Amaneció

Ya no me asusta el viento aullando tras las ventanas, aquel que me erizaba la piel y me hacía esconder bajo la cama. Ya no hieren tus palabras ni siembran miedo en mi alma. Puedo decidir, equivocarme o no, con la tranquilidad de quién se siente seguro de sí mismo. Voy sintiéndome más libre, porque cada vez, tengo menos cosas que perder. Tengo cada vez más preguntas, camino abierto para nuevas experiencias y descubrimientos, la dirección correcta para seguir avanzando, conociéndome más y así poder afianzar esta felicidad que crece de nuevo conmigo. He vuelto a descubrirme, gritando al viento mi nombre, orgulloso de ser quién soy y de lo que soy, de saber que mi paso deja huella y que me recuerdan a pesar de todo. Hace tiempo que decidí ser, y casí lo olvido por segunda vez. Sólo yo fuí el culpable y sólo yo, debo poner remedio. Ahora descanso sobre la cama mientras oigo al viento susurrar mi nombre…

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Pérdidas

Zarpamos por fin. Cada uno tomó un rumbo esperando encontrar sus sueños más allá de aquel horizonte que parecía tan negro. Decidí que ya no navegaría contigo. Había sido un último viaje muy duro. El crucero que soñábamos, con noches eternas, escalas en planes en los que jamás atracaremos y la promesa de una vida tan nosotros, fué arrasado por la tormenta. Yo la ví venir y pensé que sería capaz de capearla por los dos. Me equivoqué y no me quedaron fuerzas para más. Tú, la tenías encima y en vez de luchar, te dejaste llevar. Recuerdo que te tenía agarrada bien fuerte. No hacías más que intentar soltarte mientras me pedías que no te dejara hacerlo. Una lucha constante contra nosotros mismos, en la que ninguno venció. Derrotados ambos, la tristeza de un nuevo fracaso llama a la puerta, dejándome apático y perdido. Voy comprendiendo los porques, y cuanto más lo hago, más me duele. Esta, ha sido una herida muy profunda, y ya son dos, en la que no sólo he perdido de nuevo mis sueños, sino que casi me pierdo de nuevo yo… Ahora dejo pasar los días, recuperando lentamente, casí todo lo que perdí…

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3 de Abril

Siguen pasando los años, sin esperar a nadie, haciendo un poco más viejos a todos pero haciéndo soplar velas sólo a unos cuantos. Seguro que habrá fiesta y regalos, y ojalá esté llena de ilusiones como todas las anteriores, aunque este año falten algunos, sustituidos por otros. No sé si el periódico se acordará de vosotros pero lloveran felicitaciones por doquier recordándoos, que no estáis tan sólos como pensais aunque no están todos los que deseais. Ausencias forzadas que no deben empañar la fiesta que seguro han preparado. No debería, ni recordar ni escribir, pero es algo que no puedo evitar. Así que aunque mis labios no lo pronuncien, se perfectamente, que hoy, es 3 de Abril…

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Vuelve…

El cielo se ha vuelto a vestir de gala, brillando las estrellas que cuelgan de su vestido negro. El viento frío llegó con retraso y ahora que es Primavera, quiere teñir todo de Invierno. Tardó en llegar y se resiste a irse, aferrándose el recuerdo de lo que debió ser y no fué. Fué la madrugada del último domingo la que sumó una hora más al reloj, restando sueño a la noche, y alargando así más los días. Se han disipado los humos de las chimeneas, llevándose con ellos, el olor a leña quemada y ha conquistado el ambiente, el aroma a verde, y cuelgan nuevas yemas, adornando de nuevo los árboles sin tener que ser Navidad. Ya camina la gente otra vez, sin rumbo ni dirección, en paseos finitos, observados por un atardecer que los acompaña tiñiendo de rojo el horizonte. Vuelve la Luna a sonreir, alumbrando una noche que hace tan poco, estaba oscura…

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Algún día

Algún día, cuando todo esto pase, tal vez comprenda porque no fuí capaz de retenerme a tu lado. Como conseguimos atarnos tanto que nos afixiamos y ahora tengo que buscar aire sin sabor a ti. Tenías esa mirada que me hacía temblar el alma, a veces de Amor, a veces de miedo. Eran tus debilidades las que te acercaban a mi, alejándote cuando más fuerte te hacías. Subías y bajabas. Entrabas y salías de mi corazón, en un tira y afloja, que me enloqueció por completo, sin llegar a saber jamás, si me querías a tu lado o no. Me deshice por tí, hasta tal punto, que ni yo me conocía. Y fué entonces cuando decidí ser egoísta. No era justo, pero debía salvarme. Y no creas que el dolor ha pasado, tan sólo estoy aprendiendo a vivir con él hasta que logre olvidarlo. No hay cosa más dolorosa que pudiendo estar contigo deba elegir, alejarme de tí. Puede que algún día comprenda…

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«De que hablo cuando hablo de correr»

