Egoísmos

¿Que porqué lo hago? No sabría decirte con exactitud, pero la explicación que más se acerca, por egoísmo. Pero no de esos vanidosos y unidireccionales. Podría definirme como egoísta generoso. Lo sé, parece una incongruencia, pero es así. Quiero ver feliz a quiénes me importan, tratar de ayudarlos, construir a su alrededor un universo equilibrado, donde el dolor escueza menos, dónde la esperanza sea infinita y todo tenga solución. Necesito que las personas estén bien, y trato de hacer lo posible, para que así sea, y todo, por otro chute de buenos sentimientos. Me hace feliz ver a la gente feliz. Me siento bien si se que ellos lo están, y me siento pleno si alguien sonríe al recordarme, aunque eso, jamás lo sabré. Es este egoísmo ambiguo el que me hace mejorar, y a pesar de los miedos arrastrados y acumulados, me arriesgo, a salir a diario al mundo, a ti, y los demás, fuerza en mano, por mucho que pesen los días, a tratar de que veas sólo el lado bueno de las cosas. Quizás así, tú hagas lo mismo a tu alrededor y consigamos un mundo mejor, poquito a poco, pero la cicatería se está instalando en las sociedad, arrancando de raíz el altruismo. Nadie piensa en nadie, sólo en uno mismo y sus intereses. Parca racanería que sólo trae soledad, de espíritu y de mente. Pensar tan solo en tu persona, te aísla de los demás, y te lleva a una escasez humana, difícil de soportar. O no. Depende de lo egoísta que seas…

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Bajo las estrellas

Amanecía la noche y ya estábamos en pie. Saludamos las primeras luces, y partimos al alba, que se fue deshaciendo conforme nos acercábamos a nuestro destino. Veleta inmóvil, coronando nuestra Graná, desnudo en esta estación, sin vergüenza, sin nieve. Lo vimos desde abajo, rodeando su perfil, buscando otras rutas menos salvajes hacia el Mulhacén. Portábamos varios días a nuestras espaldas. Comida y alojamiento en una mochila, junto al reto y la ilusión. Subidas y bajadas, pasos y tropezones, y horas de camino, atravesando senderos y veredas, envueltos en un aura de polvo y sol. Cadenas que nos mantenían amarrados al camino, para no caer, para no desfallecer, mientras de nuestras espaldas, pendía el miedo. Pero no pudo con nosotros y seguimos adelante, hasta trepar la última cumbre que nos daría el pasaporte para descender a la Laguna de la Mosca. Allí, bajo el pico más alto, reposaba plácida el agua cristalina, esperando nuestra llegada, aguardando a los caminantes para que la pudiéramos observar, pero sin tocar. Descansamos nuestras espaldas, dejando al pie de la laguna, fatigas y satisfacciones. Pasamos la tarde haciéndole compañía, rompiendo con nuestras charlas, el murmullo de su agua, la quietud del silencio, la paz que allí se respiraba. Y sin despedirse, se fue yendo el día, sin prisa, sin pausa, atardeciendo inevitablemente. Se resistía el sol a irse, agarrado con sus últimos rayos a la Alcazaba, tiñéndola de naranja antes de oscurecerla, y ésta, se reflejaba en el espejo de las aguas, presumiendo de su belleza. Se fue la luz y la calor, y tomaron las riendas de la noche, la oscuridad y el frío, que nos hizo abrigarnos, en una noche de Verano. Y comenzaron a aparecer, lentamente, a la luz de las oscuridad. Una tras otra, fueron salpicando el cielo negro Sierra Nevada, de pequeños faroles estáticos, luces tan lejanas, que quizás ya, ni existan. Nos tumbamos para ver aquella maravilla, y bajo aquel manto, tratamos de buscar respuestas, hasta que el silencio lo acalló todo, y sólo cuando el sueño vino a buscarnos, dejamos en paz a las Estrellas…

