Diferentes

Mentimos a diario, o tal vez son sólo excusas para no mostrar lo perdidos que estamos. Tras el temblor, el desequilibrio, la búsqueda de todo aquello que soñamos antes del desastre, cumplir las promesas que nos hicimos, porque no había a nadie más a quien hacérselas, y no salirse del camino que nos habíamos marcado, porque lo necesitamos y porque no queremos nuevas sorpresas. Ahora tocamos la libertad de nuestras decisiones, sin tener que explicarle a nadie nuestros porqués, tan sólo actuar por iniciativa propia, y cualquier mínima sospecha de intromisión que pueda, tan sólo, minimizar el terreno ganado o arrancar un trozo de esa libertad, lo sentiremos como un peligro, alejándolo lo máximo posible de nuestro lado. Somos egoístas, buscando lo que nos interesa, cuando nos interesa, destruyendo el puente más importante entre personas, el cariño. Mentimos, cuando decimos que todos somos iguales, que queremos conocer a gente diferente, que nos trate con respeto y valore lo que somos. Y volvemos a mentir, porque en realidad, las diferencias asustan, y el respeto y el buen trato, ya no se llevan. Por eso, preferimos lo fácil, lo de siempre, lo que casi tod@s tienen. Y es que bajo el sol, nada duele, todo brilla, y bajo tanta luz, no hay nada feo. El problema viene con el invierno, con las tardes oscuras e interminables, con la oscuridad que proyecta el frío, y las ganas de abrazos y caricias que calienten el alma. Entonces no habrá nadie, y todos los deseos se habrán cumplido, dejándonos lo que tanto habíamos ansiado, la soledad de nuestras decisiones, y tal vez, más de lo mismo, las mismas personas en distintas carnes. Y seguiremos mintiéndonos, diciendo que en realidad queríamos lo que no tenemos, lo diferente…

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