Cruces y patios

No era Graná quién nos debía dar cobijo hoy así que cambiamos Alhambra por Mezquita. Partimos de mañana buscando esa mujer que lleva desde siempre tumbada y no sabemos si algún día se lenvantará. Nos recibió el sol y la calor, abriendo camino a la sed y buscamos refugio entre las calles estrechas de la Juderia. Sólo allí el sol no se atrevía a entrar, porque sus rayos perdían la fuerza al transformarlos en sombra las paredes blancas. Un mar de gente que no mojaba, recorría las callejuelas en busca de un patio que admirar mientras el murmullo constante de la vida se mezclaba con bares y tiendas, donde vendían trocitos de Córdoba en forma de souvenirs. Cruces e intersecciones, y detrás de algunas puertas, pequeños jardines, cuajados de flores que adornaban rejas y ventanas, y mientras las enredaderas trepaban por las paredes, las macetas cubrian los suelos empredrados desde donde las fuentes nos hablaban con el rumor del agua. Dejamos atrás el aroma que no pudimos fotografiar, la verdadera esencia de los patios y nos encaminamos a un restaurante donde nos volvimos a sentir importantes. Conversaciones reservadas, entre sardinas y anchoas, para dar paso a unas berenjenas que sin salmorejo, no serian las mismas. Vino, para acompañar a la última parte del toro, que trajo consigo solomillo y chuletón. Postres a la altura del resto de la carta, y que ninguno se atrevió a no probar y un jarabe de pasas que nos empalagó tanto como nos gustó. Servicio de ricos para gente corriente entre las cuales no nos encontrabamos nosotros. Acabamos en la bodega, teniendo en nuestras manos vinos tan viejos como nosotros. Seguimos unas murallas que ya no defienden hasta acabar en el río y tras un paseo, ya cansados, la tarde nos envió de vuelta a Graná, donde las cruces se habían celebrado sin tenernos en cuenta…

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Lecciones

Lucho contra mi mismo, para no tomar las mismas decisiones y salir al fin del bucle al que condeno. El boomerang de los sentimientos, arma de ida y vuelta, que nos colma de alegría primero y nos vacía de la misma después. Deseamos la soledad, a la vez que nos empeñamos en buscar al alguién para llenar nuestros huecos, contradiciendo así a la razón. Nos mentimos, diciendo que ya no habrás más, que no queremos volver a sufrir, ni que nos vuelva a doler. No, no y no. Deberia aprender la lección, y si olvidara todo de nuevo porque me volvieran a cegar, debería actúar de distinta forma y sobre todo, no olvidar las deciones que me llevaron al fracaso y sacar de ellas las lecciones que pueden llevarme a la victoria.

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Feliz

Trasiego de sentimientos.Entre la decepción y la esperanza camino, apartando al miedo para que no me distraiga en los pasos que debo dar para conseguir la Felicidad y el equilibrio que todos necesitamos. A veces me dejo llevar por el rencor, última palabra de la venganza, causada por el dolor que te han producido, sobre todo, a quién más querías. Pero sólo me dura un momento, hasta que me descubro lo pesado que es, casí tanto como el odio. Además, suelen producir más heridas en quién lo siente que a quién se odia. Prefiero agarrarme a la alegría de saberme libre, a la ilusión de algo nuevo, a la satisfacción de una vida en la que está quién de verdad quiere estar. Sonrisas dibujadas a diario, alegrando las vidas de propios y ajenos, llenando sus días de buenos ratos y trazando planes para derrotar a una monotonía que huye buscando nuevas víctimas. Hambre y sed, de vida y de tí. Y ahora que la mudanza termina, que vuelve el orden a tu vida, elimina miedos y deja atrás aquello que ya no importe. Despreocupate de todo cuanto no puedas solucionar y conviértete en el único dueño de tu destino. Porque antes o después, te darás cuenta de que lo más importante para ser feliz, es que quieras serlo…

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Valiente

Desengachados del tren que tiraba de nosotros ahora andamos solos. No se detiene la vida por nadie, ni siquiera por mi. Nos empuja a impovisar, a trazar nuevas rutas, alejándonos de un pasado que vemos cada vez más pequeño. Destellos en la oscuridad, los últimos coletazos de una historia que lentamente va cerrando capítulos y escribiendo nuevas páginas. Mismos protagonistas en distintos escenarios, representando cada uno su obra, antagónicas en lo básico, idénticas en el fin. Ahora el tiempo se alarga, exprimiéndolo para sacarle el mayor provecho. Ya no hay insomnios con sabor al otro y la cama no necesita a dos, para no sentirse sola. Obligados a seguir, descubrimos que cualquier estado es idóneo, mientras nos sintamos vivos, sintiéndonos felices haciendo lo que hacemos. Hoy por fin entiendo, que la cobardía de no abandonar se ha transformado en valentía por cambiar. Hoy me miro al espejo y no sólo veo el reflejo de la persona que soy, sino también, la fuerza y el potencial que hace que me sienta grande y valiente…

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Kiki

Se despide la noche mecida entre canciones de desamor y anhelos escondidos. Deseos flotando en el aire, a los que nadie se atreve a coger por miedo a perder algo que ni tan siquiera se puede nombrar. Se arregló el diario, sorprendiendo a uno y a otro, y no dejaron de asomar las palabras, poniendo freno a cualquier amago de acercar algo más que posturas. Oscureció la sala, haciendo conjeturas entre lo que harían en la última fila y lo que quería que acurriera en medio. Historias de amor, unidas por un sexo tan recurrente, que hasta lloramos de placer. Orgasmos tan dispares como las historias contadas, y un romanticismo, que jamás empalagó. Risas cachondas y ganas de todo, hasta de sexo. Y todo llevado con fluidez hasta la unión de todas las historias. Amor, sexo y risas, o sexo, risas y amor. Da igual como lo veas tú. Sólo se que estas horas aún sigo pensando, que «quien diablo sabe la distancia que debemos mantener…»