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La buena madre

Es nuestro hijo, el resultado de ti. Tardó en llegar el instinto, y el pequeño, como si es destino supiera que las prisas no traerían nada bueno, y el universo conspiró para darnos el mejor de los regalos. Llegó en el momento justo. Justo, cuando la necesidad de madre afloró, cuando entendiste de los esfuerzos que habría que hacer; justo, cuando casi todos los planes estaban cumplidos y quedaba por crear el más importante; justo, cuando ambos quisimos, por ninguna otra razón que no fuera la de ser padres. Y desde el principio, te volcaste, como cualquier madre lo haría, pero tu amor hacia él, nunca te nubló el juicio, ni siquiera su enfermedad. Y fuiste, y eres rígida, manejándote desde el principio, en ese difícil terreno que hay entre la razón y el corazón, entre los caprichos y la necesidad, soportando el dolor de nuestro hijo y el tuyo, cuando lloraba por algo que quería y no se podía o no se debía dar. Enfados y lágrimas tras castigos merecidos, que siempre aceptó con respeto, ese que le has inculcado con tiempo y tesón. Has conseguido forjar una persona educada, cariñosa y respetuosa, haciéndole entender que no siempre se tiene lo que se desea, pero que nunca le faltará un plato en la mesa. Educar es sufrir, es invertir tiempo, perder horas de sueño, y luchar sin descanso. Criar, es alimentar, lavar y curar. Querer lo mejor para un hijo, no es consentir, ni evitarle el dolor, ni cegarte con él. Es ser objetivo, viendo sus virtudes y sobre todo sus defectos, para enseñarle a corregirlos y mejorar, para hacer de él, una persona de bien. Por eso, cuando miro a nuestro hijo, me enorgullezco de él, y no puedo evitar pensar, el trabajo que has hecho, y creo, que nunca podré agradecértelo. Y es que, detrás de un buen hijo, siempre hay una buena madre…
PD: A Encarni, por hacer de nuestro hijo, la buena persona que es.

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Atípicos

Parece que todo está oscuro, que las sombras nos han engullido, y es que de un tiempo a esta parte, da la sensación de que todo sale mal, que lo bueno se ha perdido por el camino, y que toda decisión, conduce a un camino sin salida. Es lo que tiene la rendición, la desesperanza, el peso del cansancio. Que mina, atrofiando las energías, y restando fuerza a la voluntad. Y aunque creamos que esto es lo peor que nos ha pasado, si lo piensas, si echas la vista atrás, verás que no es la primera vez, que siempre ha estado ahí. Los problemas nos acompañan desde siempre, porque su resolución o la simple esperanza de resolverlos, es lo que nos hace sentir vivos. Un objetivo que conseguir, es una razón para vivir. Y si hay oscuridad, ten por seguro, que también hay luz. Así que es hora de los atípicos, de los que sueñan con conciertos, de los que sienten con la música, de los que se emocionan con una película, de los que creen en los demás.Es hora de los valientes, de que, a pesar de tener miedo, seguimos adelante, luchando por lo que queremos. Es tiempo de la gente responsable, de los olvidan el egoísmo y quieren otro mundo, otra forma de vivir. De los que no se estacan y quieren seguir creciendo, inquietudes en mano. Es hora de ti, de mi, de nosotros. Y como la felicidad no es algo negociable, hagamos de todo esto, algo atípico, y seguro que así, podremos cambiar el futuro…
PD: A mi cuñada, Cris, por su inagotable valor y su eterna fuerza de voluntad. Eres mi atípica preferida.

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Sombras

Baila la toalla al ritmo de la brisa, agitada por su invisible mano. Viento lento, pausado, que refresca el ambiente con su aliento, y tiñe de frescor, un ardiente día. Juega con el agua, arrancándole unas olas, que pacen tranquilas a la orilla de la playa. Llega hasta mí amortiguado, su suspiro al romper, mezclado con los sonidos de miles de voces ininteligibles en la lejanía, conversaciones ajenas, cuyo significado se va perdiendo con la distancia. Una amalgama de ruidos placenteros que me proveen de esta tranquilidad idílica en la que me encuentro. Por un lado, el horizonte se parte en dos por una línea invisible, dejando ver nítidamente el cielo y el mar, conflicto de azules a plena luz del día; por el otro, la montaña, haciendo de parapeto, tratando de proteger a este pueblo de los envites del viento, y del desierto amenazador. Nadie sabe cuánto resistirá. Y el sol, y la calor, apretando a pesar de la brisa, aplastando todo a su paso, arañando con sus manos nuestra piel, que se enciende y prende, y que tratamos de apagar con baños furtivos. Cada vez es menos eficaz la protección con la que nos cubrimos, o eso nos parece, por eso huimos, veloces, del mar a nuestro refugio, sombrillas inmóviles que nos proporcionan las sombras que tanto ansiamos…

