Pianistas y otras especies

Despertamos después del día, justo en el momento en que otros iban a dormir. Noche estruendosa, de sonidos mezclados con chacharas interminables de aquellos que a nuestro alrededor intentan despistar al sueño entre nieve para el desvelo. Pianistas que jamás estudiaron solfeo que despejan su mente en duchas comunes limpiando así su cuerpo e intentando volver a una realidad que las notas que tocaron, hicieron olvidar. Volvimos a cargarnos de ganas y salimos en busca de una mar que se acercó cuando menos lo deseamos y se alejó cuando menos lo esperabamos. Mareas al ritmo de una Luna que no vimos en ningún momento en un cielo más azul que el agua en la que nos bañamos. Nos fuimos tiñiendo de rojo a lo largo del día, entre ventas ambulantes de hielo, agua y cualquier bebida que sirviera para aliviar la calor y la quemazón de un sol que no dió tregua. Huimos de él buscando una ducha que aliviara nuestros cuerpos de sal y cansancio y regresamos lo justo antes de volver a partir en busca de escenarios donde volvieron a mezclarse sones distintos, estilos variados de música que unieron pueblos enteros. De aquí y de allí, brotaron melodías que mecieron el día hasta dormirlo, y acabaron asustando a dos mujeres que me dejaron compartir con ellas un festival en el que vimos como distintas especies bailan al ritmo de un mismo pianista…

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Girasoles tristes

De arriba a abajo. Dejamos tan lejos el Norte, que ya sólo es un recuerdo y avanzamos en su contra, tan al Sur, que casi traspasamos la frontera. Cambiamos de compañía y de paisajes pero el plan sigue siendo el mismo, escapar otro fin de semana de la rutina y buscar otra excusa para divertirse y hacer de esta vida algo más que sobrevivir. Casas de tela donde dormir estos días sobre colchones de suelo. Letrinas y duchas comunes de las que pasaremos de largo a la espera de la limpieza de las de nuestro hogar. Buscamos una sombra imposible donde plantarnos entre un mar de tiendas adosadas, que ocuparon los mejores lugares ya hace días. No hubo sopa caliente, sólo litros de tinto con sabor a limón, que nos fué calentando mientras se acercaba la hora de los más Vetustos. Cumplieron, sin más, dando paso a unos Violadores que buscaban con ahinco unos versos a los que destrozar, mezclando palabras y rimas, transgrediendo las normas para dejar su mensaje. Noche ventosa, descampada de estrellas, que acaba de empezar cuando nos fuimos a dormir, dejando atrás a los Reyes de los Gitanos, y mientras intentabamos conciliar el sueño, entre sonidos de DJS lejanos, no dejaba de pensar en todos esos girasoles que nos escoltaron hasta llegar aquí, y que estaban tan tristes por no poder ver alguno de estos conciertos…

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Punto y casi final

Y acabó, no sin antes gastar las últimas fuerzas, de quemar los últimos cartuchos. Todo empezó a terminar con el inicio del día, viendo como unas piedras dan títulos con solo levantarlas o como inventar un balancín con un hombre y unos sacos. No eramos los más cansados pero sí los más sedientos así que pusimos rumbo al restaurante en busca de calmar nuestra sed antes de comer. Parada y fonda entre barricas de sidra que ponían limite al barracòn donde unas brasas nos dieron de comer. Comida en familia con desconocidos, con los que no nos importó compartir mesa. Expulsados y borrachos, no nos quedó más remedio que buscar otro lugar más «Zentrico» y fué allí donde nos sorprendimos persiguiendo Dianas, como ratones a flautistas, bailando de pared a pared, hipnotizados por ritmos pegadizos que jamás acabaron en precipios. Y así quemamos el día, y sin darnos cuenta, la noche multiplicó la fiesta y la gente. Los sonidos se agolpaban, barriendo el silencio y las horas. Ya no había calles solitarias, ni silencios sin música. Sólo una ciudad vestida de gala para todo aquel que quisiera divertirse. Y a media noche decidimos volver, antes de que la carroza se transformara en calabaza, dejando tras de nosotros ecos de un viaje, que otro año, no es más, que un punto casi final…

