Rosario

Pólvora impulsora, elevando unas cañas preñadas de colores y de estruendo, que al llegar a lo más alto, desatan un mar de luz que ilumina el cielo y su oscuridad. La acompañan en su paseo anual por las calles de un pueblo que no olvida a sus Santos. Devoción por la Patrona, que camina a hombros de unos seguidores que olvidaron ya hace mucho el peso que llevan sobre sus hombros. La banda marca el paso, entre el silencio y las lágrimas de todos aquellos que adoran a su Virgen. No deja el cielo de tronar ni los corazones de latir, entre vítores y aplausos, y así, otro año más, sacamos a la patrona para que vea cuanto cambia el mundo de un año para otro y que poco, las tradiciones…

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