Al Norte

Partimos sin Sol. Esperamos a que el día se disipara para salir, y así, viajar de noche, para que el sueño se hiciera cargo de los niños y que el trayecto quedará sólo en un sueño para ellos. De abajo hacia arriba, en un constante abandono de kilómetros tras de nosotros, que se hacían infinitos a medida que nos conducían a nuestro destino. Porque fueron ellos los que nos trajeron hasta aquí aunque por momentos pesaron tanto como el sueño que intentamos despistar, y que al final, viajó con nosotros. Llegamos a Galicia tras una Estrella, que aún hoy no nos ha abandonado, y de su mano estamos descubriendo asentamientos Celtas entre las brumas de sus recuerdos, coronando una montaña, que se oculta entre nubes, para que los visitantes de hoy, no borren las huellas del ayer. Divisamos desde el pueblo que fueron, el país vecino, compartiendo río, que hace las veces de frontera, impidiendo mezclar tierras tan parecidas. Bajamos a pie de mar, para probar todo cuanto pudimos, teniendo como fiel guarda, al Atlántico, en el que se bañaron los más valientes, en una cala tan bonita, como el paisaje que la enmarcaba.
Hoy tocaba Santiago, de Compostela, claro, donde primero comimos y luego andamos. Mariscada y vino, entraron primero, arroz, carne y pescado, vinieron después, para calmar un hambre que va camino de convertirse en gula, y que quisimos contrarrestar con una caminata por la Catedral de Santiago y su plaza, fin de trayecto para todos los caminantes que se atreven a recorrer el camino más famoso.
Descansamos otra noche más aquí arriba, al Norte, planeando que ver y que descubrir de esta tierra en los próximos días, y tratando de guardar todo el verde que nos rodea y todas las maravillas que vemos, sabiendo que éste, está siendo, un viaje, espectacular…

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