«De que hablo cuando hablo de correr»

El pecho quiere huir de mi cuerpo. Mi corazón late bombeando toda la sangre necesaria para mantener el ritmo a la vez que expulsa todo el agobio y la quemazón que llevo por dentro. No logro comprender como el camino me llevó hasta aquí lo mismo que la gente no comprende a ese loco que pasa a su lado respirando ruidosamente, buscando con ahinco, el aire que imploran sus pulmones para seguir corriendo. Cada zancada me aleja del dolor y me acerca cada vez más a mí, al inevitable reencuentro con mi verdadero yo, aquel que huyó a los cuarteles de invierno, aletargado, esperando que la tormenta pasara. Siento por momentos mis piernas más cargadas, pero como en la vida, no me rendiré. Un poco más y luego más, sudando tristezas e inspirando alegrías, corriendo a través de la libertad de una carrera que me ha de llevar de nuevo a lo más alto, alli de donde jamás debí bajar. Sudo, jadeo y me cuesta no decaer. Zancada trás zancada, miro al horizonte, me lleno de vida y los pensamientos se agolpan en mi cabeza. Es el agobio que propina el cansancio. Kilómetro a kilómetro, me acerco al final, ese que me dará el respiro que ahora me cuesta encontrar, ese que asfísia mi mente y mis pulmones. No está mal después de tanto tiempo. No está mal para el primer día de un nuevo comienzo…

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Petardos sin macetas

Se marchita la juventud. Ya no trepamos a los balcones para cambiar macetas por ilusiones, ni huimos a la carrera de las casas donde el tesoro más preciado eran las flores ajenas. Dejamos atrás años en los que el silencio era nuestro mejor aliado y unos hombros amigos, nuestras escaleras. Noches en las que la Luna era nuestro compiche en un intento por conquistar el corazón soñado. Unas manos manchadas de pólvora de liar los petardos, que un Sábado Gloria y un Domingo de Resurrección habrían de acompañar al Hijo y a la Madre, regalaban deseos a las niñas que antes o después, se transformarían en mujeres y quién sabe, si en la novia deseada. Un suelo mudo, acogiendo en su regazo, los petardazos que le propinamos, levantando cortinas de humo para que la luz no robe la belleza de un niño, que lleva toda una vida Resucitando y al que jamás, le pusimos una maceta…

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Cobardias

Estaría bien que se atrevieran a conocer a las personas antes de que se alejen de sus vidas. Podría suceder que los silencios no ocultaran los malestares que todos conocen pero que sólo tú parece que no ves. Sería bueno, que ambos buscaran la felicidad del otro y no acomodarse al amor que refleja uno de los espejos aunque venga de los dos corazones. Quizás si fueramos más egoístas y pensaramos más en nosotros, amaríamos al otro con más pasión. Si reconociéramos nuestros errores, lo mismo no había que buscar excusas en los del otro. A lo mejor, si fueramos menos cobardes y más cuidadosos desde el principio, mantendriamos a nuestro lado eso que decimos, que tanto queremos. Tal vez y sólo tal vez, si quisiéramos estar con esa persona realmente, hubieramos estado…

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En la oscuridad

Se alejan, todas y cada una de las personas que pasaron por tu vida, heridas de tí. Aquellas manos que acariciaron ahora duelen y todos los besos que diste, escuecen. Ulceras de desamor, abarcan el alma, llenándola de ausencias y de infinitos llantos. Vagan, suplicantes de remedio, apostados en la esquina de la esperanza, esperando esa oportunidad que les devuelva a la vida. Pero no os acerquéis al monstruo, ese que daña tanto como ama. Alimaña inquieta, que no aprende ni a golpes, oculto en su madriguera, dolorido por el dolor que causa. Flagelos en busca de un perdón que ni él mismo se concede mientras ve como todo lo que ama, lo destruye de un zarpazo. No es buena compañia, ni siquiera de la soledad. Y así pasa los días, en la oscuridad, intentando aprender a no tener miedo y recordando a los demás, preguntándose una y otra vez, como se «elige no sentir»…

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Gravedad

En mil pedazos. Almas rotas, intentando recomponerse a toda costa, buscando la respuesta que vuelva a unirlas. No vieron la piedra. Podrían haberla esquivado o amortiguado el impacto en un abrazo que los hubiera protegido de aquella lluvia de meteoritos. Pero no hubo contacto, tan sólo el intento de uno por sacar de allí al otro y la rendición del otro antes de tiempo. Tal vez si hubieran mirado más por ellos mismos en un acto de egoísmo, aún seguirían siendo uno. Pero el amor sólo entiende de sacrificios, y duele más el otro. Flotaron en un Universo increíble, encontrando soles soñados y surcando cielos azules, tan azules, como los que uno soñaba ver, pero fué un agujero negro el que los atrajo dejando oscuro su futuro. Duele cuando dejas atrás lo que quieres, pero «hay cosas que no caen por la gravedad, sino más bién, por lo que pesan…»

