Querido hermano

En este día tan especial, quiero expresarte cuánto significas para todos nosotros. Hoy no solo celebramos tus 50 años de vida, sino también el increíble viaje que has recorrido para convertirte en el padre que hemos añorado durante todos estos años.

Naciste de familia humilde y trabajadora. Heredaste la apariencia, inteligencia, ideas políticas, el placer de la lectura y escritura, mujeriego y ante todo el gusto por la música de tu padre pero lo más importante lo heredaste de tu madre como es el corazón, la humildad y el amor que constantemente ofreces a todos los que te rodean. Con todo esto mezclado aquí estás juntándonos a gran parte de tu vida que te apreciamos y queremos compartir contigo este día tan especial. 

Juguetón de pequeño pero tardaste poco en darte cuenta de tu gran vicio… hacerte querer. Siempre he pensado que fue por la falta de cariño que pudiste echar de menos, pero recuerdo los tiempos en los que la vida nos desafió y tú, con toda tu fortaleza, asumiste roles que nunca imaginamos. En momentos de ausencia, te convertiste en el pilar que sostuvo a la familia, llenando cada espacio vacío con tu amor incondicional. Te convertiste en el padre que anhelábamos, el que siempre estuvo presente.

A lo largo de los años, has tejido un tapiz de experiencias, algunas llenas de risas y otras con lecciones aprendidas. Tu espíritu libre y tu encanto han atraído a personas de todas partes, creando recuerdos que son tan variados como fascinantes. Aunque a veces esos capítulos de tu vida hayan sido complicados, reconocemos que cada uno de ellos ha contribuido a la persona única que eres hoy.

Eres el ejemplo viviente de cómo el amor puede superar cualquier obstáculo y cómo el compromiso puede moldear un destino. Celebramos no solo tu cumpleaños, sino también la hermosa persona en la que te has convertido. Has construido puentes de amor que han unido a nuestra familia en una fortaleza indestructible. Cada risa compartida, cada lágrima consolada, son testigos de la profunda conexión que hemos forjado a lo largo de los años.

Felices 50 años, querido hermano. Que este día esté lleno de alegría, reflexión y gratitud por la increíble travesía que hemos compartido. Estamos agradecidos por tu presencia constante y por ser el padre que siempre hemos deseado tener.

Con todo nuestro amor

Un relato de Jorge Reyes Roldan y Javier Reyes Roldan. Mis hermanos, mi vida.

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Y por fin… la lluvia

Supura el día agua, por las 24 horas. Ha venido a limpiar, a sanar, a llevarse con ella la sequedad que durante tanto tiempo hemos llevado adherida. Arrastra con ella los recuerdos de una Navidad tan como siempre aunque aderezada este año con la insensatez de descubrir por las calles de Graná, los vermús y las tascas. No en ese orden. Quebraron las nubes, regando el suelo, formando charcos, iluminando a pesar del cielo negro y regalando futuro. Llueve, a las puertas de mis 50, dotando a mi boca de una sonrisa más amplia si cabe que la que ya hace algún tiempo tengo. No es más que el reflejo de la felicidad que como la lluvia riega mi vida y alimenta mi alma. Ese amasijo de buena gente a mi alrededor, hijo, madre, hermanos, y amigos; esa música que no cesa, esas aventuras en forma de libros, esas series tan mías; esa sensación de que nada es perfecto ni quiero que lo sea. Tal vez sea plenitud, o quizás su quimera, pero lo cierto es que los años te dan una nueva visión de todo cuánto acontece a tu alrededor, acompañada de la tranquilidad y seguridad para entenderlo; claridad y perdón para impedir que los malos sentimientos te jueguen una mala pasada. Y sobre todo, el valor para ser uno mismo y aceptarse tal cual es. Si, por fin llegó la lluvia y con ella el lustro. Y si lees bien entre la maraña de palabras, pensamientos y sentimientos, seguro que te encuentras, porque ya formas parte de mi. Gracias por acompañarme en este viaje. Y mañana, no olvides coger el paraguas…

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Desde siempre

No recuerdo el día que nos conocimos. Sabes que tengo buena memoria y ese momento en que nuestras vidas se encontraron, el punto de partida de nuestros destinos en común, ha desaparecido entre mis recuerdos. Aunque lo más importante de esta historia, está grabada a fuego en mi corazón. Porque lo que los recuerdos pierden, lo encuentran los sentimientos.

Es al pensar en ti que aparece la gratitud. Por estar, siempre que lo he necesitado, pidiéndolo o sin pedirlo; por cuidarme, restando tiempo con los tuyos para dármelo a mi; por escucharme, entre cervezas y consejos, entre charlas interminables en días duros; y sobre todo, por respetarme, tal y como y soy (te ha tocado un cuñado coñazo), a mi y esa larga lista que ha desfilado por mi vida y sin más remedio por la tuya. Siempre con la mejor de las sonrisas, siempre con la mejor disposición, aunque en el fondo no quisieras. Son esa clase de gestos los que definen a las personas.

