«Sigo aquí»

Respiro, y aún mejor, vivo. Aquella pequeña vibración, aquel temblor inaudible fue cogiendo fuerza, creciendo bajo mis pies e hizo estallar sobre mí, el Universo y sus entrañas. Una reacción en cadena que voló mi mundo, destrozó mi alrededor tal y como lo conocía, y me obligó a empezar de nuevo. Una decisión tras otra, los pasos hacía el abismo no cesaban, sin frenos y sin paracaídas. El miedo como compañero y la desesperanza como aliada. Compañías poco recomendables para un viaje a los infiernos. Y el último empujón, el del desamor, el tercero en discordia y el que clavó la puñalada más certera. No quedó nada de mí, nada. Ni luces, ni sombras, ni ganas, ni siquiera recuerdos. Un alma en caída libre hacía su propia destrucción. Días martilleando una cabeza que ya no quería pensar dentro de un cuerpo al que no le apetecía respirar. El anhelo ahogando una vida carente de ilusiones. Un agujero negro en mitad de la nada, que se bebió mi luz. Había tocado fondo. Aplausos de unos pocos e inquietud de muchos. Pero lo mismo que empezó, terminó. Una pequeña vibración, un leve temblor, que devolvió lo robado: la luz y la vida. El Yin y el Yang manteniendo el pulso constante, para que el equilibrio no se pierda. Y de nuevo, el Ave Fénix sobrevolando vuestras cabezas, cenizas transformadas en vida.
Y a los que aplaudieron, “Sigo aquí, lo ves, lo veis…?”

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A traición

Da igual dónde vaya porque siempre están ahí. En los cajones apostados, en las estanterías recostados, en las paredes levitando. Aparecen sin avisar, así, de repente, y te encabritan. Tus cosas, aquí y allá, esperando el momento de aparecer, como por arte de magia, sacando tu recuerdo de las chistera, y atados por lazos invisibles, todos los sentimientos que acarrea. Y no son pocos, porque tampoco son pocas las cosas que han ido buscando acomodo aquí. Ropa, zapatos, cremas y colonia, y todos esos potingues con las que las mujeres soléis disfrazar vuestra cara. Puede sonar raro, pero aunque la distancia sea grande, tus pertenencias esparcidas por la casa, me unen más a ti. Y es que la ausencia y la soledad, no se mide en kilómetros. A veces bastan unos centímetros para describir un abismo. Y aunque mi olor no llegue esta noche hasta ti, te aseguro que me tienes muy cerca. Así que, últimamente, me asusta abrir cajones, destapar el armario o rebuscar en el zapatero, porque siempre apareces tú, y ya está bien, joder, que me pillas a traición…

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Algún día confesaré, que hago cuando no puedo dormir…

La cama, única testigo de mi insomnio esta noche. Porfiaba con la oscuridad para que me dejara cerrar los ojos. Le pedía por favor, que me concediera la rendición que tanto necesitaba y que mis ojos pedían a gritos. Los parpados no caían, ni siquiera en el engaño del rebaño que traje esta noche. No fueron suficientes las ovejas para ganar esta batalla. Mi mente divagaba. Desde el principio hasta el final, desde el amanecer al ocaso. El día pasado inscrito en el bucle infinito de mi mente. Los mismos hechos, una y otra vez, pasando por mi cabeza en un vano intento de ser cambiados. Una ruleta perdedora que me aturulla y me quita el sueño. Porfío con mis pensamientos, que para cabezones ellos, cabezón yo. No os vais? Tampoco dejo que os durmáis. Y así, una y otra vez. Media vuelta y las sábanas que también quieren juego. Se enredan y me amordazan, deteniendo mi intento de huida, hacía el otro lado de la cama, que ha ido embebiendo a medida que pasaban las horas. No encuentro la postura, ni mi sitio, ni mis sueños, ni dormido, ni despierto. Así que tendré que recurrir al gran truco final, inconfesable y salvador. Pero eso ya os lo explicaré otro día, que no puedo hacer dos cosas a la vez…

