semana, nos concedimos una tregua, llamando a filas, a todos los componentes de los Pellejeros. Acudimos casi todos a las llamada, abusando de la hospitalidad de Choco, que otra vez más, hizo de su casa, la nuestra, donde volvimos a degustar la buena mano de Juanjo para cocinar. Sigue así y algún día, dejarás de ser el Mindungui. Vino de las montañas César, trayendo consigo, algo tan de la llanura, como son los Piononos, que fueron el paso previo a una crema de orujo, rescatada de la humeante Galicia. No faltó Luisón, al que se le acumula el trabajo, y ni por esas, pierde la sonrisa. Hermanico de por vida, portando como siempre, las ganas de fiesta, y es que Pablo es un espécimen, de los que ya quedan pocos. Tres, hermanos, tan distintos y tan cercanos. Javi, Jorge y Santi, orden inalterable y sobre todo, inseparable. Y como no, mi niño Pati, refranero hecho carne, y como siga así, talibán inmolado, en nombre del Pellejo. Comimos, reímos y jugamos. Conversamos, dejando en manos de la noche, muchos secretos, todos esos, que sólo comparten los verdaderos amigos, y regresamos de nuevo, a la complicidad y a la amistad, esas que hacen que seáis, irremplazables…

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