Al otro lado

Se mecen las cortinas en brazos del viento, que invisible y silencioso, las intenta apartar para poder pasar al otro lado. Lo noto, sin que llegue a rozar mi piel, sin que llegue a refrescar siquiera, pero se delata con el baile que arranca a unos pliegues, que se tensan con cada uno de sus pequeños envites. Desde este lado, la tarde suena a silencio, roto, por algún que otro coche atravesando la calle en dirección indefinida y acallando a los pocos pájaros que se atreven a salir de sus nidos a estas horas. Al otro lado, la templanza de una tarde de agosto. Quedaron atrás los días de infierno, de calor abrasador, dónde el sol dolía y el asfalto casi se derretía. Desde este lado, sabe a más a fin de estación, a ocaso estival, a verano que se va diluyendo. Otro año más a pesar de nosotros. Al otro lado, tú, tan cerca y tan lejos. Si cierro los ojos casi puedo tocarte, pero al abrirlos, es sólo una quimera. Pero tranquila, no hay dramas. Aunque desde este lado, las ganas, la añoranza y la pasión, me agitan, mientras las contengo para no desesperarme. No, no voy a volverme loco, eso no va conmigo, pero al otro lado sé que me esperan, tú, y mil planes más, y hoy, ya, un poco menos…

Leer Más

Amor o muerte

No le tengo miedo a la muerte, pero eso no quiere decir que quiera morir. Temo más al dolor, al sufrimiento, pero el dejar de existir aquí, no me asusta. Sobre todo me angustia perder a mis seres queridos, aquellos a los que amas. Pensar en su ausencia, en su falta de compañía, me produce un dolor indescriptible. Y es que juntar esas dos palabras, amor y muerte, resulta peligroso. Porque cuánto más amas algo, más crece el miedo a perderlo. Nos empeñamos entonces en controlarlo todo para que nada malo pueda ocurrir, sin saber, que es imposible conseguir tener todo bajo control. Los accidentes ocurren, el libre albedrío cumple su función, y ocurren cosas inesperadas que escapan a nuestro control, deshaciendo esa falsa seguridad que creíamos tener en nuestras manos. Tememos entonces por los demás, y dejamos de vivir como deberíamos, encorsetados en un rigor estéril que nos lleva a no ser totalmente felices. Amamos tanto, que olvidamos que la muerte llegará, queramos o no, y olvidamos lo más importante, el sentirnos vivos, disfrutar de lo que tenemos, aprovechar hasta el último segundo. Así que si alguna vez os preguntan que pesa más, el amor o la muerte, contestad sin dudar: LA VIDA.

Leer Más

Parar la tierra

Silencio, templanza, quietud. Cielo estrellado, firmamento oscuro, luna menguante. Noche de verano. Yazco rendido en mi cama, y reposáis conmigo hoy, atravesando mi mente, arrastrando con vosotros las palabras que ahora escribiré.

Todos buscáis las respuestas que os den paz y descanso. Fisgoneáis en vidas ajenas, tratando de encontrar la solución a vuestras dudas, a vuestras inseguridades, o peor aún, para demostrar que no estáis tan mal, si al otro le va peor. Os agarráis a clavos ardiendo para seguir creyendo, pero todo es inútil, si pierdes la fe en ti. Excusas, mentiras, y otras prestidigitaciones, para no llamar las cosas por su nombre: cobardía y soledad.

Mensajes en botellas lanzados al mar, con la esperanza de que su destinatario sea quien debe ser. Travestis de la mentira, tratando de hacernos creer, que son, lo que no son. Dignos sin martillo, y sin palabra. Llaneros solitarios, defensores del egoísmo y sus consecuencias. Capitanes que abandonan el barco cuando nadie los ve, y tratan de hacernos creer, que es por nuestro bien.

Creo que no me dejo a nadie. Os mostráis sin querer y os veo. Observo cada paso que dais y lo pongo en contexto. No os juzgo, pero saco conclusiones. Seguro que es lo mismo que hacéis conmigo. Y os aseguro que lleváis razón en lo que pensáis. Porque yo no me escondo. Para bien o para mal, esto es lo que hay. No quiero cambiar nada, ahora, claro. Más adelante, ya veremos. Eso depende sólo de mí.

