Puestos a pedir (Sábado)

Segundo asalto. Sonaba a lo lejos Iván Ferreiro, voz inconfundible de Los Piratas, acunando el día con su ritmo medio. Letras personales propias y de su ya desaparecido grupo, que todos conocíamos. “Años 80”, “Turnedo” y algunas más para conformar su espectáculo. Piano a caballo entre guitarras y bajo, ahogando a esa batería que por momentos se perdía entre tanta cuerda. Pero sonaba bien ese pop con tintes rockeros.

Con la noche cayó Amaia, sin mucho más que decir, con poco que ofrecer, quizás más nombre que otra cosa. Tal vez porque no es santo de mi devoción, aún sigo preguntándome que pintaba allí. Tuvo que tirar de Rigoberta, versionando uno de sus temas para que sonara algo de Indie en su actuación. Nosotros mientras tanto, llenábamos nuestros vasos y cogíamos sitio, para lo que habría de llegar.

Y lo que llegó fue La casa Azul. Abordó la noche esta banda de indie pop con su sonido disco, con su música electrónica y su puesta en escena futurista. El juego de pantallas mostrando imágenes al son de su música, jugando a la vez con las luces y ese escenario escalonado, dieron empaque a una actuación soberbia. No hubo tema que no cantáramos, con sus letras tristes y sonido alegre. Le cantaron al desamor, a la tristeza, a la frustración, pero también a la felicidad, al amor y a la amistad. No, no hubo canción que no bailáramos, saltando hasta casi rozar el cielo que admiraba a esta banda, tanto como nosotros. Y sin tiempo para recuperar el aliento…

Emergieron desde la oscuridad. Pequeños fragmentos de sus canciones cosidos en segundos, resumen milimétrico de lo que son, de lo que sonaría, prendiendo uno a uno los focos del escenario hasta alumbrar a la banda entera. Y comenzó lo inolvidable. Sonaron Vetusta y el silencio calló, dejando que sus canciones le atravesaran. Desgranó su nuevo disco dejando espacio para temas de los anteriores, algunos que ya creía olvidados, otros que ya forman parte de su imaginario. No dieron respiro, ni tregua. Música, cargada siempre de nuevos sonidos, de nuevos instrumentos, innovadores, arriesgados, pero siempre tan ellos. Y cuando crees que conoces lo que les escuchas, te lo cambian, haciendo nuevo lo de siempre. La percusión, al servicio del espectáculo junto a ese teclado inmortal, acomodado a las guitarra y al bajo. Y como no, sus letras interpretadas con maestría por Pucho, dándoles vida, dándoles sentido. Y la historia que contaron caló otra vez más. Poseídos, cantamos y bailamos, alzando nuestras manos al infinito, tratando de agarrar aquel momento para no que no se perdiera. Espero que no lo dejarais escapar…

Tras la tempestad vino la calma. Regresamos a la Vip, en busca de descanso y alimento, con Second de fondo. Apuramos nuestros últimos alientos, recogiendo las fuerzas suficientes para retornar. Nos precedían las sonrisas, por el tiempo ganado de nuevo en otro festival, por demostrarnos que la vida no es tan dura, por la dopamina generada, por todos los besos, por esa nebulosa jade que nos hipnotizó, por el equilibrio que hicimos posible, y por el momento que vivimos. La vida al servicio de la felicidad. O era al revés? Quién sabe, pero puestos a pedir…

Que queréis vosotros??

Leer Más

Miento cuando digo (Viernes)

No llovió. Se disiparon las nubes y nuestro miedo, dejándonos un cielo huérfano de agua y radiante, casi tanto, como nuestra felicidad. Nos recibió un suelo cada vez más alfombrado, testigo de las primeras fotos, puerta de entrada al Granada Sound de este año. Los de siempre habíamos llegado, repletos de ganas, ansiosos de fiesta, sedientos de cerveza, y desde el Vip, a mano izquierda esta vez, comenzamos a saciar nuestros instintos.

Con Siloé comenzó todo. Se tiró a la arena como los buenos toreros, sin miedo, guitarra en mano y armónica en la boca, y con “ La verdad” alzó el telón del espectáculo. Voz clara, sonidos ágiles , letras trabajadas, todo acompañado de una batería nueva en estas lides, que ha dado más empaque a esta banda Vallisoletana, que puso el listón muy alto a las 7 de la tarde. Y todo, marcado por el carisma y la calidad de su cantante, que sostuvo el espectáculo durante 45 minutos. Poco tiempo y demasiado pronto para ellos. Demasiado buenos para esa hora.

