No es el miedo lo que nos vuelve cobardes, sino la comodidad de nuestros actos. Nos marcan que hay que hacer sin darnos opción a preguntarnos ni tan siquiera si hay alternativas, arrebatándonos así, la curiosidad que lleva al aprendizaje. Pasos descritos que hay que seguir sin más remedio, como si fueran la única verdad dejándonos huérfanos de pensamientos y con antojeras en la mente. Temen a quién piensa diferente, a quién toma decisiones que escapan de su control, sin comprender, que jamás nadie entenderá que razón nos lleva a cada uno a tomar las decisiones que tomamos, porque todos tenemos una razón para hacer lo que hacemos. Son nuestros sentimientos en constante comunión con los pensamientos los que determinan como actúar. No pretendo ser mejor que nadie, tampoco peor, sólo aspiro a ser yo mismo, a equivocarme como tú y a seguir creciendo, lentamente, sin descanso. Tal vez asuste, sí, pero no pienso retroceder, porque perdidas entre lo desconocido, se encuentran las respuestas…