He vuelto a desatar la tormenta. Experto demoledor y consumado traidor, hago añicos cuanto toco, empeñado en destruirme y destruir todo a mi alrededor. Tal vez sean los espasmos el precio a pagar por tanta mentira, y este dolor que roe las entrañas, por no saber contener un tsunami que lo engulle todo, arrasando mi propia vida y la de los que se me acercan. No ha regresado la oscuridad, porque nunca se fué. Ha vivido desde siempre conmigo, tratando de esconderla para que no rehúyan de mí. Va tocando huir, lejos, tanto que ni el recuerdo pueda doler. No soy merecedor de nadie, ni siquiera de mi mismo, y tengo tanto de mi Padre, que me entristece pensar, que he pasado toda la vida luchando por no parecerme a él. Que derrota tan amarga, más aún, cuando intentas mejorar, y lo único que consigues, es ser cada día peor. Buscad la luz en otros sitios, alejaros de este mar oscuro que sólo trae malos augurios y levantad la vista al cielo, porque allí vive la verdadera luz. Creo que ha llegado la última parada y a partir de aquí se viaja sólo. Ojalá los recuerdos duelan menos que la realidad y encontréis en ellos, el Yo, que jamás fuí…