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Más allá

Seguimos aquí, anclados que no varados, con las bodegas llenas, cargados de nuevo de ilusión. Impacientes por el dónde y el por cuando, pero seguros de que en breve, volveremos a zarpar. Esto ha sido un paso más hacia las respuestas que nos acercan a la solución del problema. Otro zurcido en la manta de nuestra vida, que vamos decorando con nuestras victorias y derrotas, las que conforman quiénes somos, y las que nos aclaran, de quién queremos huir. Un incesante caminar que nos va dando una visión aún más amplia de nuestro paso por el mundo, cruzándonos en las vidas de otros con los que crearemos lazos, nudos que nos ataran, o no, quien sabe. Pero todo, absolutamente todo, tiene un porque, una explicación, que solo entenderemos cuando nos alejemos. Será la distancia entonces, el contexto que necesitábamos para ver con claridad, y comprenderemos entonces, que es una obligación, ir más allá…
PD: Gracias por no dejarme en tierra. Toca encontrar el fin del mundo juntos…

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Plenilunio

Has de saber que este tampoco es un relato alegre. No vas a encontrar sonrisas, ni esperanzas, ni tan siquiera luz. No hallarás faros que te salven del naufragio, ni manos que agarran en el último momento. En él sólo hay preguntas sin respuestas, dudas que hieren, angustias acumuladas día tras día, escombros y cenizas. Ni siquiera hay huidas, tan solo quietud, rendición, la espera del golpe de gracia. No hay sentido, ni razones, sólo dejarse llevar, que pase el tiempo y que duela, eso sobre todo. Que escueza la piel, que sufra la cabeza, que llore el Alma. Perdí la invitación para esta vida y tampoco me apetece colarme en la fiesta. Y aún así, se que debo mantenerme cuerdo, vivo. Mi hijo no me perdonaría haberle mentido cuando le decía que hay que luchar en la vida y que es maravillosa. Con el tiempo me echaría en cara que no cumplí con lo que le trasmití. Y no soportaría verlo sufrir a él también. No hay ganas pero es obligación buscar un plenilunio que alumbre esta oscuridad…

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Fondo

Ha llegado el momento. Existe un abismo entre lo que quiero ser, lo que necesito ser, quién debería ser y lo que realmente soy. Un hueco tan grande como mi propia decepción. He vuelto atrás, hasta hace años, perdido, desorientado, flotando en la nada, intentando encontrar una atisbo de lo que llegué a ser. Pero no hay solución. Ni siquiera los grabados en mi cuerpo me dan la respuesta, ya no tienen sentido. No encuentro esa razón, ni el hilo que me ate a nada, porque eso es lo único que veo, que siento, nada. Las cenizas ya no esconden al Fénix, no tiene fuerzas para resurgir. Así que toca armarse de valor y afrontar la realidad, sumergirse en lo más profundo, dejarse abrazar por las sombras y que te arrastren hacía el fondo. Coger aire, contener la respiración, y una vez allí, un poco por necesidad y otro poco por miedo, impulsarse y salir a flote, o abandonarse para siempre.
PD: Te llevo conmigo Ismael, que me da miedo bajar solo…

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La duda

Siempre he defendido que hay gente que no merece estar en este mundo. Ahora siento, que me he convertido en uno de ellos. He ido transformando Reinas en Ángeles, ascendiéndolas a los cielos para luego dejarlas caer. Una tras otra, en un juego tan macabro, como la mente y el corazón del que hoy escribe. Ya no hay vueltas atrás, ni perdón, ni redención. Sólo castigo en forma de soledad. Y es que así me siento y así debo seguir, para no volver a tocar a nadie. Y es que, esta extraña forma de querer no se parece en nada al amor, y ese sentimiento que aflora con tanta rapidez, hay que arrancarlo de raíz. Así no habrá más víctimas, ni más lágrimas, ni más huidas. Sólo así, la gente será, realmente feliz. Lejos del dolor y del llanto. Lejos de promesas incumplidas. Lejos de mi, en definitiva. Así que llegados a este punto, me asalta la gran duda. No es peor suicidio, el de seguir rondando este mundo…??