Veintiuno fue el siguiente. Aterrizó con su sonido fresco, bailable, pegadizo. Y desde “Dopamina” hasta “Cabeza abajo”, los allí presentes, no dejaron de bailar. A eso fueron ellos y a eso fuimos nosotros. A cantar unos y a bailar todos. Para entonces, el día había dejado su sitio a la noche, trayendo consigo a Murcia y sus bandas. Pero antes, y desde Aranjuez…

 Rufus T. Firefly o la elegancia personificada. Supieron elegir bien el repertorio, y mejor aún supieron interpretarlo. La teclista ponía la sobriedad a la batería, que con maestría subía el nivel de la guitarra, que intentaba equilibrar a ambas. Subían y bajaban el ritmo, rellenando de sonido los huecos que dejaban las letras. Potencia, dureza y la dulce psicodelia de unas notas, que por momentos, acariciaba nuestros oídos.

Tras ellos, los primeros de Murcia. Llegaron uno de los más deseados y con Arde Bogotá nos desatamos. Prendidos de la voz ronca de su vocalista, saltamos, bailamos, cantamos, dejándonos jirones de nuestra propia voz en cada tema. La batería sobresalía por encima de todo, pero sin restar importancia a las guitarras que marcaban el camino de las letras que todos conocíamos. Noveles con hechuras de gran banda, invitaron a Viva Suecia a compartir con ellos “Que vida tan dura” y aún no sé, que voz sonaba mejor. Un espectáculo al servicio de disfrute de todos los que allí estábamos, consolidando a otro grupo con el carisma de su cantante.

De nuevo otros murcianos, Viva Suecia. Sus ritmos han virado a poperos con su último trabajo, y aún así, supieron sacarle partido. De nuevo potencia, como si en Murcia la regalaran. De nuevo guitarras, y de nuevo batería. Fuerza en la voz de Rafa y letras que todos nos sabíamos de memoria. Un espectáculo casi conocido y un favor devuelto cuando invitaron a Arde Bogotá cantar con ellos “El bien”. Y así de bien sonaron, así de bien nos hicieron sentir y disfrutar.

A los terceros en discordia, Varry Brava, los escuchamos desde la zona Vip, lo más parecido del recinto a una costa con el mismo nombre que su apellido. Pizza en una mano, cerveza en la otra, digiriendo lo que acabábamos de vivir. Suspirando por otro Granada Sound juntos, brindando otro año más por la amistad. Juntos empezamos esta aventura, todos y cada uno de nosotros. Juntos seguimos año tras año. Y juntos hemos logrado crear un grupo tan potente como los que vimos, tan unido como los que tocaron y tan fuerte, que “miento cuando digo, que te miento cuando digo” que no quiero volver a repetirlo, sin vosotros a mi lado…

Leer Más

De otoño

Olía a julio no hace tanto, a jornada intensiva, a indeseables madrugones, a siesta, a calor, a gazpacho y salmorejo, a días largos y noches cortas; olía a verano feliz después del final, a paz y tranquilidad, a nuevas citas, perdón, quedadas, para no asustar a nadie, y olía a planes que habrían de llegar, ilusiones que fuimos cumpliendo y tachando a la vez de la agenda. Se ocupó agosto de mantener el ritmo y de rellenar nuevas fechas con más planes, agrandando la sonrisa y las ganas de vivir. Y a estas alturas, queda mucho por hacer. Volvió a demostrar la vida, que basta con un poco de ganas, para conseguir mucho. Que la chispa adecuada funciona tanto para incendiar y quemar todo lo malo, como para prender la luz de nuevos comienzos. Nunca la cobardía tuvo la fuerza de empezar algo, ni la indecisión, menos aún el miedo.  

Olía a julio, y estaba seguro de quien era, de quien soy, incluso en agosto, pero ahora que septiembre tiende a evaporar lo que queda de verano, los ilusión sigue intacta, mordiendo las ganas con fuerza, en su afán de tocar la felicidad con los dedos. Y la noto cerca. Tanto, que podría hacerse pasar por mi. Porque no hace falta mucho más: un puñado de planes, una pizca de ilusión y no vivir eternamente de otoño.

