Casi nunca

No deja de llover, cubriendo de espejos el suelo y abrillantando todo cuanto toca. Agua suspendida en el aire, escupida por las nubes y atraida por una inercia envidiosa que hará que se estrelle, sin orden aparente. Palabras húmedas, buscando el abrigo en la lectura de los demás para secarse y recofortar, a todos cuantos las necesiten. Muchas veces encienden más que apagan, soltando una explicación que rara vez, encontrará comprensión. Esporádicamente se callarán, porque hay noches en que las musas decidieron descansar, noches que harán que la mañana sea menos excitante. Bastantes veces despiertan admiración, premio para un escritor aficionado, que sólo trata de expulsar de sí sentimientos y pensamientos enfundados en palabras que tratan de ser sinceras, pero dando un rodeo, para que no se las vea venir. Mentiras e incomprensión huyen, para no ser víctimas de la realidad que escribo, no dejando casi nunca indiferente a aquel que consiga entenderlas…

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Iluminados

Traspasando tristezas me encuentro, atravesándolas con la sonrisa que desprendo al descubrir por fin, todo aquello que tenía delante y que mis ojos se negaban a ver. Egoísta, sí, como todos, buscando mi felicidad, pero queriéndola compartir y regalar, con todo aquel que quiera estar a mi lado y que elija, como yo, arriesgarse a hacer de la vida, lo que queremos que sea. Cobardes nos llaman, por decir que no, sin saber que un renuncio es un acto de generosidad, al regalar al otro la opción de hacer lo que quiere a costa de lo mío. Un sí disfrazado de negativa, que sólo un valiente es capaz de regalar. Seguridad soportada por unos valores que día tras día se afianzan, haciéndome sentir valioso, derribando cualquier horizonte y construyendo a mi alrededor un Universo desde el que, expandirse, sea lo más importante. Crezco sin miedo, encontrando a mi alrededor, cada vez más personas que aumentan el valor de los días, que suman su personalidad a mi destino, y que iluminan con su presencia mi camino…

A cada uno de vosotros que elegís seguír a mi lado…

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«Electricistas»

Invadí un nuevo día aún despierto, cruzando la medianoche entre cine, libros y música, todos ellos fuentes de las que rescataré las palabras que me servirán para construir una historia que ponga punto y final al pasado día. Fotogramas rebeldes relatando como dos vidas separadas por unas razones que no llegaron a comprender, quedaron en pause, dejándolo todo en el aire. Se pospusieron el amor y la venganza, hasta la siguiente noche, en la que «Lo mejor de mi» aflorará, resolviendo con lágrimas una historia que llegará al corazón. Volví a la divergencia, ansioso por acabar de grabarmela en la espalda, atado a unas letras que llegaron después de las imágenes, sin desmejorar con palabras, lo que vimos en el cine. Dieron el relevo los oidos a unos ojos ya cansados, escuchando como el deseo te pide que vengas, invitandote a subir a una nube que está abierta sólo para tí. Se mezcló la añoranza con el recuerdo, dando como resultado, las ganas de volverte a ver. Y así acaba la noche, entre palabras y mensajes ocultos, intentando que el despertar sea mejor que el acostarse, e intentando averigüar si todo esto, pueden arreglarlo unos «electricistas»…

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«Nivel inexperto»

Sentimientos lesionados, que buscan sanación entre el tiempo y el aprendizaje. Aullidos que nos infundieron miedo, quebrando la autoestima, convirtiéndonos en meros espectadores de nuestras propias vidas. Huyó lentamente la seguridad, atrayendo las dudas, hasta de respirar, empequeñeciéndonos hasta dejarnos reducidos a la mínima expresión. Recaemos, como yonkis del amor, necesitando tanto del otro que olvidamos cuanto nos necesitamos a nosotros mismos, desapareciendo por completo, de la realidad y de la vida. Ciegos que caen al precipio rompiéndose en mil pedazos que deberan volver a unir. Un cruce disimulado entre miradas escurridizas que despierta sólo una sensaciòn, el miedo a saberme perdido y roto, y una certeza, que no volveré a dejar mi vida en manos de nadie, aunque ahora camine por el mundo, en «nivel inexperto…»

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Bailes

Ritmos vitales que entretejen sentimientos y decisiones. Una danza interminable que nos obliga a dar pasos para adelante y otros para atrás al son de la vida, que marca la cadencia a seguir. Es complicado al principio mantener el equilibrio, pensando a cada momento donde pisar para no perder el ritmo. Sones tan dispares que jamás habrá dos iguales, y tocará improvisar cuando menos lo esperes, inventando sobre la marcha como moverse. Lentamente lo irás haciendo por inercia y cuando te quieras dar cuenta ya no pensarás, sólo te dejarás llevar por el sonido hipnotizante de la música y por el movimiento incesable del baile. Disfruta de tu vida, y aunque te aconsejen y te enseñen nuevos pasos, al final serás tú, quién decida como y con quién bailar…

