Melacolic

Nos entretuvimos entre cervezas y charlas, y el tiempo voló a lomo de recuerdos y proyectos futuros. Pasó tan rápido que cuando nos quisimos dar cuenta, ya íbamos tarde, y cigarrillo en boca, cruzamos la calle siguiendo la brújula de la música. Sonaban ya los primeros acordes cuando traspasamos las puertas, y bajamos de planta con paso rápido, para no perdernos más. La gente ya bailaba y tarareaba sus canciones, mientras su voz , clara y concisa, embaucaba a todo aquel que la escuchaba. No había nadie que no se supiera sus letras, nadie que no bailara. Y sin pedir permiso nos unimos a todos los que allí estaban. No había canción que no mereciera ser grabada. Acordes aderezados con las palabras certeras para crear mensajes, descifrables y descriptibles, de esos que te llegan porque los entiendes, porque los sientes, aliñado todo con sonidos pegadizos, bailables, muy bailables, y potentes, nacidos de una garganta prodigiosa y envueltos en la personalidad que le infunde Sienna. Carne de su carne, creaciones de su cabeza, corazón y sentimientos. Estados de ánimo hechos canciones. Y fue corto, muy corto, o eso nos pareció. Supongo que es lo que tienen los buenos conciertos, que te resultan insuficientes y siempre quieres más. Anoche vimos un verdadero espectáculo, Melancolic incluido, y esta vez, no pasó frío…

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Gatos

Tarde, y ya es noche cerrada. Cubro el cuello con una braga, la cabeza con un gorro, y el cuerpo con mallas y camiseta térmica. Ajusto el frontal que ha de guiar mis pasos y alumbrar mi camino, y pongo en marcha mi cronómetro. Es hora de correr.

Empiezo despacito para calentar y coger ritmo, sacudiéndome el frío a cada zancada que doy. Y como en la vida, me siento más cómodo a medida que avanzo. Recorro el parque de un extremo a otro, y voy buscando la Vega, inhóspita, solitaria y fría en invierno, transitada, concurrida y refrescante en verano. Mi respiración coge ritmo, velocidad de crucero, marcando el paso de mis zancadas, un baile entre piernas y pulmones que me han de llevar y soportar varios kilómetros. Abandono el asfalto y toco tierra. Uno, uno, dos. Uno, uno, dos. Ritmo constante, y el sonido de mis pisadas sobre la tierra del campo. A mi izquierda, la parlanchina e iluminada autovía, que me acompaña con el murmullo constate de los coches que la pisan, e ilumina algunos rincones por los que corro. A mí derecha, la silenciosa y oscura Vega. Inmensos campos que alimentan mi tranquilidad y esa paz que encuentro cuando salgo a correr. Sobre mí, un cielo inmenso, infinito, oscuro sin luna, radiante con ella, seco sin nubes, húmedo con ellas.

Transpiro, pero ni el frío convierte ya mi sudor en más frío. Mi cuerpo se calienta, exhalando un vaho que me envuelve. Una pequeña pendiente me indica que en breve habré de girar a la derecha. Y vuelta al asfalto. Un camino a la vera del río, mitad acera y mitad carretera. Abandonado desde hace mucho, la carretera es un enjambre de baches, hondonadas provocadas por los mordiscos que el agua ha ido dando al asfalto, con el paso de los años. A mi izquierda ahora queda el río, silencioso, casi seco. Sólo el escucha el triste decrepitar de un pequeño hilo de agua, que sobrevive a duras penas.

En aquella oscuridad, mi frontal es mi faro, que me descubre dos pasos antes, lo que encontraré, dos pasos después. Se mueve al son de mi cabeza, alumbrando sólo lo necesario. Me cruzo con matorrales, que esquivo sin problema, y alumbro a lo lejos, más allá de los siguientes dos pasos, y entre la oscuridad, diamantes, pares de luces inertes, que se hacen más grandes a medida que me acerco. Algunas desaparecen, otras seguirán allí cuando llegue. Son gatos, valientes felinos que retan a la noche, al frío y la soledad, quizás esperando cazar algo, tal vez espiando a todo aquel que pase por allí. O a lo mejor aguardando el momento de saludarme, pero cuando no los vea…

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Melifluo

Poca gente y muchas ganas. Varados junto a la barra, mirábamos impacientes a un escenario vacío y tan repleto a la vez. Un escenario pequeño que sobrevivió al fuego, quién lo diría, y que sigue presidiendo la Planta Baja de aquel garito. Cerveza en mano, deseábamos que comenzara el concierto, y en la espera, fotos a media luz, dónde salieron casi todos, emergiendo un arcoíris de contrastes entre otra vez más, y otra primera vez.

