Bocas

No son sólo un “si» o un “no”, eso lo hace cualquiera. Son la culminación de la belleza en el rostro, que dota de expresividad cualquier gesto, que sin ellas, agonizaría de sentimientos. Son lanzarte a la tristeza más profunda cuando amenazan llanto, ese que no podrás atajar ni con tu mejor sonrisa. Dolor adherido a unos labios y sus comisuras, que sólo saben descender, en una caída imparable que arrastra consigo al alma y al corazón. Penas que tintan de gris hasta la cara más bonita.
Son besos, sellando el cariño, o el amor, o ambas cosas, que no hay nada más bonito que un beso y todo lo que trae consigo, el apretón interminable, el roce de las manos y el consiguiente erizado de la piel, de la tuya y de la mía; el encuentro furtivo de las lenguas si te atreves a abrir la boca y el deseo de que ya no se separen jamás. Besos, de todas las formas, de todos los colores, como sello imborrable de tu paso por mi vida.
Son enfados, atrayendo el ceño consigo para que quede constancia de lo poco que me gusta lo que ocurre. Una mueca que no lleva a engaño y si te atreves a replicar, puede que suelte algún improperio, porque para eso también están las bocas, para hablar, decir lo que no les gusta y lo que si, que es casi mejor. Volcanes de palabras y nido de entendimiento, porque de ellas brota la comunicación. Toda una hazaña teniendo en cuenta, lo poco que le gusta a la gente escuchar a los demás.
Y son sonrisas, o así debería ser. Más que nada y sobre todo, el arco hacia arriba, atrayendo felicidad y compartiéndola con los demás. Imán de arrugas y de cosas buenas, y si no lo son, transfórmalas, hazlas reír a pesar de lo malo, atráelas hacia tu boca y cuando estén cerca, susúrrales que todo va a ir bien. Llénalas de esperanzas y dales una razón para creer. Y cuando te quieras dar cuenta, sonreían, como lo hace tu boca…

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La constante

Y ahora que parecía que todo estaba en su sitio, aparecen nuevas incógnitas. Como en una novela de media tarde, de esas interminables, en las que unos actores se van y otros regresan. Diálogos manidos de unos asomando entre los tediosos silencios de otros, con giros inesperados que te dejan en jaque, intentando averiguar por donde irá la historia y tratando de no perder el hilo. Pero engancha y gusta esa sensación de inseguridad, de no saber porqué, ni cuando. La sorpresa diaria, intentando atar cabos para amarrar respuestas, porque las hay, porque todo forma parte de un plan, aunque ahora mismo no seamos capaces de verlo. Entenderlo ya es otra cosa, pero todo encajará y obtendremos el sentido necesario para todas nuestras preguntas. Mientras tanto, barajo mis posibilidades e intento quedarme con la mejor de las opciones, para tratar de asegurar mi felicidad, a la que me agarro con fuerza para no caer de nuevo en “la oscuridad». Por eso te elijo a ti, por eso te quiero en mi vida. Quiero que me hagas partícipe de tus logros, alegrarme contigo y más aún, apoyarte cuando lo necesites. Sin agobios, porque no quiero invadir tu espacio pero tampoco que te sientas sólo. Estoy ahí, silencioso, atento, para cuando quieras compartir algo. Aparecemos y desaparecemos sin previo aviso, como las respuestas que buscamos. Sólo hay que saber mirar para poder verlas. Esa es la constante, y tal vez vital de nuestras vidas…

