Bocas y peces

Caballeros andantes recorriendo el mundo para defender lo de los demás cuando tan sólo conocen una parte de la historia. No se molestan en preguntar, ni saber y mucho menos conocer los porques. Es mucho más fácil juzgar tan solo con una sola visión, así no hay que pensar. Y ese es el problema de mucha gente, que no piensa, y si lo hacen, es sólo en lo suyo. Egoístas creo que se llaman. Tal vez, y sólo tal vez, si se pusieran en la situación de la persona, intentaran comprender las razones que llevaron a una determinada decisión, no se pondrían la armadura ni cogerían la espada para atacar. Quizás, y lo mismo me equivoco, pero si abrieran un poco los ojos, podrían defender los suyo, (como hacemos todos) pero sin atacar a los demás. Todos hemos perdido. La tristeza no se ha quedado sólo en un lado, pero soy lo bastante fuerte para superarla, aunque haya muchos que no lo comprendan. Me dejé el pellejo, pero no estaba dispuesto a perder mi alma, porque sin ella no soy nada. Sí, tal vez todo esto no sean más que palabritas, pero son las que me mantienen vivo cada día…

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Amaneció

Ya no me asusta el viento aullando tras las ventanas, aquel que me erizaba la piel y me hacía esconder bajo la cama. Ya no hieren tus palabras ni siembran miedo en mi alma. Puedo decidir, equivocarme o no, con la tranquilidad de quién se siente seguro de sí mismo. Voy sintiéndome más libre, porque cada vez, tengo menos cosas que perder. Tengo cada vez más preguntas, camino abierto para nuevas experiencias y descubrimientos, la dirección correcta para seguir avanzando, conociéndome más y así poder afianzar esta felicidad que crece de nuevo conmigo. He vuelto a descubrirme, gritando al viento mi nombre, orgulloso de ser quién soy y de lo que soy, de saber que mi paso deja huella y que me recuerdan a pesar de todo. Hace tiempo que decidí ser, y casí lo olvido por segunda vez. Sólo yo fuí el culpable y sólo yo, debo poner remedio. Ahora descanso sobre la cama mientras oigo al viento susurrar mi nombre…

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Pérdidas

Zarpamos por fin. Cada uno tomó un rumbo esperando encontrar sus sueños más allá de aquel horizonte que parecía tan negro. Decidí que ya no navegaría contigo. Había sido un último viaje muy duro. El crucero que soñábamos, con noches eternas, escalas en planes en los que jamás atracaremos y la promesa de una vida tan nosotros, fué arrasado por la tormenta. Yo la ví venir y pensé que sería capaz de capearla por los dos. Me equivoqué y no me quedaron fuerzas para más. Tú, la tenías encima y en vez de luchar, te dejaste llevar. Recuerdo que te tenía agarrada bien fuerte. No hacías más que intentar soltarte mientras me pedías que no te dejara hacerlo. Una lucha constante contra nosotros mismos, en la que ninguno venció. Derrotados ambos, la tristeza de un nuevo fracaso llama a la puerta, dejándome apático y perdido. Voy comprendiendo los porques, y cuanto más lo hago, más me duele. Esta, ha sido una herida muy profunda, y ya son dos, en la que no sólo he perdido de nuevo mis sueños, sino que casi me pierdo de nuevo yo… Ahora dejo pasar los días, recuperando lentamente, casí todo lo que perdí…

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Leal

Divisiones, separaciones y escisiones. La paz a costa de la no aceptación de la mezcla. Pureza a toda costa, un peligro que nos acecha desde siempre, propiciando el exterminio de la mayoría para conseguir una perfección que se aleja a medida que más la buscamos. Actos heróicos de aquellos a los que se consideran defectuosos para defender sus vidas y las de los demás luchando por la verdadera libertad de aceptar a todos tal cual son, de respetar a cada uno con sus luces y sus sombras, y de comprender que somos lo que somos y que no podemos cambiar. No se trata sólo de modificar genes, ni crear seres más humanos, ese es un poder que escapa de nuestro control. Tan sólo de conocernos y conocer todo aquello que nos rodea, de buscar soluciones y de tener el valor de ponerlas en práctica, pero sobre todo, de ser Leales a nosotros mismos. Seamos todos parte de un todo. Seamos cuanto más mejor. Seamos, Divergentes…

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3 de Abril

Siguen pasando los años, sin esperar a nadie, haciendo un poco más viejos a todos pero haciéndo soplar velas sólo a unos cuantos. Seguro que habrá fiesta y regalos, y ojalá esté llena de ilusiones como todas las anteriores, aunque este año falten algunos, sustituidos por otros. No sé si el periódico se acordará de vosotros pero lloveran felicitaciones por doquier recordándoos, que no estáis tan sólos como pensais aunque no están todos los que deseais. Ausencias forzadas que no deben empañar la fiesta que seguro han preparado. No debería, ni recordar ni escribir, pero es algo que no puedo evitar. Así que aunque mis labios no lo pronuncien, se perfectamente, que hoy, es 3 de Abril…

