Los chicos del Jager

Así fue, mejor de lo que habíamos imaginado, a pesar del frío, que quiso helar el festival pero que no lo consiguió. Gorros, guantes, plumones y Jager, mucho Jager, para calentarnos, e ilusión y todas las ganas del mundo para divertirnos y disfrutar de un Granada Sound que llegó con un año de retraso. No hubo tregua. Desde el primero al último, cabalgamos de escenario a escenario, viendo a los artistas que se vaciaron y quisieron dejar su huella después de tanto tiempo. Empezamos con luz, de tarde, con Sienna y Siloé, los más pequeños de la clase aunque pronto crecerán, porque tienen la clase y “El poder” para hacerlo. La potencia de unos artistas al servicio de los pocos que abrimos el festival. Con el atardecer y la caída del sol, emergieron Full, entre piernas cruzadas, faltas de equilibrio y sonrisas infinitas, felicidad en estado puro, que nos recordaron “Quiénes somos realmente” y la suerte que tenemos de tenernos a nuestro lado. Nos atrapó la noche heladora y en la oscuridad brillaron “Viva Suecia”, ayudándonos a entender, que gracias a momentos como esos, “Hemos ganado tiempo”, mientras Shinova dejaba libre de nuevo al “Mirlo blanco”, batiendo sus alas y llevándose con ellas todos nuestros miedos. La habitación roja, Xoel López, Veintiuno y su “Dopamina” para darnos algo de fuerza antes de los más grandes, que comenzaron y acabaron con nuestros “Días raros”, un círculo perfecto en el que encajaron sus himnos de siempre, junto a las canciones que compondrán su nuevo disco. Mientras nosotros, amalgama de sentimientos y emoción, de saltos y gritos, de disfrute y alguna que otra lágrima, nos volvimos a sentir como antes, libres de mascarillas y de miedos, seguros de tenernos al lado, y deseosos de volver a pisar unos conciertos y festivales, que tanto hemos echado de menos…

PD: Para vosotros, que siempre estáis. A los de siempre y a los nuevos.

Leer Más

Cielos y estrellas

La vuelta a casa, cada tarde, rutina semanal como la rueda que no deja de girar. Un viaje de regreso con los bolsillos llenos de cansancio. Música de fondo y a través de la luna del coche, el cielo. Llevaba varios días escondido tras las nubes. Nubes negras, espesas, amenazadoras, egoístas tratando de tapar al sol que al caer cada tarde, luchaba por lanzar sus últimos rayos antes de sucumbir ante la noche. Nubes donde los rayos y truenos seguían con su eterna lucha, de quién es más rápido, dejando por el camino, un reguero de luz y sonido, que iluminaba el cielo a mi paso. Se escondía el frio tras ellas, dejándose ver cuando decidieron irse.

Luce ahora el cielo limpio, cristalino, helado. Nos observa sin pudor, avisándonos de lo que nos espera estos días. Será receptor de nuestros gritos, mientras bailamos sin cesar. Será casi invierno este año, el Granada Sound, pero haremos vibrar hasta las estrellas. El cielo sonará a frio y el ambiente olerá a música, mientras el firmamento mirará con envidia, las estrellas que allí sonarán…

Leer Más

La espera

Lunes. Otro más. El kárate de mi hijo, y su ilusión por venir y no faltar, me hacen traerlo. Un barrio de la capital no muy alejado de nuestro pueblo, pero tan diferente a lo que vivimos a diario. Entra al gimnasio durante una hora, y esa hora, es mi momento de relax.

 A veces lo ocupo saliendo a correr. Entonces me acoge la Vega. La surco enfundado en zapatillas, observando la tierra aún sin edificar, sintiendo el viento en mi cara, que se lleva el estrés, el cansancio, y a veces, hasta los pensamientos. Los sentimientos ya es más complicado arrancarlos con aire, por eso van conmigo allá donde vaya.

