Fondo

Ha llegado el momento. Existe un abismo entre lo que quiero ser, lo que necesito ser, quién debería ser y lo que realmente soy. Un hueco tan grande como mi propia decepción. He vuelto atrás, hasta hace años, perdido, desorientado, flotando en la nada, intentando encontrar una atisbo de lo que llegué a ser. Pero no hay solución. Ni siquiera los grabados en mi cuerpo me dan la respuesta, ya no tienen sentido. No encuentro esa razón, ni el hilo que me ate a nada, porque eso es lo único que veo, que siento, nada. Las cenizas ya no esconden al Fénix, no tiene fuerzas para resurgir. Así que toca armarse de valor y afrontar la realidad, sumergirse en lo más profundo, dejarse abrazar por las sombras y que te arrastren hacía el fondo. Coger aire, contener la respiración, y una vez allí, un poco por necesidad y otro poco por miedo, impulsarse y salir a flote, o abandonarse para siempre.
PD: Te llevo conmigo Ismael, que me da miedo bajar solo…

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La duda

Siempre he defendido que hay gente que no merece estar en este mundo. Ahora siento, que me he convertido en uno de ellos. He ido transformando Reinas en Ángeles, ascendiéndolas a los cielos para luego dejarlas caer. Una tras otra, en un juego tan macabro, como la mente y el corazón del que hoy escribe. Ya no hay vueltas atrás, ni perdón, ni redención. Sólo castigo en forma de soledad. Y es que así me siento y así debo seguir, para no volver a tocar a nadie. Y es que, esta extraña forma de querer no se parece en nada al amor, y ese sentimiento que aflora con tanta rapidez, hay que arrancarlo de raíz. Así no habrá más víctimas, ni más lágrimas, ni más huidas. Sólo así, la gente será, realmente feliz. Lejos del dolor y del llanto. Lejos de promesas incumplidas. Lejos de mi, en definitiva. Así que llegados a este punto, me asalta la gran duda. No es peor suicidio, el de seguir rondando este mundo…??

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El ascenso

Nos escoltaron hasta arriba. Pinos en perfecta formación, asomados tras el quitamiedos de la carretera que serpentea hasta la cumbre, testigos de las idas y venidas, de las subidas y bajadas a una Sierra, huérfana de apellido desde hace algunos meses. Se acentuaba el frío a medida que subíamos pero no menguaban las ganas de ascender la montaña. Fue la Virgen de las Nieves testigo del comienzo de aquella ruta, camino a un punto mas cercano al cielo, de lo que habitualmente estamos. Caminamos, pasito a pasito, lenta pero inexorablemente, sin prisa, sin pausa, elevándonos un poco más a cada paso que dábamos, viendo el mundo cada vez desde más arriba. Atajamos por senderos que ya habían marcados otros y que llevaban al mismo sitio, distintas rutas para un mismo destino, y a medida que avanzaban las horas, mas cerca estábamos de nuestra meta. Fue el Veleta el mejor premio y hasta allí fuimos, cerca de las nubes, lejos de todo. Un balcón al infinito, a la nada, al todo. Hicimos parada, que no fonda, y después de comer algo y respirar libertad, emprendimos el descenso, con el frío a cuestas y las emociones a flor de piel. Conocimos los secretos que esconde la Sierra cuando no se viste de nieve, las piedras que la cubren cuando está desnuda, la hierba a puñados desperdigada por sus laderas que desaparecerán bajo las nevadas, esperando el próximo deshielo, y esa paz que se respira, cuando los esquíes y las tablas, no se deslizan por su loma. Nos acompañó el viento en la bajada, alejando al frío y su dolor, y al llegar abajo, le dimos las gracias y le prometimos que nos volveríamos a ver…

