«Electricistas»

Invadí un nuevo día aún despierto, cruzando la medianoche entre cine, libros y música, todos ellos fuentes de las que rescataré las palabras que me servirán para construir una historia que ponga punto y final al pasado día. Fotogramas rebeldes relatando como dos vidas separadas por unas razones que no llegaron a comprender, quedaron en pause, dejándolo todo en el aire. Se pospusieron el amor y la venganza, hasta la siguiente noche, en la que «Lo mejor de mi» aflorará, resolviendo con lágrimas una historia que llegará al corazón. Volví a la divergencia, ansioso por acabar de grabarmela en la espalda, atado a unas letras que llegaron después de las imágenes, sin desmejorar con palabras, lo que vimos en el cine. Dieron el relevo los oidos a unos ojos ya cansados, escuchando como el deseo te pide que vengas, invitandote a subir a una nube que está abierta sólo para tí. Se mezcló la añoranza con el recuerdo, dando como resultado, las ganas de volverte a ver. Y así acaba la noche, entre palabras y mensajes ocultos, intentando que el despertar sea mejor que el acostarse, e intentando averigüar si todo esto, pueden arreglarlo unos «electricistas»…

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«Nivel inexperto»

Sentimientos lesionados, que buscan sanación entre el tiempo y el aprendizaje. Aullidos que nos infundieron miedo, quebrando la autoestima, convirtiéndonos en meros espectadores de nuestras propias vidas. Huyó lentamente la seguridad, atrayendo las dudas, hasta de respirar, empequeñeciéndonos hasta dejarnos reducidos a la mínima expresión. Recaemos, como yonkis del amor, necesitando tanto del otro que olvidamos cuanto nos necesitamos a nosotros mismos, desapareciendo por completo, de la realidad y de la vida. Ciegos que caen al precipio rompiéndose en mil pedazos que deberan volver a unir. Un cruce disimulado entre miradas escurridizas que despierta sólo una sensaciòn, el miedo a saberme perdido y roto, y una certeza, que no volveré a dejar mi vida en manos de nadie, aunque ahora camine por el mundo, en «nivel inexperto…»

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Bailes

Ritmos vitales que entretejen sentimientos y decisiones. Una danza interminable que nos obliga a dar pasos para adelante y otros para atrás al son de la vida, que marca la cadencia a seguir. Es complicado al principio mantener el equilibrio, pensando a cada momento donde pisar para no perder el ritmo. Sones tan dispares que jamás habrá dos iguales, y tocará improvisar cuando menos lo esperes, inventando sobre la marcha como moverse. Lentamente lo irás haciendo por inercia y cuando te quieras dar cuenta ya no pensarás, sólo te dejarás llevar por el sonido hipnotizante de la música y por el movimiento incesable del baile. Disfruta de tu vida, y aunque te aconsejen y te enseñen nuevos pasos, al final serás tú, quién decida como y con quién bailar…

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Camas

Huele bien, todavía a niño. No le queda mucho para abandonar este estadio y saltar al siguiente, allí donde los sueños empezarán a perder fuerza, robados por la realidad, esa que le enseñará a mentir para que duela menos. Dejé atrás un miedo por saberlo débil e indefenso y me invade otro, por imaginarlo lejos e independiente. Eran coches empujados por él y dibujos en la tele tan simples como sus razonamientos, los que le hacían feliz, los mismos que ahora le aburren, porque ya es mayor. Pantallas luminosas entreteniendo el día y auriculares para darle la privacidad que lo sumerge en la soledad que tanto le gusta. Ya no necesita que le preparen la merienda, y aquellas duchas en las que los dos acababamos empapados, se fueron por el desagüe. Piensa y decide, sabiendo prefectamente lo que le gusta y lo que no, teniendo una personalidad propia, que seguro, lo llevará lejos. Siguen pasando los años llevándolo de la mano, haciéndolo crecer sin remedio y ocupando cada vez más espacio de mi cama, de la que va empujándome lentamente, hasta dejarme arrinconado. Se hará hombre, sin duda, pero para mí nunca dejará de ser, ese niño, al que tanto le gusta dormir con su padre…

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Querer ser

Toca recordarse, no olvidar las razones para ser felices y sobre todo, luchar por conseguirlo. Pelear sin descanso, para lograr una felicidad, que la tenemos delante. Sólo hay que alargar la mano para cogerla… Crecimos entre notas musicales, despertándonos al son de un tocadiscos que arrancaba con su aguja las canciones a unos vinilos, mareados de dar tanta vuelta. Unos padres enamorados de la música, que nos atravesaron el corazón con sus canciones. Valores, que entre castigo y castigo, nos inculcaron, para intentar que tuvieramos una visión más justa de la vida. Enfados contra ellos, sabiendo que en el fondo llevaban razón y que hoy agradezco al sentirme sobre todo, una buena persona. Felicidad que nos regalaron y que aún conservo, procurando ser igual de generoso que ellos, repartiéndola allí donde voy, para provocar un sentimiento de bienestar, en la gente que me rodea. Conceptos de vida y maneras de vivir, que hacen que me sienta orgulloso de haber recorrido el camino hasta llegar aquí y que me alienta a continuar la senda para conseguir ser, la mejor persona, que pueda ser…

