Watchmen

Blanco sobre negro, y la historia se repite. Ahora que hincamos la rodilla pidiendo respeto por las personas de color, nos damos cuenta, de que todo sigue igual. Pasan los años, y continúan persiguiendo a las personas negras. Tratan de hacernos creer que evolucionamos, que somos mejores. Llueve entonces la cruda realidad, derramando el mismo racismo rancio de antaño, camuflado de nuevas siglas, de nuevos conceptos, que tratan de apropiarse, como siempre, de la patria, de la bandera y de la pureza. Son sólo maniobras orquestadas, por las mismas mentes estrechas de toda la vida, que intentan engañar, con los discursos del miedo, poniendo bajo su yugo, a los que no son como ellos. Racismo se llamaba y racismo se llama. Da igual si por medio aparecen superhéroes y villanos, en la eterna lucha por el poder. Todos llevan máscara, igualándolos en la cobardía del anonimato, unos por miedo, otros por no ser descubiertos. El amor como telón de fondo, momentos y más momentos, que sirven como resorte, para enamorarse, dándole la humanidad que todos necesitamos. Y los recuerdos, por supuesto, Nostalgia de tiempos pasados, para entender mejor lo que ocurrirá. Tal vez parezca algo enrevesada, pero es más sencilla de lo que parece. Sólo tenéis que darle una oportunidad y no dejar de ver Watchmen (la serie). Seguro que después, me entenderéis mejor…

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Bolígrafos, vídeos y otros detalles…

No seria lo mismo sin vosotros. Y es que, recorrer este camino de vuestra mano, ha sido más fácil. Y no teníais porqué, y aun así, me habéis apoyado, aconsejado, alentado, hasta el último momento. Habéis promocionado un sueño , convirtiendo cada día en una ilusión, haciéndome derramar lágrimas de alegría, por saber que tengo a mi lado, gente como vosotros. Detalles que parecen insignificantes, que os transforman en gigantes. Deudas impagables que marcan toda una vida, y recuerdos imborrables, para recordar eternamente. No os lo vais a creer, pero no encuentro las palabras, porque quizás no haya palabras para agradecer tanto. Infinita gratitud muda, la que intento expresar con este relato. Pero tan solo recordad esto, que todos esos libros que ahora acunan algunas manos, llevan la firma de tu boli, esa es la marca de tu regalo, que ese video promocional, bien podría valer un Oscar, y aquel cartel enmarcado, ya mismo lucirá en las paredes de mi hogar…

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Miento cuando digo, que…

Necesitábamos oscuridad para poder ver mejor y para que no nos vieran. Por eso tapamos cualquier resquicio por el que pudiera penetrar la luz indecente y espía. Le cubrimos los ojos a las ventanas, y tapamos la boca a las paredes, en un intento de silenciar el ruido y la música. Y lo conseguimos. Tomamos la decisión de que si no podíamos ir a un festival, el festival vendría a nosotros. Y comenzó el show. Un puñado de amigos al son de los conciertos que elegimos, bailando, saltando, disfrutando de aquel momento, que tanto añorábamos. Y allí escondidos, vino la brisa fresca a despejarnos, entre canción y canción, entre abrazos y sonrisas, entre cerveza y cerveza. Nos desatamos, si, pero era una necesidad, un impulso acumulado que estalló y lo inundó todo de felicidad. Miento cuando digo, que no quiero repetirlo, porque quiero más, y siempre a vuestro lado.
Gracias, a todos, por un día inolvidable y por una amistad incombustible. Y es que, el Cúllar Vega Sound, no ha hecho más que empezar…

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El hundimiento

Bastó con sentarse esperar, aunque aún sigo sin tener respuestas. Siguen los porqués en las sombras, sin querer asomar, pero lo cierto es, que hace mucho que dejé de necesitarlos. Puedo imaginarlos, como muchos que conocen la historia, y aunque hayan querido cambiarla, las mentiras siempre vuelven como boomerangs, y dañan a quiénes las profirieron. Y no aprenden, ni con los años. Supongo que es su forma de entender la vida. Triste, si, pero es así. Hace ya 20 años, y no es cierto que el tiempo lo cure todo, pero te da nuevas perspectivas, otro ángulo, otra visión diferente, y aprendes que sólo te dañan si se lo permites. La piscina se secó, aquel negocio se fue marchitando, y todo el tesoro que acumularon a base de maldad y mentiras, se ha ido volatilizando. El horno se apagó, por la mala gestión de una leña que ya no prende. Ahora se ahogan, presas de sus deudas, y buscan salidas desesperadamente. Y vuelven a mentir, a tratar de culpar a los demás de su ineptitud, creyendo, que la gente, aun les cree. Así se escribe la historia. Sólo victorias de una parte (o eso creían), celebrando las derrotas de la otra parte. Pero sólo ha hecho falta tiempo, sentarse y tener paciencia, para ver el hundimiento…

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Yo tenía un pueblo en Granada