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Fugacidad

También eres el protagonista de este relato, aunque le falte tu voz. Bien podrías apellidarte Sánchez pero eres Borja. Defiendes con estoicidad aquello en lo que crees, y tal vez te equivoques, quien no, pero jamás hay mala intención en tus palabras. Llevas luchando mucho tiempo y has logrado mantener a flote una familia, sin una queja, sin un reproche, siempre con una sonrisa y con la mejor de las actitudes. Te has reinventado, buscando salidas, opciones, tratando de alcanzar un puesto que mereces más que la mayoría que tienes a tu alrededor, y ojalá, recibas ese justo premio a tu tesón. Han sido demasiadas semanas sin fines trabajando y muchos días sin descanso. Y ahí sigues, buscando lo mejor para los tuyos. Las noticias sin ti, no son noticia. Siempre por delante, para tratar de dar luz a los demás. Manejas ese difícil equilibrio de brillar sin eclipsar, de ser único pareciendo normal, de hacerte querer con muy poco. Has conseguido atraernos hacia esa espiral de la que muchos ya no queremos huir, descubriendo al Indie, arrastrándonos a conciertos y festivales que ahora echamos de menos. Tu vida y la música, una misma cosa, y la radio de por medio. Tu voz, las ondas y ahora las redes sociales, contigo y tu programa, como caballo de batalla contra el aburrimiento. Artistas llaman a esa gente.
Ha sido una presidencia extraña, una año raro, donde no has podido hacer más de lo que has hecho. Has sopesado y elegido que podría ser lo mejor, y creo, que como siempre, has acertado. Toca terminar esta fugaz presidencia, pero tu recuerdo perdurará, para siempre…

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350

Felicidades a todos y cada uno de sus señorías. Van a pasar a la historia, como unos de los peores políticos que han pasado por el Congreso y por la vida política de España. No sé en que momento dejaron de ser personas, de pensar como personas, de olvidar para que están aquí. No sé cuando se mudaron a vivir a su universo paralelo, y lo peor, cuando nos dejaron de lado. Sí, han abandonado a la ciudadanía, inmersos en sus guerras, en esa repugnante dialéctica, vistiendo de finura los peores agravios, tratando de convertir al otro en peor que usted mismo. Abandonaron al pueblo, y no sólo eso, se aprovechan de él, saqueando todo lo que pueden cuando nadie les ve, aupándose a unos puestos a los que llegan con nuestros votos, haciéndonos creer que cualquiera de las opciones, nos hará libres, nos hará vivir mejor. Y mienten, sistemáticamente, a los suyos y a los demás. Han olvidado el bien común, el bien general, por el bien partidista. Las siglas por encima de todo. Sus necesidades, por encima de cualquiera. Son incapaces de reconocer las virtudes del contrario, adoctrinados por su partido, que hacen de cualquiera que no sean de su ideología, un enemigo. Están consiguiendo un hartazgo consensuado de su pueblo. Van perdiendo a borbotones el respeto y la credibilidad de su gente, que lo único que ven, es que clase de personas nos gobiernan, y les aseguro, que da miedo. Saber que nuestro futuro está en sus manos, no tranquiliza. Da igual el color y la ideología. Ninguno de ustedes se salva, ninguno, y mucho menos, se ganan el sueldo. Jamás tuvimos un nivel tan bajo de políticos. Y no sé que extraña metamorfosis sufren al intentar llegar a sus escaños, pero creo, que no deberían olvidar, de dónde vienen y para que están. Porque si esta pandemia, ha sido incapaz de sacar lo mejor de cada uno de ustedes, mucho me temo, que nada lo hará.
Son 350 Diputados en España. Los mismos que sobran.

