Un mundo nuevo

Llegó la primavera. El cielo gris, plomizo lo envuelve todo y la lluvia se reparte por algunas zonas, intentando mojar a una gente que no encuentra, porque no pueden, ni deben, salir de sus casas. El silencio reina, majestuoso, por todas las calles de las ciudades, fantasmagóricas en algunos momentos, tristes la mayoría del tiempo. El virus invisible, titánico, intenta acabar con las esperanzas de una humanidad, que se sentía segura con su forma de vida, acostumbrada a una forma de vivir, en la que no se planteaba si era la más correcta o no. La globalización es sólo un palabra, porque la realidad es que nadie miraba por nadie. Egoístas consumados, construyendo un mundo sobre las bases de la desigualdad y la destrucción cada vez acelerada, de la Tierra que habitamos. Había señales de alarma, y no quisimos hacer caso. Las relaciones interpersonales han ido perdiendo valor, centrando todas nuestras energías en el trabajo y obligaciones. Los abrazos, las caricias y los besos, estaban infravalorados, y relegamos a la gente que nos importa, al último lugar. Todo es más importante que las personas. Cualquier cosa es más importante que la vida, sin darnos cuenta, que precisamente, es la vida, lo que debemos cuidar si queremos ser felices. El encierro nos está obligando a no besar, a no abrazar, a no acariciar, gestos que nos mantenían vivos sin saberlo. La contaminación ha caído y las ciudades están mucho más limpias. Se ha encargado la naturaleza de hacer un pequeño reset, que nosotros no hemos sido capaces de hacer, y tras él, nos espera un nuevo mundo, en todos los sentidos. Seremos capaces de aprender…?

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Tu guarida

Ahora te pido que te alejes, que hagas como hacen todos, refúgiate y espera. Imploro tu compromiso, que aceptes tu parte de responsabilidad y aguardes. Mantente firme en tu trinchera, haciendo guardia, día tras día, para que la enfermedad no traspase nuestras líneas. Viene de muy lejos y no da tregua. Se alimenta de todos y cada uno de nosotros, por eso debemos cerrarle la puerta. Desgastarla, hasta que muera de hambre. Aburrirla, hasta que no encuentre huésped donde habitar, sin opciones, sin piedad. Porque así se ganan las grandes batallas, con esfuerzo y sacrificio. Por eso ahora te pido, que si de verdad me quieres y quieres cuidar de mí, cuida sobre todo de ti. Porque estamos en ese momento en el que debemos olvidar, el tú y el yo, y abrigar al nosotros. Porque esto va de todos y para todos. Por eso te pido, que si de verdad te importo, haz acopio de paciencia, llévate durante un tiempo mi recuerdo y mi amor, y no salgas de tu guarida.

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14

Te recuerdo, pequeño, indefenso, amarrado a una vida, que ya nada más nacer, te lo quiso poner difícil. Pero a base de esfuerzo, sobre todo por tu parte, y de amor, todo el que la mami y yo te pudimos dar, sobreviviste y creciste. Tus hoyuelos en la cara, son el reflejo de la felicidad. Has sonreído desde siempre y te has conformado con lo que podíamos darte. Tal vez no ha sido todo lo que esperabas, pero hemos intentado que fuera lo mejor. Soñaba los fines de semana con Max Steel, con Código Lyoko, con Slagterra, y muchos más personajes de ficción, que hacían de nuestra realidad algo especial. Siempre pegado a mí, abrazado, y viendo como has pasado de perderte entre mis brazos, a no poder abarcarte en un abrazo. Has crecido y sobre todo madurado, aprendiendo desde muy pequeño, lo que está bien y lo que está mal, y procurando hacer siempre lo correcto. Se que has apretado los dientes y tragado con cosas que no te han gustado, y eso, te hace fuerte, mejor. Y me gusta. Me gusta la persona que se está forjando, el adolescente que aún sueña y juega con su Play, pero responsable. Has alcanzado los 14, acumulando vida, sumando experiencias, y la niñez se ha ido diluyendo. Este 23, alumbra un adolescente feliz, un hijo maravilloso, y una gran persona. Así que llegado a este punto, no se si felicitarte por tu cumpleaños o felicitarme yo, por el hijo que tengo.
PD: El buen camino, siempre tiene recompensa, y sigue así de feliz. Procuraré estar siempre a tu lado para ayudarte a lograrlo