No hay discursos vacíos, ni palabras enredadas. Basta con saber. Porque por mucho que queráis, es imposible parar la tierra…

Leer Más

El gimnasio

Parece que fue ayer, pero han pasado 15 años ya. Caminamos juntos por la calle. No va de mi mano. Ya no necesita la vigilancia de antaño, aunque mi preocupación siga siendo la misma, pero a él no se lo digo. Ha aprendido a defenderse, a pensar, a decidir por él mismo, siguiendo tal vez, lo que ha visto de mí, pero con iniciativa propia, con ideas propias, con decisiones propias. Habla conmigo mientras caminamos, contándome lo que él quiere contarme, nada más, porque el resto, como de todos, pertenece a su intimidad. Secretos que tuve y que ahora le toca a él guardar. Camina a mi lado, mirándome desde las alturas, porque ya me sobrepasó, desde ese lugar desde el cual yo lo miraba no hace tanto. Casi metro ochenta de felicidad, de bondad, de ganas, de vivir, de mejorar, de querer seguir creciendo. Y crece, por días, no sólo en altura, en ese tipo de persona en la que se ha convertido. Atrás quedó el niño, y el adolescente está a un paso, de convertirse en un hombre. Caminamos, cada vez más cerca del gimnasio. Hora y media de ejercicio, hora y media de compartir lo que tanto deseaba compartir con él. Padre e hijo, amigos de tantas cosas. Y sonríe, orgulloso de su padre, de tenerme junto a él. Lo que no sabe, es que la mayor sonrisa y el mayor orgullo, lo siento yo, al poder estar a su lado…

PD: A mi hijo, Santi, por ser sobre todo, buena persona. Eres capaz de lo que te propongas y eres mi mayor orgullo.

Leer Más

Todo el tiempo. Siempre

Acabamos en el centro, allí dónde confluyen todos los caminos.

Pero habíamos empezado en la periferia. Pitufo en mano, acompañado de café o cola cao, eso lo decidió la edad. Nos volvimos a ver, tras mucho tiempo, con la misma sonrisa, con las mismas ganas, con el mismo cariño. Amistad en la distancia, incombustible, inacabable. Arrancamos en el piso de la abuela, hoy tuyo, reformado, pequeñito, acogedor. El hogar de un gato y su dueña. A partir de ahí, nos encaminamos al centro de la ciudad. Una Málaga desconocida para mí, se fue descubriendo majestuosa, urbanita, modernamente antigua, familiarmente parecida a mi Granada en algunos tramos, y tan diferente en otros. Una catedral a medio terminar, rodeada de miles de calles, formando una tela de araña, donde sobrevivían pequeños bares, dando de beber y comer a los visitantes. Iglesias , teatros y cines, dando personalidad a una ciudad, que late con fuerza, y se reinventa, año tras año. La Alcazaba fue la parada antes de dirigirnos al puerto. La vimos de cerca, y de lejos, imaginándola en la noche, iluminada bajo un cielo estrellado. Olía a mar, y sus aguas embadurnaban todo con la humedad que se les presume. Barcos, y veleros descansaban en los muelles, esperando que alguien los dejara libres para volver a navegar. Nosotros buscamos un lugar de avituallamiento, y lo encontramos en el Muelle 1. Allí, comimos, bebimos y reímos, recordando historias, imaginando finales más felices, y uniendo aquella amistad un poquito más. Regresamos sin la brisa que había refrescado nuestra ida, y más cansados. Café en mano nos despedimos, emplazándonos para la siguiente, aquí o allí, da igual, porque lo importante era volver a vernos. Y es que esta amistad que nació casi por casualidad, la mantenemos hoy viva, y espero que así sea todo el tiempo, siempre…

PD: Para Fany y Alicia. Por no dejar que la distancia nos separe.

