El paraíso

Os voy a contar un secreto. Yo sé dónde está el paraíso.

Fue sin querer, sin darme cuenta, sin buscarlo que lo hallé. Pasa con las cosas bonitas, con las que más deseas. Ocurre con los anhelos, con los sueños. Cuánto más cerca parece que están, más tierra de por medio hay, y es justo que los dejas de perseguir, que aparecen ante ti. Sí, tiene el universo esa manía de enredarlo todo. Quizás para que agradezcamos lo que tenemos y valoremos el tiempo que estamos aquí, o tal vez para hacernos ver que no era tan difícil lo fácil. Y lo fácil fue, lo sencillo que lo habéis hecho. Este amasijo de personalidades, tan suyas, tan vuestras, tan distintas, engarzadas a la perfección en una suerte de amistad qué transforma con la ayuda de la generosidad y el cariño, un puzle caótico en la más bella de las alianzas. Somos el resultado del tiempo, del amor, de las palabras y de la sinceridad, aunque a veces no nos guste escucharla, aunque a veces duela, pero ese es el camino para que la amistad sobreviva tanto tiempo. Y antes de que el alcohol obre su magia, quitando el blindaje a nuestra alma y nuestra vergüenza, y nos haga olvidar algún que otro momento de este día os voy a contar dónde encontré el paraíso. No estaba el final del camino de baldosas amarillas, allí dónde acabada el arcoíris, ni en el firmamento, escondido tras la estrella que más brilla; tampoco en la cueva de Alibabá con sus joyas, ni en las profundidades del océano durmiendo junto a la Atlántida; no lo busquéis bajo las equis que marcan los tesoros en los mapas. El paraíso no es un lugar, es cualquier momento que paso junto a vosotros. Una vida plagada de momentos que hacen que todo cobre sentido, por mucho que el universo se empeñe en hacer difícil lo fácil. Por eso hoy, aquí, este, es nuestro momento y nuestro paraíso.

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Tras la columna

Como los grandes. Así nos hicieron sentir anoche Sombra Doble en su penúltimo concierto antes de su despedida final. Se guardan la última bala para su tierra, Málaga. Pero ayer, en Granada, abajo, en nuestra incombustible planta, este grupo de versiones, se hizo grande, haciendo disfrutar a su público con temas de los demás que hicieron de ellos, en una sala que colgó el cartel de “sold out”. Normal que lo hicieran, dado el nivel de su espectáculo y del buen rollo que despiertan en sus conciertos. Porque no es sólo la música que tocan, versiones de todos los grupos que amamos del mundo indie y alguno que otro mas comercial que también se cuela sin desentonar en el resultado final. Es la complicidad que consiguen con el público, con el que hablan, bromean, y se divierten tanto con él, como él con ellos. Y simplemente, eso fue lo que vivimos anoche. Diversión, mucha diversión, entre saltos, bailes, risas y buena música. Una noche inolvidable para despedir a una banda inolvidable. Y todo, tras la columna que no nos dejó ver el escenario y que aún así, no restó ni un ápice de emotividad al concierto con el que nos dijeron adiós en Granada.

PD: a Sombra Doble. Vayáis dónde vayáis, todo la suerte del mundo. Gracias por haber hecho un poquito mas grande, la música indie.

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Palíndromo…

Sucede un día, así, sin más. Tu vida cobra sentido, las piezas encajan, parece que la felicidad la tienes un poco más cerca. Se podría decir, que casi puedes mirarla a los ojos. Sonríes. Tienes una sensación de bienestar, ese confort que cierra etapas con el incalculable valor de la satisfacción. Entonces te animas a más, y aparece el inconformismo, preludio de la insatisfacción, estado semejante a un sentimiento, porque quizás lo sea, o quizás no, pero sí sus consecuencias, porque al igual que los sentimientos hay que saber gestionarlos, para encontrar el equilibrio entre lo que se tiene y lo que se quiere, para no caer en la trampa de no tener nunca lo que se quiere.