Leer Más

Entre estrellas

Agonizaba agosto, derramando sus primeras lágrimas sobre nosotros, y esperaba el mini bus. Empapado y medio vacío, lo fuimos rellenando con la ilusión de quien va a ver a una de las mejores bandas en el panorama indie. Vídeo mediante, fuimos subiendo hasta completar la guagua con música y sonrisas. Chicos y grandes viajamos hasta Loja, donde un campo de fútbol acogía la actuación estelar de sus fiestas y de sus artistas más conocidos. Lori Meyers, tocaban entre su gente para el resto del mundo. Fueron de aquí y de allí, solo por verlos, solo para escucharlos. Y valió la pena. Transitaron sus mejores temas, entre la voz inconfundible de su vocalista, entre ese sonido con regusto a tiempos pasados y tan moderno a la vez, y un espectáculo de luces inolvidable. Guitarras sosteniendo la batería, o era al revés?, y el bajo sin saltarse las normas. Todo aséptico y a la vez grandioso. Sonido perfecto, sin una brecha por la que desafinar, grandilocuente en ocasiones pero sin llegar a empalagar. Un gran espectáculo de una gran banda. Los lojeños conquistaron su tierra y de nuevo mi corazón, en una noche limpia y estrellada.

Día jueves, seis después de Lori, L.A. nos esperaba en las alturas. El Hotel Barceló Carmen se vistió de gala para dar cobijo a dos festivaleros y alguna gente más. Las cervezas enfriaron nuestras manos y brindamos por la nueva aventura, por dejar atrás malos rollos, y sobre todo por un futuro que yo deseo que sea perfecto. La Alhambra observaba desde la lejanía, envidiosa de nuestra felicidad, y una Granada de ensueño, se mostraba más bella desde allí arriba. Las sillas se fueron ocupando de cobijar a los espectadores, y entre el anochecer y las campanas de la Virgen de las Angustias, comenzó el concierto. Solo guitarra y voz, no hizo falta nada más. Acústico familiar, cercano, con un Luis Albert inspirado. Su voz fue el timón y la guitarra el impulso. Sonido claro y fresco, como la noche que cayó sobre nosotros, y un despliegue vocal, al alcance de muy pocos. Nos llevó de la mano por los temas que queríamos escuchar y otros que no conocíamos, y todos, los sacó con nota. Aquella noche, una estrella se coronó entre estrellas, y nosotros nos fuimos con una sonrisa en la boca y pensando ya, en el próximo concierto.

Pd: A Gema. Agradecerte contar siempre conmigo y no dejarme sólo ante la música y sus estrellas.

Leer Más

Desde el exterior

Comenzó el verano con un final, y este final sólo fue otro principio. La rueda infinita de la vida aunó dramatismo y libertad, sacando a flote algunas verdades, muchas mentiras y dejando claro que los manipuladores no eran los que se decían que eran. Retorné a la vida que nunca debí abandonar, reencontrándome conmigo mismo. Ahora vuelvo a la tranquilidad de mi hogar, sin más obligaciones que las que yo me impongo, sin más preocupaciones que las que mi vida me otorga. Solo y feliz, veo el rincón iluminado por la lámpara de sal, rojiza, tenue, pacificadora de un día duro, relajando el comedor y sus alrededores. Mi mente, que nunca descansa, siente esa felicidad que ahora me atraviesa. Veo la persona que soy, reconociéndome en mis errores, definido por ellos, imperfecto. Y aun así, me gusta como soy, lo que soy. Toda la vida sobreviviendo, y a estas alturas, pienso con una sonrisa en la boca en todos los viajes que jamás haré, en todos los restaurantes a los que no iré, en todos los sueños que nunca cumpliré. Planes imposibles a lomos de una ilusión que tira de mi para seguir luchando por ellos. La sed y el hambre invisible que me mantienen vivo. Insaciables, inagotables, irreductibles. Por eso, en un verano de principios y finales, he vuelto a encontrar lo más importante: a mi mismo, lleno de vida, algo roto pero tranquilo. Y quien me conoce, sabe que no quiero más, solo estar mejor. Miro en mi interior, rebusco, hurgo, tratando de encontrar las respuestas, y vuelvo a sonreír. Porque tengo algunas, porque seguiré buscando otras, pero siempre dentro de mi, que en el exterior  no me conocen como yo, y además hace frio…

