Llegamos a Somontín de tarde, entre el bochorno y la calor de un día de agosto. El plan trazado hace meses comenzaba su andadura solo con los miembros que conocen el verdadero significado de la amistad. Desembarcamos en un palacio de tres plantas desde dónde el horizonte parece más cercano, casi tanto como el cielo. Techos planos, edificios colgados del tajo que sirve de límite entre la naturaleza y nosotros. Abrimos puertas y ventanas para convertir el aire en corriente y poder alejar la calor de aquel viernes. Los más jóvenes salieron en busca de más juventud y nuevas amistades mientras los menos jóvenes buscamos una playa sin olas, espejo de la luna, y en su orilla cenamos, abriendo melones e iluminados por la compañía que nos damos los unos a los otros. Era la primera noche en la plaza del pueblo que nos esperaba para brindarnos los primeros Jager. El escenario vacío la presidía impaciente por verla repleta de las gentes del pueblo, que vienen cada verano a darle la vida que le falta el resto del año. Pero eso sería la siguiente noche.
Silencio y cantos de golondrinas en un amanecer fresco y con brisa, que mecía las hojas y las banderolas que adornaban la plaza recién levantada. Café para espabilar el día antes de conducir hasta Urrácal. Sonaba La Plazuela en el trayecto vertiendo sobre mí su demoniaco sonido, que yo escuchaba desde el inframundo del coche. El agua había erosionado el paisaje formando tajos, limando las montañas con su roce, moldeándolas a su antojo, y creando el refugio perfecto de la paz y la tranquilidad. Descendimos hasta sus entrañas agarrándonos a las piedras, apartando las ramas, y fotografiando los cortados que se erigían majestuosos sobre nosotros. La calor nos esperó a la entrada y y nos recibió al volver sobre nuestros pasos, así que para espantarla, nos sentamos alrededor de una mesa, y cerveza en mano, volvimos a abrir el melón, imaginamos un hastag que jamás usaremos, y descubrimos que no hay mejor forma de desenredar las cosas, que atando cabos. Volvimos a Somontín con el Karma y las ganas intactas.