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Sólo un poquito más

Es al despertar, sin abrir los ojos, cuando todo se ve mejor. No hubo despertador que pusiera límites al sueño, ni que truncara su paseo nocturno. Ningún ruido estridente que coartara mi descanso ni que me empujara a abandonar el colchón. Desperté, porque sí. Tal vez porque me sentía saciado de descanso o quizás porque era hora de probar el vértigo de la horizontalidad. Desperté si, pero mis ojos permanecían cerrados, atrapados en el sopor del cansancio que produce el descanso. Intuía la luz que acuchillaba la mañana, esparciendo su brillo por la habitación, donde la brisa mecía las cortinas, que atrapaban los sonidos que manaban de la calle. La lucha constante del cantar de los pájaros por hacerse un hueco entre el murmullo de la gente. El pavimento, arrancando los gemidos de los vehículos al pasar, el jardinero que riega, el barrendero que roza con su escoba el suelo, dejando arañazos invisibles en el intento por dejar limpia la calle. El silencio ahogado por la vida que despierta otro día, y deja un reguero de sonidos que nos dan la bienvenida. Déjame hacer de mi cama un refugio, el búnker antidespertar, anda, sólo un poquito más…

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Va por ustedes

Supongo que sólo hacía falta leer un poco, escuchar, sentir y sobre todo pensar. No creas que no ha habido relatos en todo este tiempo, que mis manos se secaron y dejaron de esculpir palabras. Simplemente están aguardando, el momento, si ha de llegar. Si no, dormirán plácidamente sobre el papel que las vio nacer y latirán en silencio, porque vida ya tienen. Y aquí estamos, de nuevo, trazando nuevos horizontes, tratando de encontrar historias que no contengan el odio acumulado, porque entonces, si que habrán vencido. Y sólo me hace falta miraros, sentir vuestro apoyo y consejo, la calma de vuestras palabras, y sobre todo vuestro cariño. Personas dispuestas a ayudar y escucharte, a no darte la razón, pero con respeto, empujándome a ver todos los puntos de vista, sin amenazas, sin miedos, sin la obligación de deber nada a nadie. Amig@s y familia que hacen que uno se sienta orgulloso de teneros a su lado. No sería la vida igual sin vosotros, porque sois vosotros los que hacéis de esta vida, algo maravilloso. Espero seguir gozando y disfrutando de todos vosotros, por siempre jamás…

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Ojo por ojo

No se como lo hizo, pero volvía a estar ahí. De pie, tras el eco de su sombra, a pesar de los arañazos, de las heridas, a pesar de la vida. Lo pensaban muerto, lo imaginaban abatido, roto en pedacitos pequeños para que no pudiera reconstruirse. Por ello habían luchado, mentido y comprado, para conseguir el sueño de hacerlo desaparecer. Y verlo otra vez, masticando el nombre de todos ellos, les llenó el Alma de asco y el rostro de terror. No entendían cómo, mucho menos el porqué, y lo mejor, es que no sabrían el cuándo. Sabían que iría por ellos, como hacen los animales heridos, un poco por necesidad y mucho por rencor, el que habían despertado en él tras cada golpe que le asestaron. Entendieron por fin, que ellos lo habían hecho fuerte, que ellos le dieron la vida, que en su afán de acabar con él no habían hecho más que fortalecerlo, que aquella pérdida no fue mas que la estrategia para colocar las piezas antes de asestar el golpe de gracia. Y ahí estaba, en pie de nuevo, hombre y sombra, luz y oscuridad, todos en uno, amedrentando al mismo miedo para pagar con creces, lo que un día le hicieron…

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Hediondo

Y te preguntas porque no tienes amigos? Hay eunucos sin castrar y serpientes que no mudan la piel. Cobardes tras caras bonitas que vayan donde vayan, despiertan animadversión, apartando de su lado a todos una vez que los conocen. Hasta su aliento les delata. Ni siquiera padres, ni siquiera hermanos. Van empequeñeciendo su mundo, reduciéndolo a la mínima expresión, a los restos que nadie quiere a su lado, como ellos. Pero que se puede esperar de alguien cuyo lema es sobrevivir. Venderá a cualquiera por llegar lo más alto posible, ahogará a quien sea por mantenerse a flote, matará por vivir. Miserable por definición y no sólo con el dinero, y es que por mucho que cuentes, al final, las cuentas no cuadrarán, porque si aun no lo entiendes, en la vida todo se paga, y tu factura ya es grande. Así que ahorra, porque estás atesorando una gran deuda. El daño y la venganza suelen ir de la mano, y cuanto mayor es uno, más grande es la otra. Sabes ya porque no tienes amigos? Porque a la gente, no le gustan los Hediondos…
PD: A P.P, por su inestimable ayuda. Tu eres el primero de muchos…

