Acumulamos semana y juntamos cansancios. Vamos llenando los bolsillos de agobio y gastando las fuerzas que el lunes comienzan renovadas, hasta consumir el último aliento bien entrado el sábado. Prometemos descanso el fin de semana, convirtiéndose en una mentira más, y en otra promesa no cumplida. Conciertos, romerías y festivales, cualquier excusa es buena para disfrutar de la vida y sus quehaceres, y posponer un poco más el descanso. Amigos, bailes y copas. Charlas, secretos y abrazos. Todo aquello que nos mantiene vivos pero que nos lleva sin remedio a una rendición dominical obligada. Amanece el domingo, tan distinto al imaginado, cocinando lo planeado para bocas imprevistas, en un intercambio de sabores que deleitaron a la tarde, que se sentó tan comodamente a ver la peli que puso punto y final a un Domingo que no fué tan maldito…