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Construcciones

Pudimos y no quisimos, triste resumen. Soñamos con construir un nuevo mundo juntos, cimentado en los nuestros y todo quedó en andamios. Los puntales no eran fuertes y a medida que levantamos una nueva habitación, la otra se desmoronaba. Acudimos sin pensarlo a sostenernos pero el cansancio y la rutina, mermaron nuestras ilusiones y el amor. Todó se hundió. Cayó a nuestros pies sin querer hacer más, viendo como el esfuerzo se desvanecía atrayendo de nuevo los fantasmas de la culpa. Recogimos y regresamos, cada uno a su mundo, sin ganas de querer construir nada más, por miedo a un nuevo derrumbe. Pero ya no camino sobre escombros. Sirvieron para cimentar un nuevo camino. Ese que recorro a diario, donde comparto mis días con la gente que lleva a mi lado toda la vida y en el que voy conociendo nuevas personas. Y todos y cada uno de ellos, nuevos y viejos, me recuerdan que no debo perderme de nuevo en construcciones que no estén diseñadas, por un buen arquitecto…

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Enredados que no atados

Parecidos inimaginables distanciados sólo por unos años que quedan reducidos a nada tras la unión de lo común. Manolitos escondidos en lo más profundo, aflorando sin ser llamados, que completan aún más, una personalidad que se debate entre la noñerias y su masculinidad. No lucha por reprimir a ninguna, por eso es auténtica. Ojos grandes y mirada tierna, piernas fuertes curtidas por el deporte. No teme a lo desconocido y menos aún a los cambios, por eso se ha vuelto a embarcar en un nuevo reto, sabiendo que volverá a triunfar. Fotos con caritas, con más o menos pelo, acompañando a todas esas personas que forman parte de su vida. Entre cerveza y cerveza, desgrana su vida, prometiendo que su boca jamás volverá a echar humo y anhelando unas chuches que llenarán su boca de azúcar. Todo en si, es un detalle, que regala sin pensar solo por ver sonreir. Y dice que le gusta dormir con alguién al lado, para poder enredar sus piernas, pero sin nudos, que luego es complicado desatarse…

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Ausentes de nosotros

Domingos sin tregua, transformando planes «A» en «B». La siguiente escena se retrasa sin abucheos del público, más ilusionado por su llegada que enfadado por el retraso. Noctámbulos del día, apostados en una mesa desde donde lanzamos nuestros puntos de vista para comprobar si somos tan miopes como pensamos. Y allí mismo volvemos a meternos la vida en dosis pequeñas, rayas de felicidad que nos elevan a lo más alto, haciéndonos dependientes de unas charlas que enganchan tanto como ayudan. Hijos estirando un Domingo para que no acabara nunca y unos padres mordiéndolo para terminar con él lo antes posible. Viejóvenes al sol, jugando a la vida, conscientes de la realidad con la que juegan, para no convertirla en monotonía. Y llegamos al final de lo inacabable, otro domingo de necesidad de apoyos, de soledades auyentadas y de despidos efímeros. Porque después de todo, no hemos faltado…

A vosotros, por otro Domingo acompañado…

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Después

Amagamos con querer, poniendo el alma en todo lo que hacemos, para satisfacer sólo nuestro ego. Avivamos las almas, buscando el covijo necesario para unos sentimientos a los que no sabemos proteger. Destructores, arrasando todo cuanto tocamos, alejando de nuestro lado todo aquello que nos da vida y que nos hace humanos. Apostamos con lo ajeno, para no tener que valorar lo propio, perdiendo así, el alma y la conciencia. Sigue el mar ahogando vergüenzas y las fronteras cerradas para impedir que la esperanza camine. Seguimos muriendo un poquito cada día, mientras esperamos decisiones que jamás se tomarán. Aullamos como lobos y despedazamos la bondad con dentelladas de egoísmo. Lodazales e inviernos sin comida, y refugiados sin refugio. Nos descomponemos en vida, buscando el perdón de los demás y finjiendo el nuestro. Sólo la tristeza los va a visitar, mientras ellos piensan, que siempre hay un después…

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Sin razón

Fotos, efímero pasado atado a un papel, reproduciendo todo aquello que ya no volverá. Imágenes verdaderas que se desvanecerán en el tiempo lo mismo que el recuerdo, difuminando cualquier atisbo de conocer la anterior realidad. Todo empieza sin esperarlo, con palabras miedosas, creyendo conocer a quién estás conociendo, disfrazando de ilusión la realidad y creando una vida alrededor de un personaje al que ni siquiera has puesto nombre. Ataduras indecentes antes de empezar para una libertad que hace de faro en tu vida. Palabras y más palabras, haciéndose cada vez más fuertes, para convencerte de algo en lo que ni siquiera crees, porque si realmente creyeras, no tendrías que convencerte. Un monólogo de razones que mueren en el camino de regreso mientras trascurre la historia, sin comienzo ni fin. Y con paso del tiempo quedan sólo palabras y algunas fotos dándote la razón y demostrándo que sigues siendo tú, pase lo que pase…

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