Sucede otro día que la vida no funciona como tu pensabas. Que las cosas no salen como habías planeado, y cuesta aceptarlo, porque querrías que fueran de otra forma, como tu mente había imaginado que serían. Aparece entonces la frustración, la negación. Necesitas aceptar la nueva realidad y no puedes. Quieres gestionar la situación y no te ves capacitado. Quieres volver a mirar a los ojos a la felicidad que no hace tanto, tuviste tan cerca. Y sabes lo que toca. Admitir, aceptar, ceder. Adaptarse a la nueva realidad aunque cueste. Y así, cuando menos lo esperes…

Sucederá un día, así, sin más. Tu vida cobrará sentido, las piezas encajaran , y parecerá que la felicidad está un poco más cerca. Se podría decir, que casi puedes mirarla a los ojos. Sonríes. Tienes una sensación de bienestar, ese confort que cierra etapas con el incalculable valor de la satisfacción. Entonces te animas a más, y aparece el inconformismo, preludio de la insatisfacción, estado semejante a un sentimiento, porque quizás lo sea, o quizás no, pero sí sus consecuencias, porque al igual que los sentimientos hay que saber gestionarlos, para encontrar el equilibrio entre lo que se tiene, y lo que se quiere, para no caer en la trampa de no tener nunca lo que se quiere…

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Aporía…

El silencio acompaña los días.

Bálsamo de esos momentos frenéticos en los que el tiempo pasa veloz, acumulando cansancio, llenando el saco con estrés y agobios. Esa franja de va de lunes a viernes, dónde las horas se acortan, restando minutos en el global, aunque si concretas, parecen que se estiran. Llega entonces el fin de semana. Oasis perdido entre las arenas del tiempo semanales, lleno de planes, cubierto de descanso, ataviando dos días con la forma de los deseos. Condensamos nuestras ganas en el fin de semana, y por un lado queremos descansar, y por otro, no perdernos nada. Sin apenas notarlo, hagamos lo que hagamos, las horas se diluyen entre el ocio y el descanso, y sin saber cómo, aparece en el horizonte de nuevo el lunes, abriendo la franja, cerrando el círculo, compensando la lentitud con la rapidez, y haciendo del tiempo esa aporía, imposible de resolver. Toda la vida buscando una solución que jamás encontraremos. Y mientras tanto…

El silencio acompaña los días.

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Sueños de festival

Despertó el sábado radiante, sabedor de que su noche le daría al domingo una hora más, convirtiéndolo en el día más largo del año. Y así, feliz, se vistió de fiesta, espantando nubes, aclarando el día, regalándonos la brillantez necesaria para que la cuarta edición del Cúllar Vega Sound, se celebrara en el mejor marco posible.

Pacía el secadero entre la calma y el silencio de la vega, rodeado del trino de los pájaros y de la tierra recién arada. El aroma a campo lo envolvía todo junto al sonido del despertar. Llegamos cuando el sol ya calentaba. Ultimamos los detalles que quedaban y abrimos las primeras cervezas y las puertas del festival. Uno a uno, de dos en dos, los asistentes fueron llegando. Goteo incesante de ilusión y ganas. Las neveras acogían las cervezas flotantes, que harían de soporte vital de la fiesta que se avecinaba. La música empezó a sonar, la barbacoa a funcionar, quebrando el silencio. Los primeros bailes, las primeras charlas, las inagotables sonrisas. Sienna en acústico fue el primer concierto, aún con luz, todavía sobrios. Sonaba de fondo mientras comíamos, y ya se preparaba Dj. Rizos. Auténtica diva, de brilli brilli plateada, que en su primera vez se soltó la melena, haciéndonos bailar con sus mezclas. Sonreía y sonreíamos. Esa suele ser una de las consecuencias de la felicidad. La que sentía ella al verse delante de sus amigos, la que sentían sus amigos al verla a ella pinchar y feliz. “La pegatina” trajo consigo diversión, mucha diversión. Carreras abajo y arriba, saltos, y más bailes. Entretenimiento en estado puro. Las cervezas fueron dando paso a las copas y la felicidad crecía con cada sorbo que se daba, amplificando nuestros sentimientos. Esa suele ser una de las consecuencias del alcohol. “Vetusta Morla” también pasó por allí, maestros, incombustibles, mientras el fútbol acababa. Rayaba atardecer cuando “Indie al Descubierto”, tomó los mandos. Sesión de un “Muro” añorado, entre abrazos, bailes, y jager. “Arde Bogotá” vinieron después, calentando con su potencia a la casi noche que ya enfriaba el día. “Dj. Choco” emergió entre vídeos y temas nuevos. Un espectáculo parido con mucho esfuerzo y que por unas horas, estuvo perdido. El resultado fue apoteósico y diferente. Tras él, “La Plazuela”, con su flamenco electrónico que todos bailamos, incluso yo. Para entonces, no se si alguien había abandonado ya el barco o aún seguíamos todos. Con la noche ya sobre nosotros, los fuegos artificiales la iluminaron, y fueron preludio de “Dj. Javirey” que nos regaló su sesión de Supersubmarina (como no podía ser de otro modo). Una mezcla complicada que llevó con maestría. Aquí se me nublan los recuerdos. Sonó Juanpex, con remezclas de música noventera, que bailamos y disfrutamos con avidez. La noche fría y el cansancio fue espantando a los asistentes, y cuando nos quisimos dar cuenta, éramos muy pocos los que quedábamos. Ni siquiera sé si “La casa Azul” llegó a sonar. Solo recuerdo el aroma de la amistad de los quedamos, las conversaciones trabadas, los abrazos sinceros y ese bienestar que queda cuando uno es feliz. Porque si. El Cúllar Vega Sound es un festival de música, pero sobre todo, es un canto a la amistad y a la felicidad. Si miráis más allá de estas palabras, si rebuscáis entre líneas, si hurgáis en vuestros recuerdos, espero que encontréis esa felicidad de la que hablo. Porque si aún seguís con una sonrisa tonta en la cara, es porque lo de ayer, os hizo felices. Si es así, el fin con el que un día Jorge imaginó este festival, se ha cumplido. Gracias a todos y cada uno de vosotros por hacer realidad un sueño.