 Otras veces, me siento en un bar, libro en mano, tomando un café a la vez que tejo la historia que leo, sacando ideas para mis propios escritos, y simplemente, maravillándome con el relato que se despliega ante mi. No es raro que no baste un solo café, igual que no es suficiente esa hora, para terminar de leer.

Y otras me siento en el coche, cerca del parque, viendo pasar a la gente e intentando imaginar sus vidas. Los escucho hablar, pasear, patinar, jugar con sus perros, o simplemente sentarse en los bancos a relajarse como yo hago. Ellos no tienen hijos en el kárate, o sí, vete tú a saber. Porque aun no he conseguido averiguar nada de sus vidas y ya ha pasado media hora de esta espera…

Leer Más

Y ocurrió así…

No era un concierto más. Traía consigo el regreso de muchas cosas. La casi normalidad, los aforos completos, escuchar música de pie, las ganas de saltar, de volver a vibrar, de desenfrenar las ganas, y como no, volver a verlos después de la última vez, que por caprichos del destino, fue justo aquí mismo, en La Industrial Copera, hace más de año y medio. Con León Benavente nos confinaron y con León Benavente, regresamos. Por eso no era un concierto más, ni lo fue.

Bajo la atenta mirada del reloj parado aquel día, arrancaron con Cuatro Monos, carta de presentación de ellos mismos y declaración de intenciones de lo que había por venir. Ritmo lento-medio para abrir boca, arropado por la guitarra casi punk y una batería sosteniendo todo el espectáculo. Repasaron casi al completo su último trabajo, y casi nos volvimos locos, intercalando temas de sus anteriores trabajos, encajando todo, con certera maestría. No eran canciones sueltas elegidas al azar, fue una historia narrada entre canciones que todos conocíamos, y que tarareamos animados por una banda que creó un espectáculo de luces y sonido, dónde primaron los sentimientos de aquellos que tocaron y los que tuvimos la suerte de verlos. Una comunión perfecta con un denominador común: las ganas.

Sobre el escenario, Abraham lo dio todo. Con sus poses calculadas y su característica voz cantó, narró y recitó, las letras de unas canciones, a las que arrancó todo su significado. “Mano de santo”, “Gloria”, “La piedra que flota” “Niño futuro”… un recorrido que fue in crescendo, culminando con “Ser brigada”, himno, y salto y seña de la banda y sus seguidores. Aquello fue un homenaje a la música y sus artistas. Y aunque el reloj siguió parado, nuestro corazón, volvió a latir…

Leer Más

Cuatro monos

Era inevitable.

Regresar al pasado en el presente y retomar la vida, tal y como la conocimos. Cruzar la frontera de los confinamientos y abrazar la calle y sus gentes. Volver a cantar porque sí, sin más pretensiones que agradecer a la vida que aún nos tenga entre sus brazos, que no es poco, y disfrutar del sonido en directo, de manos de sus creadores. Por eso, era inevitable que volvieran los conciertos y festivales a tomar las ciudades, a fusionar música, luces e ilusiones, en un momento fugaz, en una actuación inolvidable, en una felicidad indescriptible.

Y era inevitable, que empezáramos dónde acabamos. Mismo sitio, mismo concierto, casi la misma gente. Con León Benavente nos encerraron, y con ellos, volvemos a la libertad. Cambiamos sábado por viernes esta vez, pero haremos el mismo recorrido: Camping y Copera. Volveremos a ver a estos Cuatro Monos “que saben rugir”, alentando a sus fieles para que no dejen de saltar. No habrá lugar para el recuerdo, mientras coreamos sus letras, menos aún para la tristeza, y entre cerveza y cerveza, volveremos a sentir la fortuna de estar allí, acompañados de nosotros. Y ahora que pasamos lo que pasamos, estos, algo más de cuatro monos, están dispuestos a disfrutar de la vida como se merece. Por si las moscas…

PD: No hubo silencio que acallara la música, ni confinamiento que apagara nuestras ganas. Tan sólo fue un inciso, un descanso obligado del que hemos sacado partido. Volvamos a disfrutar como merecemos.

