Asentimos por inercia, dejándonos llevar por la flojera cobardía de la rendición. No hay ni un atisbo de rebelión, apagada con maestría por el implacable mecanismo de la publicidad y la machacante maquinaria de la manipulación. Hemos cerrado los ojos y hemos escondido las hachas de guerra para hacer de nuestros lamentos tan solo un murmullo lejano de quejidos sin protesta, para alzar la voz sólo para lamentarnos volviendo luego a la tristeza de un país que sigue tan ciego como para seguir votando de nuevo a lo viejo. Nos han transformado, han conseguido acallarnos y transformar sus fechorías en desgana del pueblo, para dejarnos llevar y no mover ni un músculo en intentar cambiar todo esto. Caminamos hacía la tercera parte por culpa de ellos, pero sobre todo, por culpa de nosotros…