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Puntos de fuga

Seguimos de viaje, otro año más, dejando la huella de este grupo de amigos que año tras año mantienen viva la llama del Pellejo, ese juego que se ha convertido en nexo de unión de tan diferentes formas de ser. Vamos rotando en nuestras ilusiones, y nos encargamos por turnos de planear cada año una despedida de temporada que le de a los demás unos días inolvidables, sea donde sea, porque al fin y al cabo, lo importante de cada viaje es siempre lo mismo, nosotros, la compañia de cada uno de vosotros. Pero el de este año, no es un viaje cualquiera. Hemos viajado a un sueño, al sueño de una persona que deseaba tanto esta escapada, que se ha hecho realidad. Nos encontramos al otro lado lado de la pantalla, ese lugar que vemos en la tele, tan lejos y tan cerca a la vez, protagonistas esta vez de una fiesta tan soñada y deseada por mi hermano. Hemos vuelto a transformar diferentes puntos de vista en uno único punto, ese en el todos nos covertimos en una sola alma. Somos muy diferentes, pero tenemos algo muy valioso, el respeto, ese que nos profesamos sin dudar un sólo momento, dejando de lado nuestros gustos para hacer posible el deseo de la persona que ha invertido tanto tiempo en buscar un buen plan para todos los demás.
Hemos atravesado un país entero para acompañarnos, para no sentirnos solos en una nueva aventura en la que a estas alturas, aún no sabemos si los toros son tan fieros como los pintan. Los hemos oido atravesar calles estrechas escoltados por el blanco y rojo huyendo, no sabemos todavía quién de quién, en una carrera plagada de miedos y tropiezos. Olor a vino impregnando la ropa y el paladar, y miles de personas celebrando un San Fermin que ya conoce de nuestra existencia. Dicen Vetusta Morla: «Los viajes me han enseñado que los grandes recuerdos suelen estar ligados a grandes personas, y que cuando viajas no es casualidad toparse con seres humanos realmente extraordinarios». Llevamos ya muchos viajes juntos y puedo afirmar con toda seguridad, que la mayoría de esas grandes personas, están hoy conmigo sentadas en esta mesa. Estos días hemos sido parte de un sueño en forma de un nuevo punto de fuga. Ojalá no se acaben nunca…

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Punto y seguido

Calles cortadas poniendo trabas a nuestro desembarco en Pamplona. Llegamos de noche y la multitud se agolpaba en el parque para ver toda la belleza que la pólvora puede trazar en el aire. Un castillo de fuegos artificiales coloreando el cielo donde hasta las estrellas, dejaron de brillar. Blanco y rojo, el camuflaje indispensable para parecer un Pamplonés y ganas de compartir una fiesta y una tradición que atrae a tanta gente. Nos lanzamos a las calles con ganas de descubrir y de compartir, y nos recibió una marea de gente, cubriéndolo todo. Música por las esquinas invintándonos a bailar a cada momento. Bebida sin descanso y una gente tan educada como simpática. Entre bailes y cubatas diluimos la noche y nos dispusimos a guardar sitio para ver el encierro. Horas de cansancio a lomos de unas tablas tan duras como el tiempo que pasamos sobre ellas y todo quedó en el olvido cuando toros y corredores, desfilaron ante nosotros. Un espectáculo que por fin vivimos sin una pantalla de por medio. Rendidos y cogidos de la mano de la mañana, regresamos al piso a dormir de día lo que de noche no pudimos, y poner así punto y seguido, a un San Fermín, al que aún le quedan unos días…

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Punto de partida

La noche pataleaba, pidiendo a gritos que no nos fueramos. Los rayos iluminaban un oscuro cielo que blanquecía antes de que el amanecer llegara, mientras que los truenos despertaron la mañana antes de tiempo, y la lluvía intentó borrar el camino que lleva hasta Pamplona para que no abandonaramos esta tierra. Y entre nubes emergió el Sol y las ganas de partir, atraido por un canto incesante de pájaros que arrastraban con su trino nuestros destinos lejos de aquí. Entre encierros lejanos y cafés fuimos dando forma a la mañana, poniéndonos por montera una furgoneta y una bandera. Una nos acoge y la otra nos ata libremente a una tierra que nos ve partir rumbo al norte, en busca de una tierra que tantas veces hemos visto y que jamás hemos pisado. Con bajas de última hora partimos, hacía un punto de llegada que días después, se transformará, en punto de partida…