Yo tenía un pueblo en Granada. Añoro pasear sus calles, añoro a sus gentes, y sobre todo sus costumbres y esa esencia de pueblo granadino.
Echo de menos el sentarse al fresco en la calle con Culleros, catalanes y franceses, cuando mi abuela me “ordenaba recogerme” aún siendo niña.
Niña, decía, vete a las primas Emilicas y tráete cuarto y mitad de longaniza. Añoro el olor a torticas los domingos, ir al horno de Santiago a comprar pan y su olor, a ese pan recién hecho.
Mi añorado repicar de campanas, los cantos de la Aurora la madrugada del 14 de agosto y ese tintineo de campanillas.
Las carreras de cintas y el día de la virgen, su arroz y su fuente del vino!!
Salir con mi gente y no tener horas para entrar en casa, pasar todo el día en la calle.
Recuerdo las tardes en el Cacharro, y recuerdo las noches en el Cacharro con tanta gente bonita, y su cartel de «Prohibido fumar porros”. Añoro las tardes en los ensayos y las noches en los ensayos con mis “peluos”.
A ese amor inocente y casi pueril gestado en veranos, que se ha convertido ya para siempre en el amor de mi vida.
Esos secaderos llenos de tabaco colgado con tanto esfuerzo y trabajo.
Os añoro tanto que yo no tenia un pueblo en Granada…
Yo tengo un pueblo en Granada, mi más preciado tesoro. CullarVega… nunca el final del verano había dolido tanto sin estar en Granada ❤️

Texto de Cristina Sánchez Terribas

PD: Ese pueblo te espera, siempre. No tardes en venir…

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Egoísmos

¿Que porqué lo hago? No sabría decirte con exactitud, pero la explicación que más se acerca, por egoísmo. Pero no de esos vanidosos y unidireccionales. Podría definirme como egoísta generoso. Lo sé, parece una incongruencia, pero es así. Quiero ver feliz a quiénes me importan, tratar de ayudarlos, construir a su alrededor un universo equilibrado, donde el dolor escueza menos, dónde la esperanza sea infinita y todo tenga solución. Necesito que las personas estén bien, y trato de hacer lo posible, para que así sea, y todo, por otro chute de buenos sentimientos. Me hace feliz ver a la gente feliz. Me siento bien si se que ellos lo están, y me siento pleno si alguien sonríe al recordarme, aunque eso, jamás lo sabré. Es este egoísmo ambiguo el que me hace mejorar, y a pesar de los miedos arrastrados y acumulados, me arriesgo, a salir a diario al mundo, a ti, y los demás, fuerza en mano, por mucho que pesen los días, a tratar de que veas sólo el lado bueno de las cosas. Quizás así, tú hagas lo mismo a tu alrededor y consigamos un mundo mejor, poquito a poco, pero la cicatería se está instalando en las sociedad, arrancando de raíz el altruismo. Nadie piensa en nadie, sólo en uno mismo y sus intereses. Parca racanería que sólo trae soledad, de espíritu y de mente. Pensar tan solo en tu persona, te aísla de los demás, y te lleva a una escasez humana, difícil de soportar. O no. Depende de lo egoísta que seas…

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Bajo las estrellas

Amanecía la noche y ya estábamos en pie. Saludamos las primeras luces, y partimos al alba, que se fue deshaciendo conforme nos acercábamos a nuestro destino. Veleta inmóvil, coronando nuestra Graná, desnudo en esta estación, sin vergüenza, sin nieve. Lo vimos desde abajo, rodeando su perfil, buscando otras rutas menos salvajes hacia el Mulhacén. Portábamos varios días a nuestras espaldas. Comida y alojamiento en una mochila, junto al reto y la ilusión. Subidas y bajadas, pasos y tropezones, y horas de camino, atravesando senderos y veredas, envueltos en un aura de polvo y sol. Cadenas que nos mantenían amarrados al camino, para no caer, para no desfallecer, mientras de nuestras espaldas, pendía el miedo. Pero no pudo con nosotros y seguimos adelante, hasta trepar la última cumbre que nos daría el pasaporte para descender a la Laguna de la Mosca. Allí, bajo el pico más alto, reposaba plácida el agua cristalina, esperando nuestra llegada, aguardando a los caminantes para que la pudiéramos observar, pero sin tocar. Descansamos nuestras espaldas, dejando al pie de la laguna, fatigas y satisfacciones. Pasamos la tarde haciéndole compañía, rompiendo con nuestras charlas, el murmullo de su agua, la quietud del silencio, la paz que allí se respiraba. Y sin despedirse, se fue yendo el día, sin prisa, sin pausa, atardeciendo inevitablemente. Se resistía el sol a irse, agarrado con sus últimos rayos a la Alcazaba, tiñéndola de naranja antes de oscurecerla, y ésta, se reflejaba en el espejo de las aguas, presumiendo de su belleza. Se fue la luz y la calor, y tomaron las riendas de la noche, la oscuridad y el frío, que nos hizo abrigarnos, en una noche de Verano. Y comenzaron a aparecer, lentamente, a la luz de las oscuridad. Una tras otra, fueron salpicando el cielo negro Sierra Nevada, de pequeños faroles estáticos, luces tan lejanas, que quizás ya, ni existan. Nos tumbamos para ver aquella maravilla, y bajo aquel manto, tratamos de buscar respuestas, hasta que el silencio lo acalló todo, y sólo cuando el sueño vino a buscarnos, dejamos en paz a las Estrellas…