Leer Más

Allí donde solíamos buscar…

De nuevo en estado anterior. Otra vez soltero, que no solo, porque nunca estamos solos, y de nuevo repetimos patrones. Mostrarle al mundo lo maravillosa que es ahora nuestra vida, la de cosas que hacemos desde que ya no estan con nosotros, las metas que somos capaces de alcanzar, como si antes hubiéramos tenido un freno que no nos dejaba avanzar. Estados en los buscamos o damos excusas, para mitigar el dolor de la ausencia, para vestirnos de mentiras y no reconocer que nos gustaría seguir a su lado y que la vida sin él/ella, es un poquito menos feliz. Entramos en el juego de tratar de hacer daño sin que se note, de empujar a que pique, a ver si despiertan unos celos que nos tranquilicen y se abra una puerta a la esperanza. Nos olvidamos de todo aquello que dijimos que jamás haríamos, y lo hacemos a diario, dañándonos, más que dañamos. Entramos de lleno en suelo de la incoherencia, lodos inestables que desmoronan nuestro mundo sin querer. Buscamos en resumen, sobrevivir, que no duela. Andamos tras la felicidad en lugares distintos, en variadas personas, en multitud de eventos, olvidando el único lugar donde la encontraremos: nosotros mismos. Olvida, aunque cueste. Piensa sólo en ti, aunque parezca egoísta. Demuéstrate de lo que eres capaz, sin importarte los demás. Vivir para que te vean, te distrae de verte como eres realmente. Y es justo ahí, donde deberías buscarte…

PD: A Yampi, y su dolor pasajero. Todo pasa y todo sana. No te pierdas en el camino de regreso.

Leer Más

Nuncas y siempres

Llegamos como salimos, a cuentagotas. Un desfile constante y finito de amigos, devorando kilómetros en busca de nuestro particular Verano Azul. Siempre fuimos los mismos, o casi, y nunca perdemos la oportunidad de escapar en Julio, dando rienda suelta a la diversión y a la desconexión. Nos parecía mentira poder estar allí, huyendo del estrés, de la rutina, de la vida que nos toca durante los 362 días restantes; deshaciendo de nuevo las maletas, sacando de ellas la ilusión y las ganas acumuladas. Así aterrizamos en nuestro castillo de arena, tan lejos y cerca a la vez del mar, y como siempre, fueron los restaurantes, refugio y testigo de nuestra compañía. Comidas y cenas alimentando a unos Pellejeros ávidos de risas, abrazos, confesiones y alcohol. Casi nunca tuvimos el vaso vacío, sólo justo antes de llenarlo, para empezar de nuevo. Fueron los kayaks sufridores de nuestros cachondeo, y aún así, nos llevaron hasta Maro, viaje de ida y vuelta, hacía la costa de Nerja. Pasó España a pesar de algunos, aunque esa victoria no nos llevara a ninguna parte, y entre baño y baño, en un agua desnuda y transparente, jugamos a las cartas, salimos a la plaza con sabor a helado, y comprobamos como siempre,  que nunca dejaremos de ser invisibles. Hubo comida, como cada sábado y se volvieron a colar las lágrimas, y el nuevo presidente, asumió su cargo con una ilusión jamás vista. Ilusión y responsabilidad a partes iguales, y un bastón de mando, que no deja de pasar de mano en mano. Y se nos fueron los días, alargando las noches, estirando las horas, tratando de detener el tiempo para no tener que regresar. Misión imposible… Pero creo, que podemos decir, que como siempre, lo pasamos como nunca…

Leer Más

Rompeolas

Gritan las olas al tocar tierra, dejando tras de sí, un manto de espuma blanca. Murmullo constante de agua, en un vaivén infinito, que trata de mecer al tiempo, para dormirlo y que se detenga  aunque sólo sea un momento. Se deshace el mar al final de su recorrido, y se vuelve a recoger, recomponiéndose, siendo lo que siempre fue y lo que siempre será. El viento, que mueve los hilos elevando las olas, contándolos y dejando caer las mismas aguas, que hace tan sólo un momento, él levantó. Es carne de mareas mientras la Luna mande, extendiendo o acortando sus aguas, bajo el influjo del satélite.