No, no recuerdo el día que nos conocimos, pero si todo lo demás. Nuestra juventud juntos, instituto, jueves gordos en la era del Carmen, tú con gafas, tú sin ellas, delgadita siempre, con ese punto de seriedad olvidado entre las cervezas que jamás hielan tus manos; conciertos y festivales, viajes, vacaciones y navidades. Porque eres joga, espíritu y búsqueda de respuestas. Inconformismo y cuidadora de tu gente. Madre, de unos hijos orgullosos de su madre. Hija, de una madre que presumiría de la hija que tiene y de un padre que la quiere con devoción. Hermana, de un hermano del que siempre fuiste su muleta y al que quiere como se quieren los hermanos. Esposa, de un marido que se despista en todo menos en lo que más le importa, que eres tú.

Mi cuñada. Toda una vida juntos, aunque el punto de partida esté desaparecido. Y es que quizás haya cosas que no recuerdo, pero siento todo lo demás. Por eso, ese amor que te tengo no es porque seas la mujer de mi hermano, sino porque eres una persona importante en mi vida, que lleva a mi lado, desde siempre…

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El paraíso

Os voy a contar un secreto. Yo sé dónde está el paraíso.

Fue sin querer, sin darme cuenta, sin buscarlo que lo hallé. Pasa con las cosas bonitas, con las que más deseas. Ocurre con los anhelos, con los sueños. Cuánto más cerca parece que están, más tierra de por medio hay, y es justo que los dejas de perseguir, que aparecen ante ti. Sí, tiene el universo esa manía de enredarlo todo. Quizás para que agradezcamos lo que tenemos y valoremos el tiempo que estamos aquí, o tal vez para hacernos ver que no era tan difícil lo fácil. Y lo fácil fue, lo sencillo que lo habéis hecho. Este amasijo de personalidades, tan suyas, tan vuestras, tan distintas, engarzadas a la perfección en una suerte de amistad qué transforma con la ayuda de la generosidad y el cariño, un puzle caótico en la más bella de las alianzas. Somos el resultado del tiempo, del amor, de las palabras y de la sinceridad, aunque a veces no nos guste escucharla, aunque a veces duela, pero ese es el camino para que la amistad sobreviva tanto tiempo. Y antes de que el alcohol obre su magia, quitando el blindaje a nuestra alma y nuestra vergüenza, y nos haga olvidar algún que otro momento de este día os voy a contar dónde encontré el paraíso. No estaba el final del camino de baldosas amarillas, allí dónde acabada el arcoíris, ni en el firmamento, escondido tras la estrella que más brilla; tampoco en la cueva de Alibabá con sus joyas, ni en las profundidades del océano durmiendo junto a la Atlántida; no lo busquéis bajo las equis que marcan los tesoros en los mapas. El paraíso no es un lugar, es cualquier momento que paso junto a vosotros. Una vida plagada de momentos que hacen que todo cobre sentido, por mucho que el universo se empeñe en hacer difícil lo fácil. Por eso hoy, aquí, este, es nuestro momento y nuestro paraíso.

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Tras la columna

Como los grandes. Así nos hicieron sentir anoche Sombra Doble en su penúltimo concierto antes de su despedida final. Se guardan la última bala para su tierra, Málaga. Pero ayer, en Granada, abajo, en nuestra incombustible planta, este grupo de versiones, se hizo grande, haciendo disfrutar a su público con temas de los demás que hicieron de ellos, en una sala que colgó el cartel de “sold out”. Normal que lo hicieran, dado el nivel de su espectáculo y del buen rollo que despiertan en sus conciertos. Porque no es sólo la música que tocan, versiones de todos los grupos que amamos del mundo indie y alguno que otro mas comercial que también se cuela sin desentonar en el resultado final. Es la complicidad que consiguen con el público, con el que hablan, bromean, y se divierten tanto con él, como él con ellos. Y simplemente, eso fue lo que vivimos anoche. Diversión, mucha diversión, entre saltos, bailes, risas y buena música. Una noche inolvidable para despedir a una banda inolvidable. Y todo, tras la columna que no nos dejó ver el escenario y que aún así, no restó ni un ápice de emotividad al concierto con el que nos dijeron adiós en Granada.

PD: a Sombra Doble. Vayáis dónde vayáis, todo la suerte del mundo. Gracias por haber hecho un poquito mas grande, la música indie.