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Bella y bestia

Atacó de nuevo, sin avisar, sin piedad. Ya no se oculta ni tiene reparo en hacerlo a los ojos de todos. Otro zarpazo me derribó, desgarrando mi cuerpo y deshaciéndome en trocitos que tuve que volver a juntar para ponerme de nuevo en pie. Lleva desde siempre ahí, agazapado, esperando el momento de asestar otro golpe. Era esporádico y lentamente ha ganado terreno hasta convertirse casi en rutinario. Fué de mañana y como el frío que ha llegado sin avisar, llegó él. Trepó por la espalda y desde ahí invadió el resto del cuerpo. Lo desmenuzó, desajustando cada una de las partes. Lo hizó pesado y aunque no dolía nada, nada estaba bién. Desamardo andé hasta recobrar las fuerzas, que regresaron en la misma proporción en la que la bestía se iba retirando. Se que ha de regresar pero ya no le tengo miedo. Ha pasado el día y aún sigo aquí, disfrutando de todo lo que me queda por vivir, por eso sigo siendo absoluto, descripción y melodía perfecta y por fin descubrí nuevos sabores, timidos e inseguros, en los que «lo real es, lo sabes bien, lo convenido…»

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Reflejos

Radiantes tus gestos, demostrando que de verdad existe la libertad que todos soñamos. Libertad que prometen como red de caza, buscando una presa a la que domesticar, arrancando de cuajo su personalidad y anulando la decisión entre falsos te quieros y besos con sabor a culpabilidad. Arrastrados tras una quimera disfrazada de amor, que con falsas promesas te convencen que eres algo que jamás llegarás a ser.
Generosos tus detalles, transformando algo insignificante en el mayor de los regalos. Lecturas tempranas que se convierten en tan poco tiempo en una ilusión de ida y vuelta, que entre el café y la tostada se cuelan, dando los buenos días a las palabras que cerraron unas horas antes la noche. Desapegos en pos de la felicidad ajena, deseando el disfrute del otro antes que el tuyo propio. Respeto mutuo para lograr un equilibrio sano y sincero que tal vez sea el camino más fácil para lograr el entendimiento. Y todo mezclado con sonrisas y ganas de vivir, de planes que flotan en espuma de cerveza y un constante certeza de lo mucho que se parece la imagen y el reflejo…

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Errante

Achicando miedos, perdiendo parte de lo que de verdad quieres hacer para no ofender al sentido común. Mientras unos se decepcionan solos, otros confían en sí mismos para no desconfiar de los demás, y trazar así el camino que nos llevará tan lejos como queramos. Es el pasado, que se empeña en retratarnos por igual, descuidando así el aprendizaje de nuevos dibujos y alejándonos también del riesgo y sus descubrimientos. Melodías tumbadas en una cama, mostrando las unas a las otras, cuanto pueden descubrir juntas. Nieve y fuego, la excusa perfecta para cerrar los ojos y sentir. Un viaje a través de la música que transporta miradas y sentimientos. Y de nuevo el miedo, pero esta vez en presente. Besos errantes porque jamás se dieron y miradas furtivas que se encuentran en las letras de las canciones. Tacto heterogéneo, buscando no soltarse jamás, y un tiempo que se acaba, empujado por la indecisión. Quedaron los labios huérfanos de lo que el cuello robó, y calló la música, ahogando melodías y despertando despedidas. Aún queda la esperanza de auyentar dudas, de tomar decisiones razonables y de seguir bailando. Pero no olvides, que hagas lo que hagas, que sea siempre con una poquita de luz…

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Cruces y patios

No era Graná quién nos debía dar cobijo hoy así que cambiamos Alhambra por Mezquita. Partimos de mañana buscando esa mujer que lleva desde siempre tumbada y no sabemos si algún día se lenvantará. Nos recibió el sol y la calor, abriendo camino a la sed y buscamos refugio entre las calles estrechas de la Juderia. Sólo allí el sol no se atrevía a entrar, porque sus rayos perdían la fuerza al transformarlos en sombra las paredes blancas. Un mar de gente que no mojaba, recorría las callejuelas en busca de un patio que admirar mientras el murmullo constante de la vida se mezclaba con bares y tiendas, donde vendían trocitos de Córdoba en forma de souvenirs. Cruces e intersecciones, y detrás de algunas puertas, pequeños jardines, cuajados de flores que adornaban rejas y ventanas, y mientras las enredaderas trepaban por las paredes, las macetas cubrian los suelos empredrados desde donde las fuentes nos hablaban con el rumor del agua. Dejamos atrás el aroma que no pudimos fotografiar, la verdadera esencia de los patios y nos encaminamos a un restaurante donde nos volvimos a sentir importantes. Conversaciones reservadas, entre sardinas y anchoas, para dar paso a unas berenjenas que sin salmorejo, no serian las mismas. Vino, para acompañar a la última parte del toro, que trajo consigo solomillo y chuletón. Postres a la altura del resto de la carta, y que ninguno se atrevió a no probar y un jarabe de pasas que nos empalagó tanto como nos gustó. Servicio de ricos para gente corriente entre las cuales no nos encontrabamos nosotros. Acabamos en la bodega, teniendo en nuestras manos vinos tan viejos como nosotros. Seguimos unas murallas que ya no defienden hasta acabar en el río y tras un paseo, ya cansados, la tarde nos envió de vuelta a Graná, donde las cruces se habían celebrado sin tenernos en cuenta…

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Lecciones

Lucho contra mi mismo, para no tomar las mismas decisiones y salir al fin del bucle al que condeno. El boomerang de los sentimientos, arma de ida y vuelta, que nos colma de alegría primero y nos vacía de la misma después. Deseamos la soledad, a la vez que nos empeñamos en buscar al alguién para llenar nuestros huecos, contradiciendo así a la razón. Nos mentimos, diciendo que ya no habrás más, que no queremos volver a sufrir, ni que nos vuelva a doler. No, no y no. Deberia aprender la lección, y si olvidara todo de nuevo porque me volvieran a cegar, debería actúar de distinta forma y sobre todo, no olvidar las deciones que me llevaron al fracaso y sacar de ellas las lecciones que pueden llevarme a la victoria.

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