La arena, testigo mudo de travesuras, de amores, de antaños y de futuros. Tierra mojada, húmeda de mar, balcón de horizonte y descanso de viajeros, soporta estoica las embestidas del mar que quiere ablandarla, someterla, pero sólo consigue compactarla, convirtiéndola en masa de futuros castillos. Imaginación e ilusión llenando cubos y moldes, construyendo diques o piscinas, para contener lo incontenible.

Y así pasan la vida, enzarzados en  la eterna lucha, agua y arena, olas contra tierra, discusión sin consenso. Acunándose el uno al otro, porque en realidad, no pueden ser uno, sin ser dos…

Leer Más

Ruinas

Regresó el primitivo a su playa. Dibujó el perfil del mar, a través de la carretera que lo recorría. Kilómetros de asfalto que alejaban de un lugar, en la misma proporción que acercaban a otro. Escoltado por un horizonte constante, se fue acercando segundo a segundo, atraído por el olor a sal y la parsimoniosa quietud, de aquel tranquilo pueblo. Desembarcó en su Isla, como siempre hizo, y saludó a sus gentes, recogiendo y dando recíprocamente, el cariño que ni siquiera la distancia logró borrar. Palabras, gestos, relatos de vida, que pusieron contexto a aquella nueva visita. Secretos y confesiones, entre las que descubrieron el verdadero valor de algunas personas, y la decepción que dejan a su paso otras.

Volvió el primitivo a su paz, a redescubrir lo que ya conocía, a través, esta vez, de otros ojos, con la misma ilusión y ganas que los de él. Con la compresión por bandera, y el respeto siempre por delante, anduvieron hasta el Castillo, dónde una vez Daneris, dicen que habitó. El Faro giraba sin parar, avisando de la tierra a los más ciegos, y alumbrando la tarde que ya caía. Subieron un poco más, y pasearon sobre la historia. Minas huérfanas hoy de hierro, de las que sólo quedaban restos y ruinas. Un sol ya casi apagado, languidecía sobre ellas, tintando todo de serenidad y belleza. Nos esperaba la Playa de los Muertos, virgen e inmaculada, por los siglos de los siglos. Regresaron, felices, entre sonrisas, sin nada que esconder. Porque el tiempo pasa sin remedio, para la vida, para los hombres, para los sueños y las ilusiones. Los castillos, las piedras, los recuerdos de otros momentos en el mismo sitio, son hoy, ruinas, y comienzos a la vez…

Leer Más

Nunca te canses de oír

Acabamos como acaban los conciertos, con la luna como testigo, repletos de satisfacción y con el deseo de más, de mucho más, de repetir lo que durante tanto tiempo se nos negó. Pero habíamos empezado horas antes, allí dónde la hospitalidad se hace carne, y la fiesta cobra su significado. Con una barra por bandera, la música desplegó sus alas, convirtiendo una tarde cualquiera, en inolvidable. Unas manos expertas, fueron regalando canciones sin cesar, colándose entre las copas que siempre estaban llenas. Cristales llenos de contenido, que fueron despertando nuestras ganas de seguir escuchando ese Indie, que tanto nos da. Y cargados de euforia, llegamos al Cortijo, y vimos como se obró El Milagro. Retornaron las guitarras, asaltando el silencio que tanto tiempo fue, cubriendo aquel descampado de música, de nuevo. Se notaba que había ganas, sobre, y frente el escenario. Volvieron los puños al aire, los coros al cielo, y la cerveza a brotar. Y amarrados a nuestras sillas, coreamos cada una de sus canciones, devolviendo a la vida unas gargantas que parecían apagadas. Repasaron antiguas y nuevas, himnos reconocibles que nos abrieron en canal y deseamos que aquel concierto no tuviera fin. Y volveremos, a verlos, a Viva Suecia y a otros, porque mientras no nos cansemos de oír, seguirá viva la música…

PD: A Choco, Ana, Gema y Amanda, abanderados del retorno.

Leer Más