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Definiciones

Aguanta un poco. Verás como apareces tras alguna palabra del relato…
Desasosiego, cuando ves que el barco ya no avanza. Cuando todo se estanca, hasta los sentimientos, y huele a descomposición. Abandonar, rendirse o continuar, ninguna opción te convence y todas asustan. Y en medio tú, tu vida, tu presente y tu futuro. La felicidad desapareció del horizonte y luchas por volverla a ver, aunque sea de lejos. Y de esperanzas, ya ni hablamos…
Recuerdos, malditos bastardos, hijos de lo vivido y de lo que quisieras que hubiera ocurrido. Anhelo de tiempos mejores diluyéndose en el presente, que devora todo cuanto toca convirtiendo el pasado en algo muy lejano. Pero la alquimia de los sentimientos consigue hacerte volver a ese momento y la imaginación hace que te preguntes, que hubiera ocurrido si…?? Preguntas que jamás tendrán respuesta…
Retornos, a lugares, a tu vida. Viejos fantasmas que para nada asustan, que despiertan sonrisas cuando pensaban que encontrarían rencor. Vuelta al origen, sin quererlo, como siempre ocurre con las cosas que no buscamos. Así de caprichoso es el destino, por eso no deja de sorprendernos. Entre miedo y desconfianza, con ilusión y fuerza, iniciando una nueva etapa, regresa la esperanza de una nueva vida. Pero hay que ponerle valor y ganas, no lo olvides…
Conversaciones, de todo tipo, con distintas personas. Ideas variadas, como las tapas, pero que alimentan más. Sacian la sed, despiertan carcajadas, pintan sonrisas o arrancan lágrimas. Todo es posible hablando, incluso reconfortar, “porque una palabra tuya, bastará para sanarme”. Charlas a la luz de la madrugada, con palabras escritas, con charlas telefónicas o en el cara a cara de una terraza. Da igual el como mientras nos digamos las cosas a la cara.
Sexo. Esto lo dejamos para otro día… u otra noche. Ya decidiremos
Y ahora, que levante la mano quien se haya sentido identificado…

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De doce a doce y cuarto

Aún no ha amanecido y vuelve a gritar. Un día tras otro, sin descanso, sin importarle mi cansancio acumulado ni las pocas horas de sueño que he tenido. Egoísta como él sólo se empeña despertarme, arrancándome del descanso que todas las mañanas se me antoja escaso. Es el trabajo que le impuesto y obedece, aunque hay días que estamparía el despertador contra la pared para acallar su maldito pitido. Y así vuelvo a la rutina cada mañana, a contraluz, saliendo de las sombras que proyecta la Luna para abrazar la claridad que me brinda el Sol. Cuesta, abrir los ojos, dejar entrar la vida tras el letargo nocturno que me ha hecho desconectar de la realidad y llevarme a través de los sueños que cada noche inventa mi mente, y que luego, soy incapaz de recordar. Tengo claro que he estado en millones de sitios y que he vivido más de una aventura, pero nunca se ni dónde ni con quien. Mi cuerpo pesa, me puede el cansancio y hago promesas que luego no cumpliré. Me engaño diciendo que al caer la noche me acostaré antes, y haré todo lo que las noches anteriores no hice, que en realidad es sólo una cosa, dormir más horas. Así comienza mi día, entre mentiras, y así pasan las horas, convenciéndome de que estas noche si, está noche, me voy a dormir de doce a doce y cuarto…
A todos los que no sabemos dormirnos pronto, por mucho que nos pese…

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Sueños de sofá

No era la primera vez, tampoco será la última que tenga que huir al sofá para protegerme del fuego cruzado entre tu y yo. Días en blanco, de soledades impuestas por ti. Poco a poco has ido transformado en hielo todo lo que tocas, borraste la palabra “ilusión» de tu diccionario y pretendes arrastrar la mía también hacía la oscuridad de la rutina. Días sin sexo y sexo sin pasión, no se que es peor, cumpliendo a regañadientes por tapar mi boca y dejar de oírme pedir algún halago que vuelva hacerme sentir tan deseado como querido, dándome la ración necesaria que sacie mi sed de cariño y roces. Y hasta la próxima… Las salidas se han transformado en paseos, a solas con mis pensamientos, porque son los únicos que me acompañan. A ti esto de andar te cansa tanto como la vida que tenemos. Así que te limitas a sentarte, a no hacer nada, a dejar que los días mueran, lentos, dolorosos, como nosotros. Entreguerras que minan nuestro corazón sin saber que decir y donde pisar, para que no nos estalle en las manos. Me alejo de ti, otra noche más de discusiones, para ni siquiera, tener que olerte. Los olores siempre traen algún recuerdo, y no quiero que alguno de ellos, me juegue una mala pasada. Y es aquí, en el sofá, donde soy consciente de todo. Porque la distancia que hay entre tu y yo, no es sólo de unas habitaciones. El vacío se ha instalado, huele a desierto y aprieta la sed. Aquí lucho por sobrevivir y sueño con otra vida, con felicidad infinita, con mares de esperanza y por un momento pienso en poder reunir el valor suficiente para tomar decisiones y acabar con esta guerra silenciosa que está acabando por destruir nuestro mundo. La amenaza fantasma de nuestra cobardía nos llevado hasta aquí. Así que tumbado en mi sofá me pregunto, a quien podré consultar que hacer, si no tengo almohada…