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Palíndromo…

Sucede un día, así, sin más. Tu vida cobra sentido, las piezas encajan, parece que la felicidad la tienes un poco más cerca. Se podría decir, que casi puedes mirarla a los ojos. Sonríes. Tienes una sensación de bienestar, ese confort que cierra etapas con el incalculable valor de la satisfacción. Entonces te animas a más, y aparece el inconformismo, preludio de la insatisfacción, estado semejante a un sentimiento, porque quizás lo sea, o quizás no, pero sí sus consecuencias, porque al igual que los sentimientos hay que saber gestionarlos, para encontrar el equilibrio entre lo que se tiene y lo que se quiere, para no caer en la trampa de no tener nunca lo que se quiere.

Sucede otro día que la vida no funciona como tu pensabas. Que las cosas no salen como habías planeado, y cuesta aceptarlo, porque querrías que fueran de otra forma, como tu mente había imaginado que serían. Aparece entonces la frustración, la negación. Necesitas aceptar la nueva realidad y no puedes. Quieres gestionar la situación y no te ves capacitado. Quieres volver a mirar a los ojos a la felicidad que no hace tanto, tuviste tan cerca. Y sabes lo que toca. Admitir, aceptar, ceder. Adaptarse a la nueva realidad aunque cueste. Y así, cuando menos lo esperes…

Sucederá un día, así, sin más. Tu vida cobrará sentido, las piezas encajaran , y parecerá que la felicidad está un poco más cerca. Se podría decir, que casi puedes mirarla a los ojos. Sonríes. Tienes una sensación de bienestar, ese confort que cierra etapas con el incalculable valor de la satisfacción. Entonces te animas a más, y aparece el inconformismo, preludio de la insatisfacción, estado semejante a un sentimiento, porque quizás lo sea, o quizás no, pero sí sus consecuencias, porque al igual que los sentimientos hay que saber gestionarlos, para encontrar el equilibrio entre lo que se tiene, y lo que se quiere, para no caer en la trampa de no tener nunca lo que se quiere…

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Aporía…

El silencio acompaña los días.

Bálsamo de esos momentos frenéticos en los que el tiempo pasa veloz, acumulando cansancio, llenando el saco con estrés y agobios. Esa franja de va de lunes a viernes, dónde las horas se acortan, restando minutos en el global, aunque si concretas, parecen que se estiran. Llega entonces el fin de semana. Oasis perdido entre las arenas del tiempo semanales, lleno de planes, cubierto de descanso, ataviando dos días con la forma de los deseos. Condensamos nuestras ganas en el fin de semana, y por un lado queremos descansar, y por otro, no perdernos nada. Sin apenas notarlo, hagamos lo que hagamos, las horas se diluyen entre el ocio y el descanso, y sin saber cómo, aparece en el horizonte de nuevo el lunes, abriendo la franja, cerrando el círculo, compensando la lentitud con la rapidez, y haciendo del tiempo esa aporía, imposible de resolver. Toda la vida buscando una solución que jamás encontraremos. Y mientras tanto…

El silencio acompaña los días.

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Sueños de festival

Despertó el sábado radiante, sabedor de que su noche le daría al domingo una hora más, convirtiéndolo en el día más largo del año. Y así, feliz, se vistió de fiesta, espantando nubes, aclarando el día, regalándonos la brillantez necesaria para que la cuarta edición del Cúllar Vega Sound, se celebrara en el mejor marco posible.