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Manual de construcción

Todo termina con una demolición, o empieza, nunca se sabe. Construir una personalidad, fabricar quiénes seremos, no es un trabajo de un día, es una obra infinita, sino quieres dejar de crecer. Todo cuenta. Lo bueno y malo. El dolor y la alegría. Las ilusiones, cumplidas o no. El deseo, el miedo, el valor. Vas construyendo paredes, decorando y pintando, aumentando por años tu casa. Y lo que en un principio te valía, será desechado pasado un tiempo. Cambiarás, te transformarás, echando abajo todo lo edificado, y volverás a empezar. Sólo los cimientos sobrevivirán. La ética y los valores, mantendrán viva una edificación, que cambiará de forma, pero no de fondo. Planos y planes nos mantendrán vivos y cuerdos, y en ellos, encontraremos las razones, respuestas que aparecerán a la par, que más preguntas. Y volveremos a derribarlo todo. Somos el resultado de nuestros propios escombros, edificaciones que se alzan sobre nuestros fracasos. Prueba y error, el constante crecimiento personal para alcanzar la felicidad. También está la opción de conformarte llegado cierto punto, y ahí estancarte. Una opción tan válida como otra cualquiera, pero bastante más aburrida. Así que, si decides arriesgarte, ensuciarte, y ponerte a construir, no olvides el manual…

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Estados

Hemos olvidado cómo hacer las cosas en silencio. Mantener el anonimato es cómo no existir y no existir, duele. Que no te tengan en cuenta, hunde cada vez más en el olvido. Parece que si no publicas lo que haces a diario, es como sino lo hubieras hecho, y cuanta más gente lo sepa, más importancia tiene. Y es que la carnaza para cotillas, se ha puesto de moda. Información para quién quiere saber y satisfacción para el que la da. Las dos caras de la moneda, aunque suelen ser la misma gente, una y otra. Sabemos más de los demás que de nosotros mismos y hacemos más cosas por publicarlas, que por disfrutarlas de verdad. Si sales a correr, si vas de cervezas, si inflas la hucha, si estuviste en aquel famoso restaurante o si vienes de un concierto. Compartimos nuestras vidas sin reparo, sin restricciones, y nos escandalizamos si alguna información es errónea. Porque cada uno saca sus conclusiones de lo que ve, y lo que tú colgaste con una intención, ni por asomo se parece al resultado final. Mostramos a nuestros hijos sin reparo en el escaparate de cualquiera, nuestros viajes y nuestros sentimientos. Intentamos dar la clave de cómo nos sentimos y nadie nos entiende. Buscamos las respuestas en la opinión de los demás, aún sin saber que pensaran, aunque un solo mensaje de conformidad nos basta. Damos el control de nuestras vidas a otros, porque nosotros no le encontramos el sentido. En fin, somos cotillas por naturaleza, y estúpidos. Y ahora toca dormir, no sin antes echar un vistazo a los estados…

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«Sigo aquí»

Respiro, y aún mejor, vivo. Aquella pequeña vibración, aquel temblor inaudible fue cogiendo fuerza, creciendo bajo mis pies e hizo estallar sobre mí, el Universo y sus entrañas. Una reacción en cadena que voló mi mundo, destrozó mi alrededor tal y como lo conocía, y me obligó a empezar de nuevo. Una decisión tras otra, los pasos hacía el abismo no cesaban, sin frenos y sin paracaídas. El miedo como compañero y la desesperanza como aliada. Compañías poco recomendables para un viaje a los infiernos. Y el último empujón, el del desamor, el tercero en discordia y el que clavó la puñalada más certera. No quedó nada de mí, nada. Ni luces, ni sombras, ni ganas, ni siquiera recuerdos. Un alma en caída libre hacía su propia destrucción. Días martilleando una cabeza que ya no quería pensar dentro de un cuerpo al que no le apetecía respirar. El anhelo ahogando una vida carente de ilusiones. Un agujero negro en mitad de la nada, que se bebió mi luz. Había tocado fondo. Aplausos de unos pocos e inquietud de muchos. Pero lo mismo que empezó, terminó. Una pequeña vibración, un leve temblor, que devolvió lo robado: la luz y la vida. El Yin y el Yang manteniendo el pulso constante, para que el equilibrio no se pierda. Y de nuevo, el Ave Fénix sobrevolando vuestras cabezas, cenizas transformadas en vida.
Y a los que aplaudieron, “Sigo aquí, lo ves, lo veis…?”