Cinco, de blanco todos, resaltando sobre el rojo de los focos, rojo que derivó en mil colores conforme avanzaba el espectáculo. Porque, aunque íntimo y reducido, lo que allí vimos, fue un espectáculo. Comenzaron lentos, desperezándose, despertando de buena noche, trazando a golpe de guitarra y batería , las claves de lo que quieren ser, tras lo que fueron. Sobrevivientes del naufragio, que empiezan de nuevo, tratando de alcanzar de nuevo las estrellas, desde aquí abajo. Y el nuevo proyecto suena muy bien. Sus temas tomaron forma, y mentiría si no dijera, que por momentos me recordaron a Supersubamarina, en la forma, en el sonido, hasta en la voz, aunque otras, la sombra de Nixon apareció por allí. Pero lo cierto es que tienen vida propia, sonido reconocible, que sabe a ellos, dulce, melódico pero potente. Nos regalaron temas nuevos, estrenando allí mismo lo que está por llegar, y como buen grupo, dejaron para el final toda la fuerza. Saltos, estribillos para acompañar, y las luces que seguían camuflándolos. Aplausos merecidos y ganas de más, como resumen a una gran noche.

Mientras los pocos allí reunidos se fueron marchando, a ellos les tocó recoger y empaquetar, como a toda banda que empieza. Nos pusieron la miel en los labios y nos dejaron saborearla, y mientras esperábamos para inmortalizar aquella noche, descubrimos que en las maletas dónde duermen los instrumentos, descansa un nombre que ya no olvidaremos, Melifluo…

Sábado, 15 de enero de 2022. Sala Planta Baja, Granada.

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En el momento justo

No hubo pádel, a pesar de ir mentalizado. Pala al hombro y preparado para los golpes que habríamos de dar, pero el verdadero golpe, el de felicidad, me lo llevé yo. Usasteis el futbolín como parapeto, y asomasteis de la nada cuando entré. Mi incredulidad duró sólo unos segundos, lo que tardé en darme cuenta de la encerrona y de la sorpresa que me habíais preparado. Sonaba el “cumpleaños feliz” mientras aun no terminaba de creérmelo. Todos unidos y compinchados, para hacerme la mejor fiesta de mi vida. Abrazos, sonrisas, besos. Un aluvión de felicidad rebosando por mi cara. Entre cerveza y cerveza, el destripe de toda la fiesta. Partidas a ese futbolín que sirvió de escondite con un delantero que no se estaba quieto. Tapas para saciar el hambre, y regalos para no olvidar. Y en el culmen, una felicitación en forma de vídeos que todos enviasteis. Unos y otros, felicitando a este maduro que rejuvenece por momentos (al menos eso cree él); arrancando unas lágrimas y una emoción, que perduraran en mi corazón para siempre. Continuó todo como siempre lo hace. Chupitos y copas, música y baile. Y aunque la noche cayó y el frio nos alcanzó, aguantamos estoicos, hasta que el cansancio nos pudo. Me mecí entonces en brazos del sueño, sonrisa en boca, dando gracias a la vida, por haberme hecho nacer en ese momento, justo en ese momento, en el pude coincidir y conocer, a toda la gente que tengo a mi alrededor.

PD: Gracias por la fiesta de ayer, por los regalos, por la compañía, y sobre todo, por hacerme sentir, la persona más rica y afortunada del mundo.

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Cable a tierra

Año par y seguro que sobrevivimos, como todos los años. Queda poco para muchas cosas. Principios de los finales que llegaran en este año. Quizás olvide las “puñaladas traperas” que me dieron ya hace tanto y que aun escuecen. Lo mismo consigo desembarazarme de mi parte más rencorosa, aunque sin ella, quizás “no seré yo”. Así que le rezaré a “la Virgen de Humanidad” para que me ayude a ser un poquito mejor, doler menos a los demás y tratar hacer todo lo imposible por no apagar este “corazón de lava”, que arde y mantiene encendida mi alma. Viajaré, desde “Finisterre” hasta “el Imperio de Sol”, disfrutando de todos los momentos que me regaléis, porque quiero hacer este viaje con vosotros. Y a vosotros que os quedasteis, y a los que os fuisteis, gracias. Nadie tiene que estar, dónde no quiere estar. Por eso ahora sólo quedan, los que de verdad lo desean. Y aunque tenga poco, siempre lo compartiré, os doy mi palabra, porque “palabra es lo único que tengo”.