Pacía el secadero entre la calma y el silencio de la vega, rodeado del trino de los pájaros y de la tierra recién arada. El aroma a campo lo envolvía todo junto al sonido del despertar. Llegamos cuando el sol ya calentaba. Ultimamos los detalles que quedaban y abrimos las primeras cervezas y las puertas del festival. Uno a uno, de dos en dos, los asistentes fueron llegando. Goteo incesante de ilusión y ganas. Las neveras acogían las cervezas flotantes, que harían de soporte vital de la fiesta que se avecinaba. La música empezó a sonar, la barbacoa a funcionar, quebrando el silencio. Los primeros bailes, las primeras charlas, las inagotables sonrisas. Sienna en acústico fue el primer concierto, aún con luz, todavía sobrios. Sonaba de fondo mientras comíamos, y ya se preparaba Dj. Rizos. Auténtica diva, de brilli brilli plateada, que en su primera vez se soltó la melena, haciéndonos bailar con sus mezclas. Sonreía y sonreíamos. Esa suele ser una de las consecuencias de la felicidad. La que sentía ella al verse delante de sus amigos, la que sentían sus amigos al verla a ella pinchar y feliz. “La pegatina” trajo consigo diversión, mucha diversión. Carreras abajo y arriba, saltos, y más bailes. Entretenimiento en estado puro. Las cervezas fueron dando paso a las copas y la felicidad crecía con cada sorbo que se daba, amplificando nuestros sentimientos. Esa suele ser una de las consecuencias del alcohol. “Vetusta Morla” también pasó por allí, maestros, incombustibles, mientras el fútbol acababa. Rayaba atardecer cuando “Indie al Descubierto”, tomó los mandos. Sesión de un “Muro” añorado, entre abrazos, bailes, y jager. “Arde Bogotá” vinieron después, calentando con su potencia a la casi noche que ya enfriaba el día. “Dj. Choco” emergió entre vídeos y temas nuevos. Un espectáculo parido con mucho esfuerzo y que por unas horas, estuvo perdido. El resultado fue apoteósico y diferente. Tras él, “La Plazuela”, con su flamenco electrónico que todos bailamos, incluso yo. Para entonces, no se si alguien había abandonado ya el barco o aún seguíamos todos. Con la noche ya sobre nosotros, los fuegos artificiales la iluminaron, y fueron preludio de “Dj. Javirey” que nos regaló su sesión de Supersubmarina (como no podía ser de otro modo). Una mezcla complicada que llevó con maestría. Aquí se me nublan los recuerdos. Sonó Juanpex, con remezclas de música noventera, que bailamos y disfrutamos con avidez. La noche fría y el cansancio fue espantando a los asistentes, y cuando nos quisimos dar cuenta, éramos muy pocos los que quedábamos. Ni siquiera sé si “La casa Azul” llegó a sonar. Solo recuerdo el aroma de la amistad de los quedamos, las conversaciones trabadas, los abrazos sinceros y ese bienestar que queda cuando uno es feliz. Porque si. El Cúllar Vega Sound es un festival de música, pero sobre todo, es un canto a la amistad y a la felicidad. Si miráis más allá de estas palabras, si rebuscáis entre líneas, si hurgáis en vuestros recuerdos, espero que encontréis esa felicidad de la que hablo. Porque si aún seguís con una sonrisa tonta en la cara, es porque lo de ayer, os hizo felices. Si es así, el fin con el que un día Jorge imaginó este festival, se ha cumplido. Gracias a todos y cada uno de vosotros por hacer realidad un sueño.

Comienza la cuenta atrás para la quinta edición…

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El desbroce

Y allí, tras una jauría de ramas, enredadas entre ellas, quebradas y retorcidas, se adivinaba la luz, la claridad, las respuestas.

Rumbo a isla ilusión. Un barco surca los mares de la esperanza, cargado de preguntas, vacío de certezas, creyendo que es único. Busca, no sabe bien el qué, pero busca. Un poco por soledad, otro poco por inseguridad, y un mucho por esa irracionalidad que rezuma el ser humano. Y así son los sentimientos. Y así quiénes los alimentan. Mentirosos. Porque una ilusión, una esperanza, no es más que una mentira hasta el momento en que se hace realidad. Pero hay algunas que nunca se hacen reales por mucho que lo desees. Es entonces cuando te das cuenta de que tu barco no tiene timón, y tu mente se enreda, cómo las ramas, robando la luz, la claridad. Te falta entonces el aire, las ganas, la vida misma aunque respires de ella. Las sirenas te atraen con sus cantos y deseas huir pero te acercas más, con esa forma tan sutil que tienes de buscar argumentos para auto convencerte. Y allí dónde había agua, sólo queda maleza. Que te rodea, te oscurece, te encarcela. Tratas de escapar, de liberarte, porque sabes que tras la maleza las respuestas te esperan. Y piensas: será época de desbroce…?

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Sin lágrimas no hay amistad

After fionas.

Las velas no mienten, ni la gente que tienes a tu lado. Viene uno a este mundo con una suerte incierta, con toda la vida por delante, con todo un universo por escribir. Nunca solo, porque desde el principio estamos arropados. La familia será la primera, los amigos el resto, todos al final. Y mantenerlos a tu lado, unidos, queriéndote, no es cuestión de suerte. La florecilla hace mucho que creció, manteniendo ese fino equilibrio entre ilusión y madurez. Sigue siendo pelirroja, rizada, alegre, feliz. Pellejera por derecho propio, amiga por convicción, prima por sangre. Los instantes se le quedan cortos, conviviendo en tantos frentes, que el descanso la llama a gritos con frecuencia, aunque haga oídos sordos. Porque quiere vivir, porque quiere disfrutar, rodeada siempre de la gente que la quiere, de la gente a la que quiere. Y hoy, a contrarreloj, pero con todo el amor que somos capaces de trasmitirte en cada palabra de este escrito, queremos recordarte, que estamos aquí por ti, y que sin lágrimas, no hay amistad, mucho menos sin sentir eso que sientes ahora mismo. Te aseguro que es lo mismo que sentimos nosotros por ti…

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