El pecho quiere huir de mi cuerpo. Mi corazón late bombeando toda la sangre necesaria para mantener el ritmo a la vez que expulsa todo el agobio y la quemazón que llevo por dentro. No logro comprender como el camino me llevó hasta aquí lo mismo que la gente no comprende a ese loco que pasa a su lado respirando ruidosamente, buscando con ahinco, el aire que imploran sus pulmones para seguir corriendo. Cada zancada me aleja del dolor y me acerca cada vez más a mí, al inevitable reencuentro con mi verdadero yo, aquel que huyó a los cuarteles de invierno, aletargado, esperando que la tormenta pasara. Siento por momentos mis piernas más cargadas, pero como en la vida, no me rendiré. Un poco más y luego más, sudando tristezas e inspirando alegrías, corriendo a través de la libertad de una carrera que me ha de llevar de nuevo a lo más alto, alli de donde jamás debí bajar. Sudo, jadeo y me cuesta no decaer. Zancada trás zancada, miro al horizonte, me lleno de vida y los pensamientos se agolpan en mi cabeza. Es el agobio que propina el cansancio. Kilómetro a kilómetro, me acerco al final, ese que me dará el respiro que ahora me cuesta encontrar, ese que asfísia mi mente y mis pulmones. No está mal después de tanto tiempo. No está mal para el primer día de un nuevo comienzo…

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Petardos sin macetas

Se marchita la juventud. Ya no trepamos a los balcones para cambiar macetas por ilusiones, ni huimos a la carrera de las casas donde el tesoro más preciado eran las flores ajenas. Dejamos atrás años en los que el silencio era nuestro mejor aliado y unos hombros amigos, nuestras escaleras. Noches en las que la Luna era nuestro compiche en un intento por conquistar el corazón soñado. Unas manos manchadas de pólvora de liar los petardos, que un Sábado Gloria y un Domingo de Resurrección habrían de acompañar al Hijo y a la Madre, regalaban deseos a las niñas que antes o después, se transformarían en mujeres y quién sabe, si en la novia deseada. Un suelo mudo, acogiendo en su regazo, los petardazos que le propinamos, levantando cortinas de humo para que la luz no robe la belleza de un niño, que lleva toda una vida Resucitando y al que jamás, le pusimos una maceta…

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Cobardias

Estaría bien que se atrevieran a conocer a las personas antes de que se alejen de sus vidas. Podría suceder que los silencios no ocultaran los malestares que todos conocen pero que sólo tú parece que no ves. Sería bueno, que ambos buscaran la felicidad del otro y no acomodarse al amor que refleja uno de los espejos aunque venga de los dos corazones. Quizás si fueramos más egoístas y pensaramos más en nosotros, amaríamos al otro con más pasión. Si reconociéramos nuestros errores, lo mismo no había que buscar excusas en los del otro. A lo mejor, si fueramos menos cobardes y más cuidadosos desde el principio, mantendriamos a nuestro lado eso que decimos, que tanto queremos. Tal vez y sólo tal vez, si quisiéramos estar con esa persona realmente, hubieramos estado…

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En la oscuridad

Se alejan, todas y cada una de las personas que pasaron por tu vida, heridas de tí. Aquellas manos que acariciaron ahora duelen y todos los besos que diste, escuecen. Ulceras de desamor, abarcan el alma, llenándola de ausencias y de infinitos llantos. Vagan, suplicantes de remedio, apostados en la esquina de la esperanza, esperando esa oportunidad que les devuelva a la vida. Pero no os acerquéis al monstruo, ese que daña tanto como ama. Alimaña inquieta, que no aprende ni a golpes, oculto en su madriguera, dolorido por el dolor que causa. Flagelos en busca de un perdón que ni él mismo se concede mientras ve como todo lo que ama, lo destruye de un zarpazo. No es buena compañia, ni siquiera de la soledad. Y así pasa los días, en la oscuridad, intentando aprender a no tener miedo y recordando a los demás, preguntándose una y otra vez, como se «elige no sentir»…

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Gravedad

En mil pedazos. Almas rotas, intentando recomponerse a toda costa, buscando la respuesta que vuelva a unirlas. No vieron la piedra. Podrían haberla esquivado o amortiguado el impacto en un abrazo que los hubiera protegido de aquella lluvia de meteoritos. Pero no hubo contacto, tan sólo el intento de uno por sacar de allí al otro y la rendición del otro antes de tiempo. Tal vez si hubieran mirado más por ellos mismos en un acto de egoísmo, aún seguirían siendo uno. Pero el amor sólo entiende de sacrificios, y duele más el otro. Flotaron en un Universo increíble, encontrando soles soñados y surcando cielos azules, tan azules, como los que uno soñaba ver, pero fué un agujero negro el que los atrajo dejando oscuro su futuro. Duele cuando dejas atrás lo que quieres, pero «hay cosas que no caen por la gravedad, sino más bién, por lo que pesan…»

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