Leer Más

Es(tuvimos) allí

Pasado un año, volvimos a repetir. Se sumaron aquellos que no pudieron la primera vez, haciendo más grande al grupo, uniendo con más costuras un Cúllar Vega Sound, que ha crecido con el paso del tiempo. Una idea, que quien sabe si no pasará a la historia en un futuro, transformándose en un sueño.

Cerraron los ojos las ventanas, oscureciendo una sala para que todo se viera mejor. Flotaba la música entre luces y sombras, un arcoíris de sonido al que nos subimos para no dejar de bailar hasta que no pudimos más. Por medio, risas, abrazos, felicidad; todo aquello que se presumía y que ocurrió tal y como lo habíamos planeado. Fotos de todos con todos, dejando la huella del recuerdo, para que no se pierda por el camino. Amistad en estado puro. Lazos que no dejan de estrecharse y que ojalá nunca se rompan. Y aunque el telón cayó antes de tiempo para algunos, puedo decir con orgullo, que yo también estuve allí…

PD: Gracias a todos por un día inolvidable. Queda un día menos, para el siguiente…

Leer Más

Reconocer

No sé si te darás cuenta antes de que acabe el relato. Si no es así, te lo diré yo al final.

Suele pasar, que admitir cuesta. Creerse algo, pensar que las cosas son como uno las piensa y luego tener que reconocer que no lo son, y que estábamos equivocados, es una pequeña derrota. O al contrario. Pensarnos erróneos y descubrir cuan equivocados estábamos, nos llena de razón y alegría. Lo mires como lo mires, es sólo cuestión de reconocer.

Saber distinguir es importante. Así es más fácil descubrir a los verdaderos de los impostores, elegir entre quien si y quien no. Siempre están aquellos que te venden historias irreales, cuentos de hadas dónde todos son perfectos, y la vida a su lado es maravillosa. Y si no desconfías al principio, irás descubriendo poco a poco que todo era un sueño, casi más para ellos que para ti. Luego están los que son coherentemente imperfectos, esos que van con la verdad por delante, los que no se esconden, los que sí. Y ocurre igual, que lo mires, como lo mires, es cuestión de reconocer.

Y recordar es indispensable. Lo que te hicieron, lo que hiciste, para alejarte y no volver a repetir errores, dolores. Recordar te hace libre, aunque a algunos les parezca una pesada mochila. Tener presente el pasado, es acumular experiencia, es haber sanado sin querer olvidar, para no volverte herir. Tener presente es quizás honrar, u odiar, porque no existe lo uno sin lo otro, y da igual lo mires como lo mires, es todo cuestión de reconocer.

Reconocer es todo esto y más, bueno y malo, en un sentido y en otro, como la propia palabra…

Leer Más

Fuimos

Ha marcado el tiempo su paso en nuestro rostro y nuestros cuerpos. Arrugas que tiñen de vejez una caras, que hasta anteayer, eran tersas y jóvenes; achaques y pequeños dolores, que aparecen cuando menos te esperas y donde menos lo imaginas. Es el precio de cumplir años y de seguir vivos. Ahora construimos relatos más sólidos para convencernos de que estamos bien, excusas estudiadas que tratan de hacernos parecer más jóvenes de lo que somos. Y es que lo que somos, tiene poco que ver con lo que fuimos, aunque sin aquellos mimbres, no existiría esta cesta.  El tiempo erosiona, puliendo cuánto toca, madurando todo allí por donde pasa, evolucionando lo que rodea, transformando el pasado endeble, en presente constante. Aquellos que fuimos, jamás regresan, eternos rezagados, y quedan quienes somos, fugaces y efímeros, antes de cruzar el futuro. Si miras atrás, te verás, tan diferente y tan tú a la vez. Hemos corregido nuestros errores, no todos, pero sí, la gran mayoría. Ahora que soy más parecido a lo que siempre quise ser, trato de entender lo que fui, para dejar de inventarme. Fuimos y somos, pero lo más importante, es saber, quiénes seremos…