Comienza la cuenta atrás para la quinta edición…

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El desbroce

Y allí, tras una jauría de ramas, enredadas entre ellas, quebradas y retorcidas, se adivinaba la luz, la claridad, las respuestas.

Rumbo a isla ilusión. Un barco surca los mares de la esperanza, cargado de preguntas, vacío de certezas, creyendo que es único. Busca, no sabe bien el qué, pero busca. Un poco por soledad, otro poco por inseguridad, y un mucho por esa irracionalidad que rezuma el ser humano. Y así son los sentimientos. Y así quiénes los alimentan. Mentirosos. Porque una ilusión, una esperanza, no es más que una mentira hasta el momento en que se hace realidad. Pero hay algunas que nunca se hacen reales por mucho que lo desees. Es entonces cuando te das cuenta de que tu barco no tiene timón, y tu mente se enreda, cómo las ramas, robando la luz, la claridad. Te falta entonces el aire, las ganas, la vida misma aunque respires de ella. Las sirenas te atraen con sus cantos y deseas huir pero te acercas más, con esa forma tan sutil que tienes de buscar argumentos para auto convencerte. Y allí dónde había agua, sólo queda maleza. Que te rodea, te oscurece, te encarcela. Tratas de escapar, de liberarte, porque sabes que tras la maleza las respuestas te esperan. Y piensas: será época de desbroce…?

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Sin lágrimas no hay amistad

After fionas.

Las velas no mienten, ni la gente que tienes a tu lado. Viene uno a este mundo con una suerte incierta, con toda la vida por delante, con todo un universo por escribir. Nunca solo, porque desde el principio estamos arropados. La familia será la primera, los amigos el resto, todos al final. Y mantenerlos a tu lado, unidos, queriéndote, no es cuestión de suerte. La florecilla hace mucho que creció, manteniendo ese fino equilibrio entre ilusión y madurez. Sigue siendo pelirroja, rizada, alegre, feliz. Pellejera por derecho propio, amiga por convicción, prima por sangre. Los instantes se le quedan cortos, conviviendo en tantos frentes, que el descanso la llama a gritos con frecuencia, aunque haga oídos sordos. Porque quiere vivir, porque quiere disfrutar, rodeada siempre de la gente que la quiere, de la gente a la que quiere. Y hoy, a contrarreloj, pero con todo el amor que somos capaces de trasmitirte en cada palabra de este escrito, queremos recordarte, que estamos aquí por ti, y que sin lágrimas, no hay amistad, mucho menos sin sentir eso que sientes ahora mismo. Te aseguro que es lo mismo que sentimos nosotros por ti…

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Puestos a pedir (Sábado)

Segundo asalto. Sonaba a lo lejos Iván Ferreiro, voz inconfundible de Los Piratas, acunando el día con su ritmo medio. Letras personales propias y de su ya desaparecido grupo, que todos conocíamos. “Años 80”, “Turnedo” y algunas más para conformar su espectáculo. Piano a caballo entre guitarras y bajo, ahogando a esa batería que por momentos se perdía entre tanta cuerda. Pero sonaba bien ese pop con tintes rockeros.

