Comenzamos

Ha llegado el nuevo año adherido al frío, seña inequívoca del Invierno y de su gélida personalidad. Ansiábamos con impaciencia, y con la estúpida esperanza del iluso, que con la caída del pasado año, todo desaparecería y volvería una extrañada normalidad, que sigue sin llegar. Cenamos pendientes del reloj, para tomar las uvas y no defraudar a la tradición, y poniendo de nuevo las esperanzas en el año que estaba por llegar, y para no exceder los límites de tiempo en casas ajenas. Y como Cenicientas, debíamos regresar antes de que el toque de queda, transformara nuestro carruaje en calabaza. Así que concentramos las ganas, las ilusiones, y demás anhelos estancados, en unas cuántas horas, a la espera de que se cumpla todo. Y empezamos, igual que terminamos, recortados, impacientes, y esperanzados. Pero ya tenemos horizonte, un puerto al que llegar; ya vemos un final, una meta que alcanzar; y porque de fondo, escuchamos todo el sonido del cariño que perdimos el año anterior, besos y abrazos robados, que enmudecieron, y poco a poco, vuelven a sonar, abarcando y marcando mejillas. Empezamos, a pesar del frío, a pesar de que parezca lo mismo. Pero no lo es, nunca lo ha sido, ni vamos a permitir que lo sea. Empecemos bien, para terminar mejor…

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Los amigos que (nunca) perdí








Aún retumban en el barrio nuestras voces, girando a lomos de un trompo que mirábamos con la esperanza de que nunca se detuviera; embocábamos las ilusiones en aquellos hoyos, tras el matute, claro, abiertos con nuestras propias manos, que quedarían amarillas por siempre jamás. Siempre quisimos tener el pie más pequeño, para poder ganas las canicas de los demás. Pusimos porterías a la calle, y nadie sabrá jamás, cuántas estrellas nacieron sobre el asfalto. Mirabas por aquel entonces a través de unas gafas más grandes que tu ingenuidad, aunque fuiste perdiendo ambas, con el paso de los años. Se fue evaporando la niñez y seguíamos juntos, y tras las bicis y las locuras que hacíamos con ellas, llegaron las motos, y nuevas locuras. Llegó la pubertad y sus excesos. Menos mal que teníamos los After Eight a mano, para poder echarles la culpa. Y seguimos juntos, año tras año, retando al tiempo y sus rutinas, a la vida cambiante de los años, demostrándoles que la amistad lo puede todo cuando es verdadera. Porque a pesar de mis desapariciones, siempre has estado ahí, esperándome, cuidándome en la sombra, por si el trompo paraba, y había que volver a lanzarlo. Tal vez no fuimos los que ganamos más canicas, pero si nos llevamos las mejores, y tu amistad, es el mejor premio. Estamos casi en el ecuador, y aunque ya no haya Californias amarillas, seguimos cometiendo alguna que otra locura, continuamos viviendo, que de eso se trata, y lo más importante, juntos, como buenos hermanos…
PD: A Pablo, a ese amigo que nunca perdí. Te lo repito como tantas otras veces, Te quiero, hermanico.

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Un hogar








Abandonar tu casa, buscando un futuro mejor, no es rendirse. No cesa el mar de escupir personas, gentes que huyen de la guerra, de la pobreza, de la esclavitud, o de algún dictador bastante maduro, que esconde tras la bandera de su país, la putrefacción que desprende. Gentes que dejan atrás unas raíces, una familia, una historia, y se embarcan con lo poco que tienen, a lomos de la suerte, bajo el manto de la incertidumbre, de si sobrevivirán otro día más, y tratando de averiguar si las promesas, como los sueños, se cumplen. Unos más legales que otros, con o sin papeles, pero todos, personas que necesitan ayuda para sobrevivir. Se enredan entonces los gobiernos en discusiones estériles, tratando de medir la ayuda que deben prestar, como si esta fuera una opción. Comienzan entonces las comparaciones, entre los de aquí y los de allá, entre prestar ayuda antes a los “paisanos» que a los extranjeros, en pensar que si no tenemos para nosotros, como vamos a darles a ellos. Hay una respuesta simple para todo esto. Se ayuda a quién lo necesita. Lo demás, se llama egoísmo. Y si te da por pensar que no ayudas porque no tienes, ponte en su lugar, e intenta imaginar, porque alguien abandona su tierra, y lo deja todo atrás, poniendo en peligro su vida y la de los suyos. No es un capricho, sólo tratan de sobrevivir, y de buscar un hogar.
A todos los que ayudan en silencio. Gracias a vosotros, muchos viven.