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Futuro

Encaramado, oteando lo que es, e imaginando lo que será. No será lo que lo demás desean que sea, sino lo que yo provoque. Es mi empuje lo que hará que suceda, la lucha diaria que conseguirá alcanzar las metas que nos hemos propuesto. Hogar, risas, caricias, ilusiones vestidas de tan diferentes palabras, pero que encierran un sólo significado, Felicidad. Equipaje de mano para un viaje largo, sin destino seguro, descubriendo nuevas tierras y nuevas rutas, convirtiendo la maleta en vestidor, y las las paradas en hogar. Todo un futuro a nuestros pies, al que colorearemos con nuestros mejores deseos, y alejeramos de él a todos aquellos que no creyeron que sucedería. Miro desde lo más alto un horizonte que espero me devuelva la luz y el amor que hemos puesto en él…

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Sin canción

Palabras sin sonido, huérfanas de melodía, buscando las notas que las acompañen para transformarlas en canción. Canciones, la inspiración que estrofa a estrofa describe tanto sentimiento acumulando deseos e ilusiones, haciendo crecer la semilla que plantamos sin querer. Titulos que nos acercan y letras que unen entre lecturas que nos hacen más grandes a través de relatos ajenos y de historias inventadas. La manera perfecta de entender lo nuestro a través de los demás y de comprender a los demás poniéndonos en su lugar. No quiero palabras rehenes en esta historia, a las que haya que sacrificar por rescate alguno, aunque algunas se ocultarán para no herir a nadie. Y todas y cada auna de ellas temblando, esperanzadas de encontrar esa melodía, que las conviertan en canciones…

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Divagaciones

Brechas abiertas para defenderte, para no sentir el dolor y que ahora crecen tanto que hasta un océano cabría en ellas. Estrechas grietas que van carcomiendo el castillo que levantamos en nombre de todos, y que lentamente se desmorona, como si de naipes se hubiera construido. Desalojados del paraiso donde todo se nos concedió y que el pecado propio, nos apartó de él. Trazamos fronteras y delimitamos vidas, poniendo límites a lo ajeno por un miedo irracional a hacernos daño. No confiamos en los demás porque no confiamos en nosotros mismos. Perdimos el norte sin haber viajado siquiera y ahora vagamos por un mapa que no lleva a ninguna parte, esperando que una Estrella Polar nos muestre el camino. Pululamos sin destino hacía cualquier parte, nómadas estacionados en un Oasis imaginario, muriendo de sed y de vida. Y entre tanto desorden una única verdad, yo, tu yo y el mío, el de cada uno, haciendo que nos sentamos seguros a pesar de tanta desorientaciòn, que aprendamos a confiar en nosotros para confiar en los demás, que andamiemos el castillo para que nos siga defendiendo, y que tapemos todas las grietas, para que las brechas no sean vía de escape de nuestras almas…

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Sentipensantes

Errores inacabables los de todos, perdones infinitos si no hay maldad en sus hechos. Razones inexplicables para unos y verdades auténticas para otros. Discrepancias entre tu pensamiento y el mío, sin una realidad certera que pueda dar un vencededor a esta lucha de razonamientos. Decisiones que se toman atraidas por sentimientos, y que si las pensaras, jamás se llevarían a cabo. Tú y yo, sucursales distintas de los mismos hechos donde la diferencia es tan grande que a veces nos confunden. Podría decirte que no lo siento y te mentiría, porque hacer de padre, mucho antes de tener un hijo, me hizo quererte más, que a mí mismo. Apoyo incondicional, sin esperar recompensa, tan sólo porque eras tú, no me hacía falta nada más, y jamás pensé que mis decisiones fueran un error, por mucho que te equivocaras. Pasa el tiempo pero nada ha cambiado. Sigo donde mismo, metiendo la pata, pero conociendo mi norte y reconociéndote en cada decisión que tomas. Intentando fallar lo menos posible (aunque no lo creas) y buscando una felicidad que parece que todos merecen menos yo. Somos lo que somos, condenados a vivir con nuestras personalidad de por vida e intentando buscar ese equilibrio que nos proporcione estabilidad. Es así de simple. Intentaremos no quebrar nada, que todo quede como está, para secar todas esas lágrimas que se derramaron entre los sentimientos y los pensamientos…

A Javi, el hermano más pequeño, por encontrar la paciencia…

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