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De fresas y nata

Qué como va todo? Extraño, esa es la mejor definición. Diez años después de este no cumpleaños, un virus nos ha alejado, y ahora echamos de menos la cercanía que antes teníamos y que tan poco aprovechábamos. Ahora necesitamos con urgencia besar, tocar y acariciar, demostrar a quiénes nos importan, cuánto nos importan. Ya sabes papá, ahora nos arrepentimos de lo que deberíamos haber hecho cuando pudimos y no era necesario, y queremos hacerlo ahora, porqué no podemos, pero sobre todo, porqué lo necesitamos. El egoísmo y la estupidez, siguen yendo de la mano. El mundo se ha parado, un tiempo, por un rato, pero volverá a girar, y seguiremos sin aprender nada. Habrá cambios, obligados, y a pesar de todo, seguiremos amenazando al mundo con nuestra presencia. Somos dañinos, y la naturaleza nos está avisando.
Tus nietos siguen creciendo, y tenías que verlos. Nos han mejorado, sin lugar a dudas. Espero que podamos llevarlos por el camino correcto y mantengan intactas sus ilusiones, por muchas decepciones que los azoten. Y nosotros, envejecemos, a cada paso, a cada respiración, y se nos nota. Pesa, aunque pretendamos contenerlo, duele en ocasiones, y te mentiría si te dijera que seguimos intactos.
La memoria de mamá de ha vuelto frágil. Olvida sin remedio, y peleo contra ello, en intento inútil de detener lo imposible. Cree que la regaño porque sí, y no entiende que es el miedo que tengo a que deje de ser quién era. Pero a ti no te olvida, ni yo.
Hoy tendrás tu tarta, de fresas y nata. No habrá velas que soplar ni deseos que pedir, pero te recordaremos y creo que ese, es un buen regalo. Queda menos para todo pase y podamos regresar a la vida que nos pausaron. Lástima que no se pueda regresar, de dónde tú estás…

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Cambio de sábanas

Me arropa la noche con su mano oscura. Enmarañado entre las sábanas y mis pensamientos, tranquilo, sereno, busco entre mi imaginación, el resorte que apague mis ojos. Abarco con mi mente una vida entera, saltando de pasados a futuros, en un solo pensamiento, saliendo esta vez intacto de historias irrepetibles, aunque mi mente las recreé por cobardía. Trata de cambiar lo que fue, e imagina lo que desea que hubiera sucedido. Justo ahí, tropieza con los sueños, anhelos desprovistos de realidad. Se traslada entonces al futuro, tratando de anticiparse, adivinando un movimiento, que jamás sucederá. Pero insiste, como si el deseo y la terquedad, pudieran conceder lo que pide. Y se da cuenta entonces, de que ha vuelto a tropezar con los sueños, y que sigue inmersa, en el bucle infinito de sus pensamientos, enmarañado, cubierto por unas sábanas que ya empiezan a calentar demasiado. Y mientras fuera, la lluvia ametralla la vida, arrancando lamentos de todo lo que toca, no dejo de pensar, que tal vez sea hora, de cambiar las sábanas

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Desespero

Jamás imaginé que los recuerdos pudieran ser tan malvados.
Las paredes se han empeñado en escupirme tus fotos, recordándome tu ausencia otro día más. Ese pequeño salto que había entre tú y yo, de apenas hora y media, se ha convertido en estos días, en un obstáculo insalvable, en un abismo. Miro tu sonrisa plasmada en imágenes y desearía recostar mis labios en los tuyos, dormirme amarrado a tu boca y despertar con las almas entrelazadas. Me perdería en tus ojos, buscando todas esas palabras que te cuesta tanto decir, y que encuentro flotando en ellos cuando me miras. Me atraviesas con tu mirada y me inyectas todo eso que sientes por mi.
Abro los armarios y allí sigue tu ropa, retén de tus visitas, que te añora, menos que yo, te lo aseguro. Te imagino vestida, y sin vestir, cubierta tan sólo por tu piel. Ahora es cuando mis manos quieren tocarte, dibujar tu contorno, una y otra vez, descubrir de nuevo todos los secretos de tu piel, y recorrer poro a poro tu cuerpo, en un roce incesante, lento, hasta borrar las huellas de mis dedos, y detener el tiempo.
Y quedan tus zapatos, descalzos, inmóviles, abandonados a su suerte, mientras su dueña habita lejos. Te imagino entonces, te deseo y desespero, porque no sé el tiempo que queda para sentirte de nuevo. Y lo peor, no sé si seré capaz de soportar, este echarte de menos. No, no hablo sólo de sexo. El sexo sacia, pero el amor llena. Y necesito llenarme de ti. Desespero…

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