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Dolor y miedo








Regalos de la enfermedad. Porque no son sólo tumores, quistes adheridos a cualquier parte de tu cuerpo. Esas manchas negras que asoman en tus entrañas, y que se dejan ver, cuando ya es demasiado tarde. No hay síntomas, ni avisos, tan solo silencio a traición, porque cuando asoman, es que ya están ahí. Llegan para transformar tu vida, para llenarla de incertidumbre, de miedos, de dolor. Llegan para recordar que el tiempo ahora resta más rápido, que tu final se ha acercado tanto, que te darás de bruces con él, cuando menos lo esperes. Llegan para demostrar, que el remedio suele ser peor que la enfermedad, y que de todas formas, pocos escapan de sus garras. Y aun así, hay quiénes se aferran a la vida, entre quimio y radio, vomitando sus esperanzas, mientras su cabello desaparece. Todo para conseguir, un poquito más de tiempo, un rato más de vida. Suele pasar que el ánimo decae, producto de la medicación y del miedo, y se unen el sufrimiento físico con la pena del dolor de los que te quieren, al ver como te apagas. Y es ese miedo, el que termina matando, más, que la propia enfermedad. Algunos se aferran a sus ganas de vivir, y van más allá de los límites que les dieron. Otros desaparecen antes de tiempo, porque se rindieron antes de que la lucha comenzara. Duele, sí, pero vale la pena intentar saber, que ocurrirá, otro día más…
17/11/2020 Día internacional del cáncer de pulmón.
Para que nadie se rinda.

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El secreto








Regresaste al hogar, de nuevo, otro recomienzo a la vida. Dejas atrás otro intento, y abordas un piso, ahora vacío, para ayudarlo a arrancarle la soledad de sus paredes, y a ti del alma. El silencio acompaña a la deseada tranquilidad, pero agobia si te da por pensar, confundiendo rutina con añoranza. Nadie está seguro de sus decisiones, tomadas o no, pero el tiempo te dará las respuestas. Sólo hay que tener paciencia y no tener miedo. Ahora estás entre tu gente, el sitio que te vio nacer, y aunque parezca una tontería, al abrigo de todos, las cosas se llevan mejor. Te diré que no hay secretos, que basta con ser como uno es. Ya no tenemos edad para ir escondiéndonos tras mentiras, ni nos queda tiempo para dar rodeos. El cariño, el respeto, la educación, y algunas otras cosas que ya te contaré, son el secreto que tanto buscas, nada que nadie, no sea capaz de dar. Ponerle chispa a la vida, ilusionarse, ver el futuro con esperanza, son la clave, para que vuelvas a ser feliz. Cuando te quieras dar cuenta, tendrás los besos acechando detrás del deseo en cada rincón de tu casa, y pedirás sexo a quemarropa, para luego despedir, sin un beso. Volverás a tener de todo y más, pero dale cuartelillo a la paciencia.
Bienvenida a otra nueva etapa, ahora sí, muy cerquita de los tuyos. Ellos son, el verdadero secreto…

A Inma, y a su nuevo comienzo. Bienvenida de nuevo

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«Te debo una canción»








Suenan las primeras notas y reviven los recuerdos. Es el juego de las asociaciones. Viajamos con los oídos abiertos al pasado, a un lugar, junto a una persona. Emergen sentimientos que nos transportan a lo que fue, y se eriza la piel, y nacen nudos en el estómago, atando historias conclusas y personas, ya casi olvidadas, unas, omnipresentes, otras. Siguen “errando” los Niños Mutantes, buscando ese camino perdido, que jamás encontraran. Lo mismo que “El astronauta que vio a Elvis», a la caza y captura de nuestros fallos. Resultó ser verdad, que lo más raro que tenías, era yo. Supongo que Love of Lesbian, lo vieron antes que nosotros. Y a pesar de todo, hay “Mil razones» para ser feliz. Porque El miedo no es nadie sin Luis Brea. Joder, me “me encanta esta parte». Esa parte en la que las notas embaucan, en la que la imaginación restaura y equilibra, dando por buena toda decisión tomada, aunque trate de hacerlo, jugando a las tres esquinitas contigo, acompañando con música toda una vida. No podría expresarlo mejor que lo hacen las canciones, espías silenciosos, que me clavan sus garras para recordarme con extraordinaria belleza, los adioses más sonados. Y pasarán los años, y yo, seguiré diciendo, “Te debo una canción»

