Huidas

Decidir ser feliz, tan sencillo como eso. Errores compartidos que se repiten una y otra vez. Los gritos ahogados por la rutina y la ceguera de quién se acostumbró siempre a la misma luz. El equivoco constante de aquellos que creen que el amor y la felicidad se encuentran sólo entre dos y van dejando atrás todo lo que no pertenezca exclusivamente a la pareja. Aislados en su isla, felices por el tesoro que sólo comparten ellos, se regocijan en la suerte de que nadie más habite allí. Exprimen su amor, desangrandose lentamente hasta que la sed de compañía ajena se vuelve insoportable. Es entonces cuando se sienten náufragos, perdidos en una tierra árida donde ya no bastan sus besos para sobrevivir. Comienzan los ataques, la autodestrucción. Gestos que llevan a levantar muros, enfados sin razón y gritos en silencio. Su mundo se desintegra y deciden huir, escapar de aquella cárcel en la que se transformó su amor. Optan por una derrota antes que abandonarse a la infelicidad. Es entonces cuando entienden que amar en soledad es morir de tristeza.

Por todas esa huídas, que se convirtieron en victorias…

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