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Punto de partida… y de regreso. La Estrella Polar de nuestras vidas, esa que siempre señala nuestro norte. Crecemos entre amigos, constelaciones de gente que brillan en nuestro cielo alumbrando nuestros días y haciéndose indispensables para que todos seamos quienes somos. Crecemos, cambiamos pero no olvidamos nuestras raices. Hubó quién abandonó el barco y decidió buscar nuevos horizontes, otras metas, como todos, pero, unos porque aspiraban a mucho y creían que lo que dejaba atrás no valía nada, y otros, porque en la huída fueron desangrandose de recuerdos, lo cierto es que fueron olvidando aquello con lo que crecieron. Los que quedamos, afianzamos nuestra unión, enraizándonos más a la tierra que nos vió nacer, valorando a cada uno de los miembros de este bosque que nos protege de tampestades y noches oscuras y fuimos apartando sin remedio a aquellos que se fueron, sin entender, como pudieron vivir sin el aroma de su pueblo. Hoy regresan, en un goteo incesante de vidas truncadas, anhelando todo aquello de lo que huyeron, sabedores de que las estrellas brillan más, si son parte de una constelación…

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