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«La novena vez»

Volvieron las cenizas tras el fuego, creándome de nuevo tras una muerte cantada. No sabe el Ave Fénix si tiene más vidas que un gato, pero no escatima en riesgos una y otra vez, mientras busca no sabe qué, sabiendo perfectamente lo que no quiere perder, aunque a veces se despiste. He vuelto a sentirme yo otra vez, a tropezar con mi sombra y abrazarnos, después de cruzarnos por los pasillos tantas veces y sentirnos como desconocidos. He vuelto a sonreir, a sentirme feliz, a jugar con la alegría de querer vivir, a cumplir planes y no dejarlos en cajones olvidados. Vuelvo a la lucha diaria, y aunque sé que somos carne de rutina, afronto los días con esperanza, con la tranquilidad de saberme vencedor ocurra lo que ocurra, con la seguridad que me da la confianza en mí mismo sabedor de que mis cimientos siguen en pie, capaces de soportar cualquier carga. Han sido ya muchas veces, pero seguiré intentándolo, porque quizás «la novena vez», no sea la vencida…

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Indescifrables

Nadie nos conoce. Eternos desconocidos buscando a alguién que nos resuelva, alguién que nos de las respuestas que ni nosotros mismos somos capaces de encontrar. Nos pasamos la vida explicando como somos cuando en realidad, nos ocultamos más, tras cada explicación. Buscamos sobrevivir, que no nos hagan daño y herirnos lo menos posible y aunque se puede elegir como hacerlo, todos acabamos tomando la misma decisión. Somos transfondos inexplicables, resúmenes inacabados, historias por escribir. Misteriosos todos, asomados al balcón de la curiosidad ajena, desde la que intentan averigüarnos sin llegar a comprendernos. Vanas todas las explicaciones que podamos dar a aquel que ya sacó su deducción, y sólo los buenos buscadores conseguirán acercarse a nuestro verdadero Yo. Perdidos en la selva de nuestras personalidades andamos, evitando la maleza y buscando llanuras, pero todo forma parte de nuestra naturaleza. Somos acertijos que no se sabe si alguna vez, conseguiremos descifrar…

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Me pertenezco

Flotando, transformando el cielo en un puzzle sin solución y moteando el pálido atardecer que anuncia el fin de otro día. Las nubes ajenas a la vida, obserban otro nuevo regreso que deja atrás el agobio y las prisas. Una ancha avenida me da la bienvenida y muestra un camino que se transforma en ida o en vuelta, según la dirección que cada escoja. Avanzo sin miedo, con la tranquilidad de saber, que haga lo que haga estará bién, que decida lo que decida, sólo yo seré el responsable. Me abro de nuevo a la libertad de mis decisiones, a la alegría de no saberme sólo y a la esperanza del reencuentro conmigo mismo. Todo está tranquilo. Sólo el dolor ajeno altera mi ánimo pero ya sentado, disfruto del momento, del ahora que me corresponde y seguro de mí mismo al pensar, que por fín, me pertenezco…

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«Entreguerras»

No eran los besos a los que nos atamos, ni las caricias que abrasaron la piel. No fueron las promesas que se volvieron informales, ni las ilusiones perdidas entre futuros sin futuro. Quisimos unir con alfileres Universos arraigados a nuestros mundos. Intentamos conseguir algo que debería haber fluido solo, forzando las situaciones, y sólo el Amor nos mantuvo en pie. Pero cuando el aire nos ahogó y quisimos dejar de respirar, nos perdimos en nuestros errores. Nos preocupamos de todo olvidándonos cada uno de si mismo, muriendo lentamente y dejando escapar sin saberlo, aquello por lo que tanto luchamos. Tal vez sea el destino que nos empuje a algo mejor o tal vez hayamos sido nosotros que nos separamos para no sentir dolor. Sea como sea, la incógnita de lo desconocido nos aguarda y dejamos atrás, las entreguerras que nos marcaron…

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Planeos

Planeo, sobrevolando la vida sin atreverme a participar de ella. Perdí la confianza y ya no sé si lo que hago está bien o mal y la pasión que mantenía encendida mi alma, se apagó, y no encuentro la chispa que vuelva a encenderla. Me limito a sobrevivir, a cumplir con la rutina en un intento por no olvidar la poca cordura que me queda, sujetándome al último resquicio para no caer el fondo de la desesperación. Apático, fórmulo preguntas e invento respuestas, y día a día, intento aprender a perder el miedo para así conseguir decidir libremente. Planeo la mejor manera de retornar a mi yo, de ser quién fuí antes de que me perdiera de nuevo en entregas altruistas, donde lo más importante era todo, menos yo. Trazo un plan en un intento por rescatarme, sintiendome egoísta por querer salvarme y a la vez necesitado de mí. Una terrible disyuntiva que derriba mi ego acelerando mi destrucción, esa que cuánto más cerca veo, más claro tengo, que jamás llegará…

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