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Marrón








Y llegó sin avisar, sin transición y saltándose todos los puentes. Se enfrió el sol, más por su oblicuidad que por lejanía, porque en realidad, está más cerca, y ha traído con él, aires de cambio, incluida la lluvia, que convierte el suelo en espejos, y arranca las ya débiles hojas de los árboles, cubriendo ese cristal de agua, para que no podamos romperlo. Tarea inútil, porque nuestros pasos convierten los reflejos en finitos, para una estación que tiñe de declive un estío ya extinto. Llega el turno de los días grises y ventosos, que arrastran con ellos la pesadez y su adherida tristeza, pintando melancolías en nuestros ojos, mientras tratan de buscar respuestas tardías, a decisiones consumadas. Nunca fue tan tarde como hoy. Todo se vuelve eco, envuelto en nubes constantes, que acortan nuestro cielo y amortiguan el sonido y la felicidad. Como si ser feliz no tuviera cabida en esta estación. Por eso sufren los poetas y por eso se rasgan el alma. Tratan de iluminar con palabras y de colorear con sus letras, el aburrido marrón del Otoño.

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Bolígrafos, vídeos y otros detalles…








No seria lo mismo sin vosotros. Y es que, recorrer este camino de vuestra mano, ha sido más fácil. Y no teníais porqué, y aun así, me habéis apoyado, aconsejado, alentado, hasta el último momento. Habéis promocionado un sueño , convirtiendo cada día en una ilusión, haciéndome derramar lágrimas de alegría, por saber que tengo a mi lado, gente como vosotros. Detalles que parecen insignificantes, que os transforman en gigantes. Deudas impagables que marcan toda una vida, y recuerdos imborrables, para recordar eternamente. No os lo vais a creer, pero no encuentro las palabras, porque quizás no haya palabras para agradecer tanto. Infinita gratitud muda, la que intento expresar con este relato. Pero tan solo recordad esto, que todos esos libros que ahora acunan algunas manos, llevan la firma de tu boli, esa es la marca de tu regalo, que ese video promocional, bien podría valer un Oscar, y aquel cartel enmarcado, ya mismo lucirá en las paredes de mi hogar…

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Miento cuando digo, que…








Necesitábamos oscuridad para poder ver mejor y para que no nos vieran. Por eso tapamos cualquier resquicio por el que pudiera penetrar la luz indecente y espía. Le cubrimos los ojos a las ventanas, y tapamos la boca a las paredes, en un intento de silenciar el ruido y la música. Y lo conseguimos. Tomamos la decisión de que si no podíamos ir a un festival, el festival vendría a nosotros. Y comenzó el show. Un puñado de amigos al son de los conciertos que elegimos, bailando, saltando, disfrutando de aquel momento, que tanto añorábamos. Y allí escondidos, vino la brisa fresca a despejarnos, entre canción y canción, entre abrazos y sonrisas, entre cerveza y cerveza. Nos desatamos, si, pero era una necesidad, un impulso acumulado que estalló y lo inundó todo de felicidad. Miento cuando digo, que no quiero repetirlo, porque quiero más, y siempre a vuestro lado.
Gracias, a todos, por un día inolvidable y por una amistad incombustible. Y es que, el Cúllar Vega Sound, no ha hecho más que empezar…

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El hundimiento








Bastó con sentarse esperar, aunque aún sigo sin tener respuestas. Siguen los porqués en las sombras, sin querer asomar, pero lo cierto es, que hace mucho que dejé de necesitarlos. Puedo imaginarlos, como muchos que conocen la historia, y aunque hayan querido cambiarla, las mentiras siempre vuelven como boomerangs, y dañan a quiénes las profirieron. Y no aprenden, ni con los años. Supongo que es su forma de entender la vida. Triste, si, pero es así. Hace ya 20 años, y no es cierto que el tiempo lo cure todo, pero te da nuevas perspectivas, otro ángulo, otra visión diferente, y aprendes que sólo te dañan si se lo permites. La piscina se secó, aquel negocio se fue marchitando, y todo el tesoro que acumularon a base de maldad y mentiras, se ha ido volatilizando. El horno se apagó, por la mala gestión de una leña que ya no prende. Ahora se ahogan, presas de sus deudas, y buscan salidas desesperadamente. Y vuelven a mentir, a tratar de culpar a los demás de su ineptitud, creyendo, que la gente, aun les cree. Así se escribe la historia. Sólo victorias de una parte (o eso creían), celebrando las derrotas de la otra parte. Pero sólo ha hecho falta tiempo, sentarse y tener paciencia, para ver el hundimiento…

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