En la sexta planta, en lo más alto del hotel, un escenario demostró una vez más que además de brillar, las estrellas, saben hacer música. En acústico, sin grandes alardes, las canciones de siempre volvieron a sonar, llevándonos por un camino que conocemos muy bien pero que siempre nos sorprende. La luna de fondo alumbraba a unos comensales que encontraron en el menú un plato que no esperaban y en el horizonte una noria nos daba la medida de cuan alto llegarán esta gente. Sin batería, a golpe de guitarra, bajo y solo un bombo, tarareamos muchos de sus temas que se nos hicieron cortos, y al acabar su regalo, fotos y charlas para inmortalizar una noche que se fué nublando conforme ellos bajaron del escenario…