Leer Más

75 años después

Llueve. Este día 3, justo el día después de que Doña Mercedes cumpliera 75 años en compañía de sus hijos y nietos. Sólo ellos. Sólo nosotros. Sólo la familia. La que fuimos, la que somos y la que seremos. Sopló las velas y sonrió. Comió tarta y sonrió. Sonrió y sonreímos. Por los años que aún le quedan y por los que nos regaló. Por verla sana, por sentirla feliz, por su incondicional amor. Porque ni en toda una vida, podremos devolverle todo lo que nos dio. Y es que eso tienen las madres. Que son impagablemente indispensables. Con un cielo amenazante volvió a su casa, a su sofá, a sus libros y series, pero jamás a su soledad. Somos más de 3 para rellenar los huecos que el tiempo trata de dejarle. Y cuánto más se acerca al fin, menos sola está. Cafés y besos para arañarle tiempo a las horas del día. Visitas por las tardes entre chinches y cariño. Y el hijo que habita a sus pies. El único coñazo que tiene, su única preocupación. El que sobrevive por ella y para ella. El primero, el mayor, el de abajo. Un 2 de Septiembre de 1948 vino al mundo Mercedes Roldan Aguilar. La última, la pequeña. Le acompañó una vida llena de luchas, de sacrificios, de tristezas y de alegrías. 75 años después aquí sigue, algo mas cascada, mucho más sabia, con el deber cumplido, arropada por sus hijos y sus nietos. Y en el tiempo que reste, trataremos de hacerle olvidar las tristezas. Porque merece ser plenamente feliz, aunque sea en el sprint final, aunque no está para muchas carreras ya. Por eso la llevaremos en brazos hasta la meta. 75 años después, perdonado todo lo que había que perdonar, deberías saber, que todos tus hijos sentimos que tenemos la mejor madre que se puede tener…

Leer Más

De par en par (segunda parte)

Se miraba el sol en la piscina, aplacado por el agua, mientras nosotros buscábamos una sombra donde comer y beber. Mesa larga para todos los que habríamos de ser, con arroz y presentaciones de por medio. Baños y bailes, risas y fotos, y la promesa de que al llegar la medianoche nos reencontraríamos. Y así ocurrió. Las pantallas del escenario palpitaban ganas, nuestros corazones anunciaban fiesta y la noche se intuía larga. Sí. Hubo que bailar, bajo los efectos del Jager y de todas las copas que bebimos. Cantamos, saltamos, reímos, disfrutamos y sobre todo, fuimos felices, otra vez, para quien lo haya dudado alguna vez. Así fue, cada una de las noches que nos juntamos en aquella plaza, con cada una de las personas que conocí en Somontín. Esas que son de allí pero su vida les llevó lejos y retornan cada año para no olvidar de dónde son. Raíces arraigadas a una tierra que los ancla para no hundirse jamás. Calles estrechas para regalar sombras, escoltadas por casas blancas con las puertas abiertas de par en par. Ese lugar dónde todos se conocen y el vínculo es tan estrecho como sus calles y abren sus corazones tan de par en par, que es imposible no entrar. Y ahora ya no quiero salir. Supongo que eso tiene la buena gente, que cala enseguida, como la lluvia fina. También hubo comida en la calle, barbacoa en las alturas, y seguro que algún amor de verano, vete tú a saber, porque el corazón y la ganas, las carga el diablo. Pero todo eso lo dejamos para el verano que viene, que de algo tendremos que hablar cuando regresemos.

PD: A mis amigos de siempre y a los nuevos, (ya sabéis quiénes sois). Gracias por abrirme las puertas de vuestro pueblo de par en par.

Leer Más

De par en par (primera parte)

Llegamos a Somontín de tarde, entre el bochorno y la calor de un día de agosto. El plan trazado hace meses comenzaba su andadura solo con los miembros que conocen el verdadero significado de la amistad. Desembarcamos en un palacio de tres plantas desde dónde el horizonte parece más cercano, casi tanto como el cielo. Techos planos, edificios colgados del tajo que sirve de límite entre la naturaleza y nosotros. Abrimos puertas y ventanas para convertir el aire en corriente y poder alejar la calor de aquel viernes. Los más jóvenes salieron en busca de más juventud y nuevas amistades mientras los menos jóvenes buscamos una playa sin olas, espejo de la luna, y en su orilla cenamos, abriendo melones e iluminados por la compañía que nos damos los unos a los otros. Era la primera noche en la plaza del pueblo que nos esperaba para brindarnos los primeros Jager. El escenario vacío la presidía impaciente por verla repleta de las gentes del pueblo, que vienen cada verano a darle la vida que le falta el resto del año. Pero eso sería la siguiente noche.
Silencio y cantos de golondrinas en un amanecer fresco y con brisa, que mecía las hojas y las banderolas que adornaban la plaza recién levantada. Café para espabilar el día antes de conducir hasta Urrácal. Sonaba La Plazuela en el trayecto vertiendo sobre mí su demoniaco sonido, que yo escuchaba desde el inframundo del coche. El agua había erosionado el paisaje formando tajos, limando las montañas con su roce, moldeándolas a su antojo, y creando el refugio perfecto de la paz y la tranquilidad. Descendimos hasta sus entrañas agarrándonos a las piedras, apartando las ramas, y fotografiando los cortados que se erigían majestuosos sobre nosotros. La calor nos esperó a la entrada y y nos recibió al volver sobre nuestros pasos, así que para espantarla, nos sentamos alrededor de una mesa, y cerveza en mano, volvimos a abrir el melón, imaginamos un hastag que jamás usaremos, y descubrimos que no hay mejor forma de desenredar las cosas, que atando cabos. Volvimos a Somontín con el Karma y las ganas intactas.