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Camas

Huele bien, todavía a niño. No le queda mucho para abandonar este estadio y saltar al siguiente, allí donde los sueños empezarán a perder fuerza, robados por la realidad, esa que le enseñará a mentir para que duela menos. Dejé atrás un miedo por saberlo débil e indefenso y me invade otro, por imaginarlo lejos e independiente. Eran coches empujados por él y dibujos en la tele tan simples como sus razonamientos, los que le hacían feliz, los mismos que ahora le aburren, porque ya es mayor. Pantallas luminosas entreteniendo el día y auriculares para darle la privacidad que lo sumerge en la soledad que tanto le gusta. Ya no necesita que le preparen la merienda, y aquellas duchas en las que los dos acababamos empapados, se fueron por el desagüe. Piensa y decide, sabiendo prefectamente lo que le gusta y lo que no, teniendo una personalidad propia, que seguro, lo llevará lejos. Siguen pasando los años llevándolo de la mano, haciéndolo crecer sin remedio y ocupando cada vez más espacio de mi cama, de la que va empujándome lentamente, hasta dejarme arrinconado. Se hará hombre, sin duda, pero para mí nunca dejará de ser, ese niño, al que tanto le gusta dormir con su padre…

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Querer ser

Toca recordarse, no olvidar las razones para ser felices y sobre todo, luchar por conseguirlo. Pelear sin descanso, para lograr una felicidad, que la tenemos delante. Sólo hay que alargar la mano para cogerla… Crecimos entre notas musicales, despertándonos al son de un tocadiscos que arrancaba con su aguja las canciones a unos vinilos, mareados de dar tanta vuelta. Unos padres enamorados de la música, que nos atravesaron el corazón con sus canciones. Valores, que entre castigo y castigo, nos inculcaron, para intentar que tuvieramos una visión más justa de la vida. Enfados contra ellos, sabiendo que en el fondo llevaban razón y que hoy agradezco al sentirme sobre todo, una buena persona. Felicidad que nos regalaron y que aún conservo, procurando ser igual de generoso que ellos, repartiéndola allí donde voy, para provocar un sentimiento de bienestar, en la gente que me rodea. Conceptos de vida y maneras de vivir, que hacen que me sienta orgulloso de haber recorrido el camino hasta llegar aquí y que me alienta a continuar la senda para conseguir ser, la mejor persona, que pueda ser…

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Bella y bestia

Atacó de nuevo, sin avisar, sin piedad. Ya no se oculta ni tiene reparo en hacerlo a los ojos de todos. Otro zarpazo me derribó, desgarrando mi cuerpo y deshaciéndome en trocitos que tuve que volver a juntar para ponerme de nuevo en pie. Lleva desde siempre ahí, agazapado, esperando el momento de asestar otro golpe. Era esporádico y lentamente ha ganado terreno hasta convertirse casi en rutinario. Fué de mañana y como el frío que ha llegado sin avisar, llegó él. Trepó por la espalda y desde ahí invadió el resto del cuerpo. Lo desmenuzó, desajustando cada una de las partes. Lo hizó pesado y aunque no dolía nada, nada estaba bién. Desamardo andé hasta recobrar las fuerzas, que regresaron en la misma proporción en la que la bestía se iba retirando. Se que ha de regresar pero ya no le tengo miedo. Ha pasado el día y aún sigo aquí, disfrutando de todo lo que me queda por vivir, por eso sigo siendo absoluto, descripción y melodía perfecta y por fin descubrí nuevos sabores, timidos e inseguros, en los que «lo real es, lo sabes bien, lo convenido…»

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Reflejos

Radiantes tus gestos, demostrando que de verdad existe la libertad que todos soñamos. Libertad que prometen como red de caza, buscando una presa a la que domesticar, arrancando de cuajo su personalidad y anulando la decisión entre falsos te quieros y besos con sabor a culpabilidad. Arrastrados tras una quimera disfrazada de amor, que con falsas promesas te convencen que eres algo que jamás llegarás a ser.
Generosos tus detalles, transformando algo insignificante en el mayor de los regalos. Lecturas tempranas que se convierten en tan poco tiempo en una ilusión de ida y vuelta, que entre el café y la tostada se cuelan, dando los buenos días a las palabras que cerraron unas horas antes la noche. Desapegos en pos de la felicidad ajena, deseando el disfrute del otro antes que el tuyo propio. Respeto mutuo para lograr un equilibrio sano y sincero que tal vez sea el camino más fácil para lograr el entendimiento. Y todo mezclado con sonrisas y ganas de vivir, de planes que flotan en espuma de cerveza y un constante certeza de lo mucho que se parece la imagen y el reflejo…

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Errante

Achicando miedos, perdiendo parte de lo que de verdad quieres hacer para no ofender al sentido común. Mientras unos se decepcionan solos, otros confían en sí mismos para no desconfiar de los demás, y trazar así el camino que nos llevará tan lejos como queramos. Es el pasado, que se empeña en retratarnos por igual, descuidando así el aprendizaje de nuevos dibujos y alejándonos también del riesgo y sus descubrimientos. Melodías tumbadas en una cama, mostrando las unas a las otras, cuanto pueden descubrir juntas. Nieve y fuego, la excusa perfecta para cerrar los ojos y sentir. Un viaje a través de la música que transporta miradas y sentimientos. Y de nuevo el miedo, pero esta vez en presente. Besos errantes porque jamás se dieron y miradas furtivas que se encuentran en las letras de las canciones. Tacto heterogéneo, buscando no soltarse jamás, y un tiempo que se acaba, empujado por la indecisión. Quedaron los labios huérfanos de lo que el cuello robó, y calló la música, ahogando melodías y despertando despedidas. Aún queda la esperanza de auyentar dudas, de tomar decisiones razonables y de seguir bailando. Pero no olvides, que hagas lo que hagas, que sea siempre con una poquita de luz…

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