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La buena madre

Es nuestro hijo, el resultado de ti. Tardó en llegar el instinto, y el pequeño, como si es destino supiera que las prisas no traerían nada bueno, y el universo conspiró para darnos el mejor de los regalos. Llegó en el momento justo. Justo, cuando la necesidad de madre afloró, cuando entendiste de los esfuerzos que habría que hacer; justo, cuando casi todos los planes estaban cumplidos y quedaba por crear el más importante; justo, cuando ambos quisimos, por ninguna otra razón que no fuera la de ser padres. Y desde el principio, te volcaste, como cualquier madre lo haría, pero tu amor hacia él, nunca te nubló el juicio, ni siquiera su enfermedad. Y fuiste, y eres rígida, manejándote desde el principio, en ese difícil terreno que hay entre la razón y el corazón, entre los caprichos y la necesidad, soportando el dolor de nuestro hijo y el tuyo, cuando lloraba por algo que quería y no se podía o no se debía dar. Enfados y lágrimas tras castigos merecidos, que siempre aceptó con respeto, ese que le has inculcado con tiempo y tesón. Has conseguido forjar una persona educada, cariñosa y respetuosa, haciéndole entender que no siempre se tiene lo que se desea, pero que nunca le faltará un plato en la mesa. Educar es sufrir, es invertir tiempo, perder horas de sueño, y luchar sin descanso. Criar, es alimentar, lavar y curar. Querer lo mejor para un hijo, no es consentir, ni evitarle el dolor, ni cegarte con él. Es ser objetivo, viendo sus virtudes y sobre todo sus defectos, para enseñarle a corregirlos y mejorar, para hacer de él, una persona de bien. Por eso, cuando miro a nuestro hijo, me enorgullezco de él, y no puedo evitar pensar, el trabajo que has hecho, y creo, que nunca podré agradecértelo. Y es que, detrás de un buen hijo, siempre hay una buena madre…
PD: A Encarni, por hacer de nuestro hijo, la buena persona que es.

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Atípicos

Parece que todo está oscuro, que las sombras nos han engullido, y es que de un tiempo a esta parte, da la sensación de que todo sale mal, que lo bueno se ha perdido por el camino, y que toda decisión, conduce a un camino sin salida. Es lo que tiene la rendición, la desesperanza, el peso del cansancio. Que mina, atrofiando las energías, y restando fuerza a la voluntad. Y aunque creamos que esto es lo peor que nos ha pasado, si lo piensas, si echas la vista atrás, verás que no es la primera vez, que siempre ha estado ahí. Los problemas nos acompañan desde siempre, porque su resolución o la simple esperanza de resolverlos, es lo que nos hace sentir vivos. Un objetivo que conseguir, es una razón para vivir. Y si hay oscuridad, ten por seguro, que también hay luz. Así que es hora de los atípicos, de los que sueñan con conciertos, de los que sienten con la música, de los que se emocionan con una película, de los que creen en los demás.Es hora de los valientes, de que, a pesar de tener miedo, seguimos adelante, luchando por lo que queremos. Es tiempo de la gente responsable, de los olvidan el egoísmo y quieren otro mundo, otra forma de vivir. De los que no se estacan y quieren seguir creciendo, inquietudes en mano. Es hora de ti, de mi, de nosotros. Y como la felicidad no es algo negociable, hagamos de todo esto, algo atípico, y seguro que así, podremos cambiar el futuro…
PD: A mi cuñada, Cris, por su inagotable valor y su eterna fuerza de voluntad. Eres mi atípica preferida.

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Sombras

Baila la toalla al ritmo de la brisa, agitada por su invisible mano. Viento lento, pausado, que refresca el ambiente con su aliento, y tiñe de frescor, un ardiente día. Juega con el agua, arrancándole unas olas, que pacen tranquilas a la orilla de la playa. Llega hasta mí amortiguado, su suspiro al romper, mezclado con los sonidos de miles de voces ininteligibles en la lejanía, conversaciones ajenas, cuyo significado se va perdiendo con la distancia. Una amalgama de ruidos placenteros que me proveen de esta tranquilidad idílica en la que me encuentro. Por un lado, el horizonte se parte en dos por una línea invisible, dejando ver nítidamente el cielo y el mar, conflicto de azules a plena luz del día; por el otro, la montaña, haciendo de parapeto, tratando de proteger a este pueblo de los envites del viento, y del desierto amenazador. Nadie sabe cuánto resistirá. Y el sol, y la calor, apretando a pesar de la brisa, aplastando todo a su paso, arañando con sus manos nuestra piel, que se enciende y prende, y que tratamos de apagar con baños furtivos. Cada vez es menos eficaz la protección con la que nos cubrimos, o eso nos parece, por eso huimos, veloces, del mar a nuestro refugio, sombrillas inmóviles que nos proporcionan las sombras que tanto ansiamos…

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