Hoy el frío duele.
Se desató lo impensable y todos las peores posibles, ocurrieron. La noche se ilumina al son de los misiles que destruyen cuanto tocan. La vida huye de todos los que quieren abandonar la ciudad que hasta ayer, era su hogar. En realidad sigue siendo su hogar, pero el miedo a morir los empuja a dejar atrás esa vida, un tesoro que tenían y que le están arrebatando sin saber porqué. Las calles llenas de escombros, son testigos de los pocos que quedan, valientes que decidieron defender lo suyo y no abandonar a pesar de todo. Escaramuzas en las esquinas en pos de la defensa de su patria, mientras un ejército sin piedad, avanza irremisiblemente. Refugios improvisados cuando rugen las alarmas avisando del próximo ataque, que cada vez es más seguido, cada vez más inhumano. Cristales hechos añicos, edificios desnudos, parques desiertos. La vida huye de tanto espanto, y en el centro de todo, la caravanas de refugiados, cabalgando entre la desesperación por mantenerse vivos y la esperanza de que todo acabe pronto para poder regresar. Los trenes van y vienen, cargados de lágrimas, del dolor de personas como tú y como yo, que hasta hace una semana, tenían una vida como la tuya y como la mía. Imperfecta, dura, pero maravillosa. Hoy no tienen nada, y viajan a la frontera de países vecinos, para poder dormir tranquilos, sólo eso, dormir tranquilos una noche. Mañana ya verán que hacer.
Hoy el frío hiere. Más aun, a la intemperie. Más todavía, lejos de casa. Peor, porque nieva. Pero ni la nieve puede borrar las huellas de la huida, ni helar unos corazones que crecieron entre el frío. Ni la nieve consigue detener los ataques, ni las muertes, ni la irracionalidad de lo que está ocurriendo.
Nieva en Kiev, mientras la ciudad se desangra. Nieva en Kiev mientras la ciudad se vacía. Nieva en Kiev, cubriéndola con un fino manto blanco, convirtiéndola en un fantasma…