Con la noche cayó Amaia, sin mucho más que decir, con poco que ofrecer, quizás más nombre que otra cosa. Tal vez porque no es santo de mi devoción, aún sigo preguntándome que pintaba allí. Tuvo que tirar de Rigoberta, versionando uno de sus temas para que sonara algo de Indie en su actuación. Nosotros mientras tanto, llenábamos nuestros vasos y cogíamos sitio, para lo que habría de llegar.

Y lo que llegó fue La casa Azul. Abordó la noche esta banda de indie pop con su sonido disco, con su música electrónica y su puesta en escena futurista. El juego de pantallas mostrando imágenes al son de su música, jugando a la vez con las luces y ese escenario escalonado, dieron empaque a una actuación soberbia. No hubo tema que no cantáramos, con sus letras tristes y sonido alegre. Le cantaron al desamor, a la tristeza, a la frustración, pero también a la felicidad, al amor y a la amistad. No, no hubo canción que no bailáramos, saltando hasta casi rozar el cielo que admiraba a esta banda, tanto como nosotros. Y sin tiempo para recuperar el aliento…

Emergieron desde la oscuridad. Pequeños fragmentos de sus canciones cosidos en segundos, resumen milimétrico de lo que son, de lo que sonaría, prendiendo uno a uno los focos del escenario hasta alumbrar a la banda entera. Y comenzó lo inolvidable. Sonaron Vetusta y el silencio calló, dejando que sus canciones le atravesaran. Desgranó su nuevo disco dejando espacio para temas de los anteriores, algunos que ya creía olvidados, otros que ya forman parte de su imaginario. No dieron respiro, ni tregua. Música, cargada siempre de nuevos sonidos, de nuevos instrumentos, innovadores, arriesgados, pero siempre tan ellos. Y cuando crees que conoces lo que les escuchas, te lo cambian, haciendo nuevo lo de siempre. La percusión, al servicio del espectáculo junto a ese teclado inmortal, acomodado a las guitarra y al bajo. Y como no, sus letras interpretadas con maestría por Pucho, dándoles vida, dándoles sentido. Y la historia que contaron caló otra vez más. Poseídos, cantamos y bailamos, alzando nuestras manos al infinito, tratando de agarrar aquel momento para no que no se perdiera. Espero que no lo dejarais escapar…

Tras la tempestad vino la calma. Regresamos a la Vip, en busca de descanso y alimento, con Second de fondo. Apuramos nuestros últimos alientos, recogiendo las fuerzas suficientes para retornar. Nos precedían las sonrisas, por el tiempo ganado de nuevo en otro festival, por demostrarnos que la vida no es tan dura, por la dopamina generada, por todos los besos, por esa nebulosa jade que nos hipnotizó, por el equilibrio que hicimos posible, y por el momento que vivimos. La vida al servicio de la felicidad. O era al revés? Quién sabe, pero puestos a pedir…

Que queréis vosotros??

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Miento cuando digo (Viernes)

No llovió. Se disiparon las nubes y nuestro miedo, dejándonos un cielo huérfano de agua y radiante, casi tanto, como nuestra felicidad. Nos recibió un suelo cada vez más alfombrado, testigo de las primeras fotos, puerta de entrada al Granada Sound de este año. Los de siempre habíamos llegado, repletos de ganas, ansiosos de fiesta, sedientos de cerveza, y desde el Vip, a mano izquierda esta vez, comenzamos a saciar nuestros instintos.

Con Siloé comenzó todo. Se tiró a la arena como los buenos toreros, sin miedo, guitarra en mano y armónica en la boca, y con “ La verdad” alzó el telón del espectáculo. Voz clara, sonidos ágiles , letras trabajadas, todo acompañado de una batería nueva en estas lides, que ha dado más empaque a esta banda Vallisoletana, que puso el listón muy alto a las 7 de la tarde. Y todo, marcado por el carisma y la calidad de su cantante, que sostuvo el espectáculo durante 45 minutos. Poco tiempo y demasiado pronto para ellos. Demasiado buenos para esa hora.

