Subimos, subimos y subimos, hasta que nos confundimos con el cielo. Nos elevados hasta que los límites eran líneas perfectas, y aún así, el horizonte siguió estando lejos. Llegamos hasta la frontera en la que se mezclaban el miedo y los sueños, y desde allí saltamos al vacío, buscando el verdadero significado de la Libertad. La nada nos envolvió, flotando sobre un paisaje que se achicaba conforme descendíamos. Nada nos retenia y bajamos con el único miedo de que aquello acabara, disfrutando de un vuelo libre, tantas veces soñado. Atados al viento, deshicimos el camino, y la sensación de que algo extraordinario habíamos hecho, nos condujo de nuevo al suelo, haciéndonos de nuevo prisioneros de la pequeñez de las cosas que no pueden verse, cuando no tienes, los pies en el cielo…