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El ascenso

Nos escoltaron hasta arriba. Pinos en perfecta formación, asomados tras el quitamiedos de la carretera que serpentea hasta la cumbre, testigos de las idas y venidas, de las subidas y bajadas a una Sierra, huérfana de apellido desde hace algunos meses. Se acentuaba el frío a medida que subíamos pero no menguaban las ganas de ascender la montaña. Fue la Virgen de las Nieves testigo del comienzo de aquella ruta, camino a un punto mas cercano al cielo, de lo que habitualmente estamos. Caminamos, pasito a pasito, lenta pero inexorablemente, sin prisa, sin pausa, elevándonos un poco más a cada paso que dábamos, viendo el mundo cada vez desde más arriba. Atajamos por senderos que ya habían marcados otros y que llevaban al mismo sitio, distintas rutas para un mismo destino, y a medida que avanzaban las horas, mas cerca estábamos de nuestra meta. Fue el Veleta el mejor premio y hasta allí fuimos, cerca de las nubes, lejos de todo. Un balcón al infinito, a la nada, al todo. Hicimos parada, que no fonda, y después de comer algo y respirar libertad, emprendimos el descenso, con el frío a cuestas y las emociones a flor de piel. Conocimos los secretos que esconde la Sierra cuando no se viste de nieve, las piedras que la cubren cuando está desnuda, la hierba a puñados desperdigada por sus laderas que desaparecerán bajo las nevadas, esperando el próximo deshielo, y esa paz que se respira, cuando los esquíes y las tablas, no se deslizan por su loma. Nos acompañó el viento en la bajada, alejando al frío y su dolor, y al llegar abajo, le dimos las gracias y le prometimos que nos volveríamos a ver…

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Sólo un poquito más

Es al despertar, sin abrir los ojos, cuando todo se ve mejor. No hubo despertador que pusiera límites al sueño, ni que truncara su paseo nocturno. Ningún ruido estridente que coartara mi descanso ni que me empujara a abandonar el colchón. Desperté, porque sí. Tal vez porque me sentía saciado de descanso o quizás porque era hora de probar el vértigo de la horizontalidad. Desperté si, pero mis ojos permanecían cerrados, atrapados en el sopor del cansancio que produce el descanso. Intuía la luz que acuchillaba la mañana, esparciendo su brillo por la habitación, donde la brisa mecía las cortinas, que atrapaban los sonidos que manaban de la calle. La lucha constante del cantar de los pájaros por hacerse un hueco entre el murmullo de la gente. El pavimento, arrancando los gemidos de los vehículos al pasar, el jardinero que riega, el barrendero que roza con su escoba el suelo, dejando arañazos invisibles en el intento por dejar limpia la calle. El silencio ahogado por la vida que despierta otro día, y deja un reguero de sonidos que nos dan la bienvenida. Déjame hacer de mi cama un refugio, el búnker antidespertar, anda, sólo un poquito más…

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Va por ustedes

Supongo que sólo hacía falta leer un poco, escuchar, sentir y sobre todo pensar. No creas que no ha habido relatos en todo este tiempo, que mis manos se secaron y dejaron de esculpir palabras. Simplemente están aguardando, el momento, si ha de llegar. Si no, dormirán plácidamente sobre el papel que las vio nacer y latirán en silencio, porque vida ya tienen. Y aquí estamos, de nuevo, trazando nuevos horizontes, tratando de encontrar historias que no contengan el odio acumulado, porque entonces, si que habrán vencido. Y sólo me hace falta miraros, sentir vuestro apoyo y consejo, la calma de vuestras palabras, y sobre todo vuestro cariño. Personas dispuestas a ayudar y escucharte, a no darte la razón, pero con respeto, empujándome a ver todos los puntos de vista, sin amenazas, sin miedos, sin la obligación de deber nada a nadie. Amig@s y familia que hacen que uno se sienta orgulloso de teneros a su lado. No sería la vida igual sin vosotros, porque sois vosotros los que hacéis de esta vida, algo maravilloso. Espero seguir gozando y disfrutando de todos vosotros, por siempre jamás…

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