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…y tres

Uno. El comienzo de todo, el primer paso, la salida. Tras él, la nada más redonda, todo lo negativo que puedas imaginar y que aún más, deseas olvidar. Aquello que dolió y que hoy te hace un poco más desconfiado, o cuidadoso, como lo quieras ver aunque ambas cosas te restan libertad para ser completamente feliz. Uno, impar, caminando sólo, buscando sumar para ser más, atisbo de esperanza de lo que ha de venir, que como mínimo, será el doble.
Dos. La continuación, el siguiente paso tras el primero, el segundo que no te puedes perder. El estrecho margen, par, por supuesto, que hay entre el principio y el final, la trama. Los besos en la frente, ahí, justo en medio, entre ceja y ceja. La inminente llegada del siguiente paso, el que nos ha de llevar al final. La pareja perfecta, el sonido constante en “D» mayor. El penúltimo, la casi acabada cuenta atrás.
…y tres. El final. El salto al vacío, la sorpresa esperada, repetida, reiterada. Alegría desbocada, sonrisas infinitas. El abandono de la paridad y la transformación en cada vez más. Resultado de la unión de los anteriores, que decidieron sumarse para dejar de ser uno o dos. La meta, la puerta que te lleva a todas tus ilusiones. Las promesas cumplidas y la ilusión de las que volverán a venir. Las caricias, las esperanzas, el beso inesperado.
Las cosas más bonitas ocurren tras el tres. Uno, dos y …
A mí sobrino Javi. Para que no olvide nunca contar hasta tres

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La maceta

Ellos, venidos de otras tierras, más pobres, más oscuras, más esclavas, menos esperanzadoras. Huyeron, no buscando el paraíso, si no tan sólo, un lugar donde sobrevivir y poniendo en peligro lo único que les pertenecía, su vida, llegaron aquí. No eran lo que soñaban pero les bastaba para comer. Una asociación se ocupa de los niños, de los más vulnerables, de aquellos que aún sueñan con ser felices, de los que a pesar de estar lejos de su país, luchan por mejorar en este. Llevan días en la calle, poniendo precio a algo que no debería tenerlo, la solidaridad, a la ayuda para poder cuidarlos, cambiando macetas por euros.
Ella, nació aquí y aquí sigue. En el negocio de su padre, aquel que empezó como algo pequeño y que hoy da trabajo a tanta gente. No descansa, juntando las mañanas con las tardes al borde de las noches. Dicen que tuvo un amor, que le arrancó la sonrisa. Dicen que luchó contra la muerte y salió vencedora, y que a partir de ahí, vio la vida de otra manera. Volvió entonces su sonrisa, esa con la que te atiende, la que no borra de su cara. La que acompaña al cariño con que te trata, la tranquilidad que desprende, la paz con la que te deslumbra.
Ella y ellos se unieron, se ayudaron sin saberlo, porque aquella maceta que compraron, fue, alimento para ellos y reconocimiento para ella…