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Un lugar

Viento impulsando, elevando, haciendo volar. Viento que cambia de dirección y hace rolar la vida hacía nuevos horizontes, en busca de nuevos desafíos, de nuevas metas. Pero ocurra lo que ocurra , pase lo que pase, vosotros siempre estáis ahí. Ha sido un año raro, en lo pellejísticamente hablando y en la vida en sí. Jueves de faltas, de poco juego; el dilema de donde seguir poniendo a salvo esta tradición “para que el olvido no se haga con la historia”. La incertidumbre de no saber hasta el último momento a donde ir en un viaje que se nos antojaba imposible, y que al final se hizo realidad, aquí está la prueba, demostrando a los más escépticos, que este presidente, era de fiar. Y todo a pesar de las excursiones fallidas, de las pocas pistas, de los silencios que nos hacían temer lo peor. Pero César es así, como cada uno de nosotros somos como somos, y otro año más, y no me canso de repetirlo, es lo que nos hace grandes, lo que nos une después de años y años. Unión a pesar de nuestras discrepancias, y sobre todo, RESPETO, a nuestras decisiones y más aún, a nuestras diferencias. Sopla el viento, aire de cambios para descubrir quien está ahí y quien no, que amigos lucharan a tu lado en “batallas que jamás perderemos”, y demostrar que la familia no es sólo un lazo de sangre. Ha sido un año raro, la búsqueda incansable de nuestro sitio, pero con vosotros al lado, lo demás, es sólo un lugar…
PD: Y ahora toca otro cambio. Nuevo presidente…

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San José

Cambia el agua de color iluminando la noche, oscura, tranquila, inerte. Nos salió caro buscar este oasis en mitad del desierto, pero nos ha dado la vida. Llegamos cuando más apretaba Almería y su calor, y sembramos un camino entre invernaderos de ilusión e impaciencia. Nos hacía falta a todos este viaje dejando atrás por unos días, problemas, accidentes, buscando la ansiada desconexión. Son todos nuestros viajes tan parecidos y distintos a la vez. Tanto en común y mucho por descubrir en cada uno de ellos, recorriendo un país a golpe de cartas. Nos ha dado tiempo a todo. Comer, beber, jugar a ese bendito juego que consigue juntarnos; hablar, reír, y desahogarnos. Contarnos nuestras tormentas para que arrecien menos si las compartimos, y también los triunfos, de nuestras familias, de la gente que queremos y de la que nos acordamos a pesar de la distancia. Ha sido el agua nuestro mejor aliado, y aunque el mar descansa tranquilo esta noche, durmiendo a las olas que lo mecen durante el día, aquí en nuestro oasis, el agua cambia de color, llamándonos a gritos para darnos el ultimo baño antes de irnos a dormir…

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Secretos

No debería contarlo, pero esta noche haré una excepción. Sólo os pediré que guardéis el secreto… Dormitaba el Ángel en su cama, preso de su prisa, rehén de su condición. Plegó sus alas y sus párpados, y recogió sus oraciones, dejando el perdón para otro día. Hoy tocaba descansar, dejar a un lado la justicia y dedicarse a la nada, que también lo merecía. Ya habría tiempo para la salvación y otras banalidades, que la carne se alimenta de carne, y el hambre conduce a la locura. Pendía de un hilo su espada, y aquel 24 de Junio, también la blancura que lo vestía. Suele ser la necesidad, excusa ineludible y perfecta para cometer pecados, y se dispuso a ello. Aprovechó que los mortales se entretenían en saltar hogueras, esquivando el fuego para no arder con él. Se escondió entre los millones de deseos que aquella noche inundaron los cielos sin saber qué la mayoría de ellos mantendrían su nombre eternamente, y se atrincheró tras la fiesta nocturna y la tradición anual de la noche más corta. Y ocurrió. Nadie se dio cuenta. Fue rápido, sigiloso, astuto. No hubo víctimas de renombre, ni daños que cuantificar, ni siquiera colaterales. Lo sé, os estáis preguntando que hizo. Pero ese es otro secreto que os contaré en la siguiente ocasión…

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