Dejamos atrás la imparidad, pero sólo por un año, que el siguiente vuelve sin más remedio. Quedan marcadis en “la diana”, los siguientes objetivos, planes a los que no fallaremos. Diversión a raudales, obligaciones sin remedio, y constantes ilusiones. Un año para nada aburrido, por muy par que sea. Llevaré conmigo el botiquín, ya sabes, por “si te quiebras” en algún momento y necesitas recomponerte. Ahí me tendrás, siempre “al final de la escapada”, y al principio, que coño. Que cuando empecemos juntos, acabemos juntos. Porque fuisteis, sois y seréis, mi “Cable a tierra”…

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Corazón de lava

Vestías gafas más grandes que tú, y ya caminábamos juntos. No fue sólo la niñez lo que nos unió, sino la vida que llevamos compartida. Mil historias a nuestras espaldas, unas contadas y otras que seguirán en nuestra lista de secretos hasta el final. Recuerdos con aroma de felicidad que despiertan sonrisas, momentos inolvidables que arrancan sentimientos, la mayoría buenos, aunque alguno malo se cuela, porque hemos tenido tiempo para todos. Y en todos, hemos estado juntos. Desahogos vestidos de confesiones, llamadas madrugadoras para recordarnos que siempre estamos ahí. Consejos para hacer lo que nos de la gana, aunque sabemos que siempre nos hacemos caso. En fin, la verdadera amistad.
Has sido niño, adolescente, como todos nosotros. Ahora eres padre, marido, hijo, hermano, jefe. Eres claro, sincero, duro cuando toca, e intenso, (más que yo). Pero eres sobre todo, generoso y bueno. Y a la vista está a la gente que consigues reunir cumpleaños tras cumpleaños. Ya vas por 45, y yo te sigo viendo con aquellas gafas. No has perdido las ganas de vivir, esa fortaleza que consigue que las noches interminables no te derroten, que el sueño no te venza, y que alargues los días como nadie lo hace. Arde en tu interior un alma de fiesta y un corazón de lava que prende todo cuánto toca, llenando de felicidad a los que estamos cerca de ti. Puedes sentirte orgulloso de lo que has conseguido, aunque el verdadero orgullo, es tenerte a nuestro lado.
Felicidades, hermanico.
Por toda una vida juntos.

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Para toda la vida

Es la hora perfecta para hablar de amigos, y enemigos, porqué no.

Cuando niños, tal vez era el sentimiento más fuerte que teníamos hacía alguien, (la amistad) después de la familia, claro. Incluso lo anteponemos a esa familia, en ciertos momentos de euforia amiguil llegados a la pubertad. El refugio que fueron nuestros padres, lo cambiamos por los amigos, que se convierten entonces en confidentes y compinches. Todo el tiempo es poco para estar con ellos y creemos que esa amistad, será eterna. Pasan los años, crecemos y muchos de esos amigos, se van quedando en el camino. Desaparecen como nuestra juventud, manteniéndose a nuestro lado sólo unos pocos. Nos damos cuenta de nuevo con la madurez, del verdadero valor de la familia. Serán ellos los que siempre estarán ahí, junto a esos pocos amigos que aguantaron la embestidas del tiempo y sus problemas. Aparecerán nuevas personas en nuestro camino, conocidos con los que relacionarnos, pero muy pocos nos calaran. Para eso se necesita preocupación mutua, y no está la gente por preocuparse por los demás, mucho menos dar, y aún menos, estar.

Ha pasado por mi vida mucha gente. De todas las formas, de diferente calaña. Con la boca llena de promesas, mentiras a la larga; de grandes sonrisas y grandes discursos, escudos donde se escondían; seres cambiantes y amoldables con tal de conseguir su felicidad a costa de los demás, mentirosos y manipuladores. Todos quedaron atrás. Amores pasados, compañeros de trabajo y amigos finitos. Quizás fui yo el que defraudó. Quien sabe…

 Fuera como fuera, lo cierto es que ahora sólo quedan los de siempre, los que estuvieron y los que estarán para toda la vida.