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Amores de vida

Buscamos hasta dejado de la almohada pero no lo encontramos. Aquel amor que nos teníamos huyó, cansado de la rutina y de no ver claro el futuro. En realidad tenía pánico del futuro que veía y en vez de hablar, se puso su traje de cobardía y se largó. Quedó el lado vacío en la cama cuando me fui, el izquierdo, el mismo donde ahora duermo solo, y te dejé huérfana de amor, de promesas, de futuro juntos, de planes inconclusos. Te aboqué a la tormenta, al desierto de la soledad, y ese hueco que queda entre la esperanza y el nunca más, al infierno de la ruptura. No quiero saber cuantas lágrimas derramaste, muchas más que las mías, y te aseguro que fueron bastantes, porque puedo soportar mi dolor pero no el tuyo. Sobreviviste, sacaste adelante tu vida y la de él, y por encima de todo, perdonaste. Nunca os he dejado solos, a pesar de mis idas y venidas. Y hoy por fin, vuelves a sonreír. Te vistes de ilusión para salir a la calle y te has mudado muy cerca de mi. Ya nada será como antes, pero lo que ahora tenemos, no quiero perderlo jamás. He comprendido que aquellos “que si tú, que si yo» eran todo “nosotros», una batalla entre mis silencios y tu acomodamiento. Hicímos saltar todo por los aires y con los años hemos construido algo nuevo. Ambos sabemos que no volveremos a estar juntos pero siempre serás mi gran amor. Tu perdón me ha dado la vida. Espero que mis palabras, te devuelvan aún mas la sonrisa.
PD: A Encarni, mi ex, mi amiga, la madre de nuestro hijo

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Sin grumos

Pili y Elo. Fue en el instituto, en aquellos desayunos que alargábamos a costa de las clases, cuando aún creíamos que nos comeríamos el mundo. Venía de repetir, tercero de BUP, que por entonces ESO aún no se llevaba, ni tampoco seguir las normas a rajatabla. No éramos malos, traviesos si acaso y muy buenos amigos. Por aquellos entonces odiaba a Héroes tanto como Elo los amaba, o eso decía yo, porque en fondo y en la intimidad los escuchaba. La edad y sus mentiras para caer mejor y que no te dejasen de lado. Y la falta de personalidad para hacer lo que realmente quieres hacer. Pili era más pija. Rubia de pelo largo, encajaba muy bien con Elo, de pelo negro (o eso quiero recordar) y look a lo Bunbury. Siempre juntas, sin importarles lo que pensara las gente. Y el pardillo con ellas (yo). Conversaciones en la barra de aquellos desayunos en La Frontera , cuando aún no tomaba café. Tal vez era demasiado joven para beberlo y para tantas otras cosas. Así que Cola Cao y media, tampoco había presupuesto para más, y hablábamos, del presente, de sus amores, que los míos eran más aburridos. No se si del futuro, aquello pasó hace ya tanto, pero lo que sí recuerdo perfectamente, es que fueron ellas las que me enseñaron a preparar ese Cola Cao frio sin grumos…

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Palabra de honor

No me pidas que prometa. No quieras obligarme a llevarme por un camino que tal vez choque frontalmente con mis principios, que me haga tener que decidir entre varias opciones de las que no me gusta ninguna y acabe por romper mi promesa, o algo aún peor, hacer algo que dije que jamás haría. Si hago algo es porque quiero, porque se ajusta a mi código, porque entra en mis posibilidades. Cuando te doy mi palabra puedes confiar en mi, puedes estar tranquilo de que haré todo lo que esté en mi mano para hacerlo y lucharé con todas mis fuerzas para cumplir con lo que te dije. Es cuestión de honor, de darle valor a mi palabra, de demostrar y demostrarme, que soy de confianza. Así que no me pidas que prometa. Las promesas se quiebran con facilidad, los juramentos se olvidan pronto. Mírame a los ojos si buscas seguridad, susúrrame al oído los secretos que necesites guardar, agarra mi mano ni necesitas cruzar el precipicio. Te doy mi palabra, de que te protegeré, de que guardaré bajo llave esos secretos y de que no te soltaré cuando cruces…

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