Veintiuno fue el siguiente. Aterrizó con su sonido fresco, bailable, pegadizo. Y desde “Dopamina” hasta “Cabeza abajo”, los allí presentes, no dejaron de bailar. A eso fueron ellos y a eso fuimos nosotros. A cantar unos y a bailar todos. Para entonces, el día había dejado su sitio a la noche, trayendo consigo a Murcia y sus bandas. Pero antes, y desde Aranjuez…

 Rufus T. Firefly o la elegancia personificada. Supieron elegir bien el repertorio, y mejor aún supieron interpretarlo. La teclista ponía la sobriedad a la batería, que con maestría subía el nivel de la guitarra, que intentaba equilibrar a ambas. Subían y bajaban el ritmo, rellenando de sonido los huecos que dejaban las letras. Potencia, dureza y la dulce psicodelia de unas notas, que por momentos, acariciaba nuestros oídos.

Tras ellos, los primeros de Murcia. Llegaron uno de los más deseados y con Arde Bogotá nos desatamos. Prendidos de la voz ronca de su vocalista, saltamos, bailamos, cantamos, dejándonos jirones de nuestra propia voz en cada tema. La batería sobresalía por encima de todo, pero sin restar importancia a las guitarras que marcaban el camino de las letras que todos conocíamos. Noveles con hechuras de gran banda, invitaron a Viva Suecia a compartir con ellos “Que vida tan dura” y aún no sé, que voz sonaba mejor. Un espectáculo al servicio de disfrute de todos los que allí estábamos, consolidando a otro grupo con el carisma de su cantante.

De nuevo otros murcianos, Viva Suecia. Sus ritmos han virado a poperos con su último trabajo, y aún así, supieron sacarle partido. De nuevo potencia, como si en Murcia la regalaran. De nuevo guitarras, y de nuevo batería. Fuerza en la voz de Rafa y letras que todos nos sabíamos de memoria. Un espectáculo casi conocido y un favor devuelto cuando invitaron a Arde Bogotá cantar con ellos “El bien”. Y así de bien sonaron, así de bien nos hicieron sentir y disfrutar.

A los terceros en discordia, Varry Brava, los escuchamos desde la zona Vip, lo más parecido del recinto a una costa con el mismo nombre que su apellido. Pizza en una mano, cerveza en la otra, digiriendo lo que acabábamos de vivir. Suspirando por otro Granada Sound juntos, brindando otro año más por la amistad. Juntos empezamos esta aventura, todos y cada uno de nosotros. Juntos seguimos año tras año. Y juntos hemos logrado crear un grupo tan potente como los que vimos, tan unido como los que tocaron y tan fuerte, que “miento cuando digo, que te miento cuando digo” que no quiero volver a repetirlo, sin vosotros a mi lado…

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De otoño

Olía a julio no hace tanto, a jornada intensiva, a indeseables madrugones, a siesta, a calor, a gazpacho y salmorejo, a días largos y noches cortas; olía a verano feliz después del final, a paz y tranquilidad, a nuevas citas, perdón, quedadas, para no asustar a nadie, y olía a planes que habrían de llegar, ilusiones que fuimos cumpliendo y tachando a la vez de la agenda. Se ocupó agosto de mantener el ritmo y de rellenar nuevas fechas con más planes, agrandando la sonrisa y las ganas de vivir. Y a estas alturas, queda mucho por hacer. Volvió a demostrar la vida, que basta con un poco de ganas, para conseguir mucho. Que la chispa adecuada funciona tanto para incendiar y quemar todo lo malo, como para prender la luz de nuevos comienzos. Nunca la cobardía tuvo la fuerza de empezar algo, ni la indecisión, menos aún el miedo.  

Olía a julio, y estaba seguro de quien era, de quien soy, incluso en agosto, pero ahora que septiembre tiende a evaporar lo que queda de verano, los ilusión sigue intacta, mordiendo las ganas con fuerza, en su afán de tocar la felicidad con los dedos. Y la noto cerca. Tanto, que podría hacerse pasar por mi. Porque no hace falta mucho más: un puñado de planes, una pizca de ilusión y no vivir eternamente de otoño.

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