Leer Más

Promesa

Cinco años atrás, el Chavarino aún lucia. Refugio deseado de unos primos más jóvenes, a orillas de la acequia y al borde de los maizales, nos sirvió entre velas y la noche, el frescor que desprende el campo. Pusimos sobre la mesa nuestras vidas, y nos guardamos los secretos los unos a los otros. Cerró nuestro cuartel de verano, y otro 9 de agosto y por causalidad, nos volvemos a juntar, la rubia, la pelirroja y yo. Mismo día, distinto lugar, alardeando de la felicidad con la que afrontamos nuestra madurez. Convertimos la acequia en mar y el maíz en arena, y sobre una toallas, hablamos de todo lo que se puede hablar y de lo que no también. Nos reímos de los dramas y de sus dramáticas consecuencias. Recordamos pretéritos imperfectos, cuando aún creíamos que eran presentes perfectos. Descubrimos que desde arriba todo se ve mejor. Recontamos amantes, sumando o restando en función de las ganas. Murmuramos cómo somormujos que algunas cosas ya no importan, y las que importan son las que nos mantienen vivos. Frungimos con la mente, aunque no os contaré con quien, ni cuánto, pero siempre es poco. Fotos y arrebatos, para dar aire a nuestros secretos, que intentaron huir para no ser descubiertos. Así se nos fue la tarde. Entre arrumacos y serenidad. La que te da la vida cuando casi has conseguido que sea pluscuamperfecta. Regresamos con la noche, con la duda de si, vestido o mono, y con la promesa de que cada 9 de agosto, como siempre y sin tarjeta, inventaremos cualquier excusa para juntarnos y certificar que los primos aún sonreímos.

Leer Más

Openheimmer

La memoria es frágil. Y corta. El tiempo se empeña en hacer lo olvidar lo más lejano como si recordar fuera un esfuerzo tiránico, y cuánto más atrás, más cuesta. Por eso tendemos a olvidar, porque no nos gusta esforzarnos. Pero recordar, es la única forma de no repetir errores.

78 años. Hiroshima quedó arrasada por la primera bomba atómica lanzada a este mundo. Le siguió Nagasaki el 9 de agosto. Los americanos quisieron zanjar así la Segunda Guerra Mundial, y dieron la estocada final a Japón. Casi 250000 personas fueron borradas de la faz de la tierra. Y algo que parecía el final de todo, sólo fue el principio. Una carrera armamentística para ver quien hacía mas armas nucleares. Rusia y EEUU, aliados de conveniencia contra los nazis, volvían a ser enemigos acérrimos. Y hasta hoy. La historia nos demuestra, que no hemos aprendido nada. Seguimos enfrentando al mundo. Formas dispares de pensamiento, distintos estilos de vida, diferentes creencias. Armas en vez de palabras. Bloqueos en vez de entendimiento. Egoísmo personificado en la sociedad que hemos creado, dónde lo mío, es más importante que lo tuyo. Y así nos va. Cada vez más alejados. Cada vez más distantes. Cada vez más intransigentes.

En Los Álamos dieron vida al Proyecto Manhattan, y bajo la dirección del físico nuclear, Robert Openheimmer, desarrollaron las bombas nucleares. Y aunque estuvo de acuerdo en que se lanzaran las bombas, el tiempo le demostró, que tal vez, no debería haberlas fabricado. Pero así son las reacciones en cadena. Una vez que empiezan, es difícil pararlas. Y para eso está la memoria. Para ponerle un poquito de freno a estas reacciones. Si no dejamos que empiecen, no habrá que parar nada. Estamos a tiempo de hacer un mundo mejor. Y esta es la mejor razón para hacer el esfuerzo de recordar…

Leer Más