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A traición

Da igual dónde vaya porque siempre están ahí. En los cajones apostados, en las estanterías recostados, en las paredes levitando. Aparecen sin avisar, así, de repente, y te encabritan. Tus cosas, aquí y allá, esperando el momento de aparecer, como por arte de magia, sacando tu recuerdo de las chistera, y atados por lazos invisibles, todos los sentimientos que acarrea. Y no son pocos, porque tampoco son pocas las cosas que han ido buscando acomodo aquí. Ropa, zapatos, cremas y colonia, y todos esos potingues con las que las mujeres soléis disfrazar vuestra cara. Puede sonar raro, pero aunque la distancia sea grande, tus pertenencias esparcidas por la casa, me unen más a ti. Y es que la ausencia y la soledad, no se mide en kilómetros. A veces bastan unos centímetros para describir un abismo. Y aunque mi olor no llegue esta noche hasta ti, te aseguro que me tienes muy cerca. Así que, últimamente, me asusta abrir cajones, destapar el armario o rebuscar en el zapatero, porque siempre apareces tú, y ya está bien, joder, que me pillas a traición…

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Algún día confesaré, que hago cuando no puedo dormir…

La cama, única testigo de mi insomnio esta noche. Porfiaba con la oscuridad para que me dejara cerrar los ojos. Le pedía por favor, que me concediera la rendición que tanto necesitaba y que mis ojos pedían a gritos. Los parpados no caían, ni siquiera en el engaño del rebaño que traje esta noche. No fueron suficientes las ovejas para ganar esta batalla. Mi mente divagaba. Desde el principio hasta el final, desde el amanecer al ocaso. El día pasado inscrito en el bucle infinito de mi mente. Los mismos hechos, una y otra vez, pasando por mi cabeza en un vano intento de ser cambiados. Una ruleta perdedora que me aturulla y me quita el sueño. Porfío con mis pensamientos, que para cabezones ellos, cabezón yo. No os vais? Tampoco dejo que os durmáis. Y así, una y otra vez. Media vuelta y las sábanas que también quieren juego. Se enredan y me amordazan, deteniendo mi intento de huida, hacía el otro lado de la cama, que ha ido embebiendo a medida que pasaban las horas. No encuentro la postura, ni mi sitio, ni mis sueños, ni dormido, ni despierto. Así que tendré que recurrir al gran truco final, inconfesable y salvador. Pero eso ya os lo explicaré otro día, que no puedo hacer dos cosas a la vez…

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Más allá

Seguimos aquí, anclados que no varados, con las bodegas llenas, cargados de nuevo de ilusión. Impacientes por el dónde y el por cuando, pero seguros de que en breve, volveremos a zarpar. Esto ha sido un paso más hacia las respuestas que nos acercan a la solución del problema. Otro zurcido en la manta de nuestra vida, que vamos decorando con nuestras victorias y derrotas, las que conforman quiénes somos, y las que nos aclaran, de quién queremos huir. Un incesante caminar que nos va dando una visión aún más amplia de nuestro paso por el mundo, cruzándonos en las vidas de otros con los que crearemos lazos, nudos que nos ataran, o no, quien sabe. Pero todo, absolutamente todo, tiene un porque, una explicación, que solo entenderemos cuando nos alejemos. Será la distancia entonces, el contexto que necesitábamos para ver con claridad, y comprenderemos entonces, que es una obligación, ir más allá…
PD: Gracias por no dejarme en tierra. Toca encontrar el fin del mundo juntos…

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Plenilunio

Has de saber que este tampoco es un relato alegre. No vas a encontrar sonrisas, ni esperanzas, ni tan siquiera luz. No hallarás faros que te salven del naufragio, ni manos que agarran en el último momento. En él sólo hay preguntas sin respuestas, dudas que hieren, angustias acumuladas día tras día, escombros y cenizas. Ni siquiera hay huidas, tan solo quietud, rendición, la espera del golpe de gracia. No hay sentido, ni razones, sólo dejarse llevar, que pase el tiempo y que duela, eso sobre todo. Que escueza la piel, que sufra la cabeza, que llore el Alma. Perdí la invitación para esta vida y tampoco me apetece colarme en la fiesta. Y aún así, se que debo mantenerme cuerdo, vivo. Mi hijo no me perdonaría haberle mentido cuando le decía que hay que luchar en la vida y que es maravillosa. Con el tiempo me echaría en cara que no cumplí con lo que le trasmití. Y no soportaría verlo sufrir a él también. No hay ganas pero es obligación buscar un plenilunio que alumbre esta oscuridad…

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