Leer Más

C-19

Podría parecer un personaje de Dragon Ball, pero no, es el virus que vive entre nosotros. No dejo de pensar, como algo tan pequeño, ha hecho cambiar tanto nuestra forma de vivir. Las noticias más importantes caminan ahora por la senda de la incidencia, medida standard del contagio y que es la culpable de confinamientos o no, de cierres perimetrales, o no, o de llevar mascarilla, según el sitio dónde estemos. Nos hemos acostumbrado a mantener las distancias, a dosificar los abrazos, mucho más los besos. A guardar colas, a tener paciencia en ellas, a evitar sitios cerrados y buscar mucho más el aire libre. A palabras nuevas, como gel hidroalcohólico, como PCR, test de antígenos, carga viral, innumerables términos que siempre estuvieron ahí y que jamás salieron de nuestras bocas. Ahora conviven con nosotros, como convive el virus, como algo normal, aunque no lo sea. Han llegado con él nuevos cambios y avances, como las vacunas, la gran esperanza para sacudirnos esta pandemia. Que se las pongan o no, depende de cada uno, porque virus trajo consigo también, las teorías de la conspiración. Múltiples especulaciones del origen del virus, la búsqueda incansable de un culpable de esta pandemia, de los porqués, y más recientemente, de la efectividad de las vacunas y de su seguridad. El Covid ha traído consigo muchas cosas, pero para mí, la peor es el miedo. Ese miedo irracional de muchos a no saben qué, exactamente. A contagiar, a contagiarse, a salir, a no salir. A la disyuntiva constante de querer estar con alguien y a la vez no querer. A pensar constantemente que les pasará. En definitiva, miedo a vivir. Les ha atenazado, los ha debilitado mentalmente, hasta conseguir anularlos, hacerlos indecisos, incoherentes, cobardes. Hay unas normas que todos debemos seguir, y fuera de ahí, la vida sigue, porque esto pasará y la vida seguirá. Que quedará de nosotros cuando esto ocurra? Eso está en manos de cada uno de vosotros…

Leer Más

Si nos enseñaran a perder…

Se ha vuelto a desplegar la magia. No ha hecho falta mucho, tan sólo con leer el título de su último libro, sabes que no defraudará. Es de esas personas (porque llamarlo sólo escritor se queda corto) que te envuelven con su trazo fácil pero profundo, sencillo pero directo, llano y sensible. Todas sus historias, rezuman vida, lecciones, esperanza. Que un libro te transporte a otro lugar, a otro tiempo, a otra vida, es porque es bueno, pero si además te arranca sentimientos, haciéndote sentir lo que lo que siente el personaje de lo que estás leyendo, es otro nivel. Me he sumergido en su primer relato, y ahí estaba él. De nuevo entre sus palabras, entre sus frases, amuletos para la vida, nuevas perspectivas para afrontar el día a día. Es reconocible, pero siempre es nuevo. Y lleva razón, basta con alejarse para ver mejor el mundo. Empeñados en observar sólo lo cercano, padecemos egoísmo miope, empeñados en pensar en nosotros y en lo que tenemos delante de nuestras narices, dejando a los demás de lado. Seria conveniente ponernos los zapatos de otras personas, y saber por dónde pisan y que sienten, antes de juzgarlos. Tal vez así, entenderíamos mejor todo y a todos.

Se ha vuelto a desplegar la magia, y he vuelto a emocionarme, a sentir, a llorar. Le ha bastado el primer capítulo para demostrar, que su nuevo libro es como los anteriores, una magnifica obra, que no debes dejar de leer.

PD: Gracias a Albert Espinosa, por sus libros y por sus lecciones.

Leer Más