Y así es como se acaban las cosas. Lentamente, ahogadas en los vacíos que nos llenan, imperceptibles. Silencios que vuelven a gritar basta, arrastrándote a un final no escrito, al que se podía haber puesto ese punto, hace tiempo. Hubiera dolido igual, pero hubiera sido más sincero. Ahora toca desmontar todo, embalar pasados y tirar de la cadena para que el retrete se lleve los futuros que quisimos vivir por adelantado. Las prisas nunca fueron buenas, y es mejor disfrutar el presente, que soñar con el futuro. Han vuelto las cobardías a manejar los hilos, en un fifty-fifty, entre el dolor propio y el ajeno, entre el Amor y los enfados. Y así dejamos para el siguiente Domingo lo que no quisimos decir entre semana, porque ya tendríamos tiempo de hacerlo, y ese tiempo llegó. Aquí sólo hay un culpable, cobarde eterno, al que le sigue dando miedo la gente y su dolor, que lleva luchando tanto tiempo consigo mismo, que se olvidó de todo lo demás, preguntándose cuántas veces tiene que morir, para volver a sentirse vivo.Y así es como se acaban las cosas, con palabras sin terminaciones…