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Plano

Anduvimos donde mismo. Los vimos subir al escenario con retraso, pisando las huellas que años atrás dejaron una Morla más Vetusta hoy. Comenzaron por el final, abriendo el concierto con sus últimas canciones. Y de ahí saltaron a sus comienzos, donde todo era más potente, pero que ellos transformaron en homogeneidad, dejándonos con las ganas de que todo saltara por los aires y nos recordara a aquello que vimos hace tan solo unos meses. Los problemas se unieron a la fiesta y aún así, sacaron adelante, cada uno de los temas que nos regalaron con más ganas que calidad. Agarrados a la barandilla bailamos en paso constante, cada una de las canciones que nos fueron regalando, no subiendo de tono casi nunca, y dando al concierto plano, con un aire más pop que indie. El juego de luces camufló el ritmo cansino que decidieron tomar, dejándonos a la espera de una explosión, que jamás llegó. Y entre lo nuevo y lo viejo, se durmió la noche, mecida por unas notas que nos parecieron mejores cantadas bajo las estrellas de Graná…

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Vuelve…

El cielo se ha vuelto a vestir de gala, brillando las estrellas que cuelgan de su vestido negro. El viento frío llegó con retraso y ahora que es Primavera, quiere teñir todo de Invierno. Tardó en llegar y se resiste a irse, aferrándose el recuerdo de lo que debió ser y no fué. Fué la madrugada del último domingo la que sumó una hora más al reloj, restando sueño a la noche, y alargando así más los días. Se han disipado los humos de las chimeneas, llevándose con ellos, el olor a leña quemada y ha conquistado el ambiente, el aroma a verde, y cuelgan nuevas yemas, adornando de nuevo los árboles sin tener que ser Navidad. Ya camina la gente otra vez, sin rumbo ni dirección, en paseos finitos, observados por un atardecer que los acompaña tiñiendo de rojo el horizonte. Vuelve la Luna a sonreir, alumbrando una noche que hace tan poco, estaba oscura…

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Algún día

Algún día, cuando todo esto pase, tal vez comprenda porque no fuí capaz de retenerme a tu lado. Como conseguimos atarnos tanto que nos afixiamos y ahora tengo que buscar aire sin sabor a ti. Tenías esa mirada que me hacía temblar el alma, a veces de Amor, a veces de miedo. Eran tus debilidades las que te acercaban a mi, alejándote cuando más fuerte te hacías. Subías y bajabas. Entrabas y salías de mi corazón, en un tira y afloja, que me enloqueció por completo, sin llegar a saber jamás, si me querías a tu lado o no. Me deshice por tí, hasta tal punto, que ni yo me conocía. Y fué entonces cuando decidí ser egoísta. No era justo, pero debía salvarme. Y no creas que el dolor ha pasado, tan sólo estoy aprendiendo a vivir con él hasta que logre olvidarlo. No hay cosa más dolorosa que pudiendo estar contigo deba elegir, alejarme de tí. Puede que algún día comprenda…

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«De que hablo cuando hablo de correr»

El pecho quiere huir de mi cuerpo. Mi corazón late bombeando toda la sangre necesaria para mantener el ritmo a la vez que expulsa todo el agobio y la quemazón que llevo por dentro. No logro comprender como el camino me llevó hasta aquí lo mismo que la gente no comprende a ese loco que pasa a su lado respirando ruidosamente, buscando con ahinco, el aire que imploran sus pulmones para seguir corriendo. Cada zancada me aleja del dolor y me acerca cada vez más a mí, al inevitable reencuentro con mi verdadero yo, aquel que huyó a los cuarteles de invierno, aletargado, esperando que la tormenta pasara. Siento por momentos mis piernas más cargadas, pero como en la vida, no me rendiré. Un poco más y luego más, sudando tristezas e inspirando alegrías, corriendo a través de la libertad de una carrera que me ha de llevar de nuevo a lo más alto, alli de donde jamás debí bajar. Sudo, jadeo y me cuesta no decaer. Zancada trás zancada, miro al horizonte, me lleno de vida y los pensamientos se agolpan en mi cabeza. Es el agobio que propina el cansancio. Kilómetro a kilómetro, me acerco al final, ese que me dará el respiro que ahora me cuesta encontrar, ese que asfísia mi mente y mis pulmones. No está mal después de tanto tiempo. No está mal para el primer día de un nuevo comienzo…

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Petardos sin macetas

Se marchita la juventud. Ya no trepamos a los balcones para cambiar macetas por ilusiones, ni huimos a la carrera de las casas donde el tesoro más preciado eran las flores ajenas. Dejamos atrás años en los que el silencio era nuestro mejor aliado y unos hombros amigos, nuestras escaleras. Noches en las que la Luna era nuestro compiche en un intento por conquistar el corazón soñado. Unas manos manchadas de pólvora de liar los petardos, que un Sábado Gloria y un Domingo de Resurrección habrían de acompañar al Hijo y a la Madre, regalaban deseos a las niñas que antes o después, se transformarían en mujeres y quién sabe, si en la novia deseada. Un suelo mudo, acogiendo en su regazo, los petardazos que le propinamos, levantando cortinas de humo para que la luz no robe la belleza de un niño, que lleva toda una vida Resucitando y al que jamás, le pusimos una maceta…

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