Cortinas bailarinas, mecidas por el viento. Remolinos de brisa, que dan vida a una tela que quiere abrazar el espacio que queda entre mi cama y el balcón. Es la fina linea que separa, el interior del exterior, frontera de hilo en blanco y negro, que se descuelga cual telón vistiendo de círculos todo cuanto toca. Hojas gemelas, contrayéndose al ritmo de la inspiraciones para más tarde inflarse con cada expiración. División transparente, que oculta tan poco como enseña, dejándose atravesar por el ruido de la calle, impregnádose de charlas callejeras, de motores que rugen a su paso por su lado y de murmullos intraducibles que se perderán en la nada conforme se alejen de ellas. Suelen ser tranquilas, inmóviles, dejándose manejar al antojo de quién las corre y descorre, según las necesite, pero esta hoy están inquietas y de la mano del viento, bailan al son de una noche que las empuja hacía mí, queriendo demostrar, que no es tan invisible, como pensamos…