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Los chicos del Jager

Así fue, mejor de lo que habíamos imaginado, a pesar del frío, que quiso helar el festival pero que no lo consiguió. Gorros, guantes, plumones y Jager, mucho Jager, para calentarnos, e ilusión y todas las ganas del mundo para divertirnos y disfrutar de un Granada Sound que llegó con un año de retraso. No hubo tregua. Desde el primero al último, cabalgamos de escenario a escenario, viendo a los artistas que se vaciaron y quisieron dejar su huella después de tanto tiempo. Empezamos con luz, de tarde, con Sienna y Siloé, los más pequeños de la clase aunque pronto crecerán, porque tienen la clase y “El poder” para hacerlo. La potencia de unos artistas al servicio de los pocos que abrimos el festival. Con el atardecer y la caída del sol, emergieron Full, entre piernas cruzadas, faltas de equilibrio y sonrisas infinitas, felicidad en estado puro, que nos recordaron “Quiénes somos realmente” y la suerte que tenemos de tenernos a nuestro lado. Nos atrapó la noche heladora y en la oscuridad brillaron “Viva Suecia”, ayudándonos a entender, que gracias a momentos como esos, “Hemos ganado tiempo”, mientras Shinova dejaba libre de nuevo al “Mirlo blanco”, batiendo sus alas y llevándose con ellas todos nuestros miedos. La habitación roja, Xoel López, Veintiuno y su “Dopamina” para darnos algo de fuerza antes de los más grandes, que comenzaron y acabaron con nuestros “Días raros”, un círculo perfecto en el que encajaron sus himnos de siempre, junto a las canciones que compondrán su nuevo disco. Mientras nosotros, amalgama de sentimientos y emoción, de saltos y gritos, de disfrute y alguna que otra lágrima, nos volvimos a sentir como antes, libres de mascarillas y de miedos, seguros de tenernos al lado, y deseosos de volver a pisar unos conciertos y festivales, que tanto hemos echado de menos…

PD: Para vosotros, que siempre estáis. A los de siempre y a los nuevos.

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Cielos y estrellas

La vuelta a casa, cada tarde, rutina semanal como la rueda que no deja de girar. Un viaje de regreso con los bolsillos llenos de cansancio. Música de fondo y a través de la luna del coche, el cielo. Llevaba varios días escondido tras las nubes. Nubes negras, espesas, amenazadoras, egoístas tratando de tapar al sol que al caer cada tarde, luchaba por lanzar sus últimos rayos antes de sucumbir ante la noche. Nubes donde los rayos y truenos seguían con su eterna lucha, de quién es más rápido, dejando por el camino, un reguero de luz y sonido, que iluminaba el cielo a mi paso. Se escondía el frio tras ellas, dejándose ver cuando decidieron irse.

Luce ahora el cielo limpio, cristalino, helado. Nos observa sin pudor, avisándonos de lo que nos espera estos días. Será receptor de nuestros gritos, mientras bailamos sin cesar. Será casi invierno este año, el Granada Sound, pero haremos vibrar hasta las estrellas. El cielo sonará a frio y el ambiente olerá a música, mientras el firmamento mirará con envidia, las estrellas que allí sonarán…

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La espera

Lunes. Otro más. El kárate de mi hijo, y su ilusión por venir y no faltar, me hacen traerlo. Un barrio de la capital no muy alejado de nuestro pueblo, pero tan diferente a lo que vivimos a diario. Entra al gimnasio durante una hora, y esa hora, es mi momento de relax.

 A veces lo ocupo saliendo a correr. Entonces me acoge la Vega. La surco enfundado en zapatillas, observando la tierra aún sin edificar, sintiendo el viento en mi cara, que se lleva el estrés, el cansancio, y a veces, hasta los pensamientos. Los sentimientos ya es más complicado arrancarlos con aire, por eso van conmigo allá donde vaya.

 Otras veces, me siento en un bar, libro en mano, tomando un café a la vez que tejo la historia que leo, sacando ideas para mis propios escritos, y simplemente, maravillándome con el relato que se despliega ante mi. No es raro que no baste un solo café, igual que no es suficiente esa hora, para terminar de leer.

Y otras me siento en el coche, cerca del parque, viendo pasar a la gente e intentando imaginar sus vidas. Los escucho hablar, pasear, patinar, jugar con sus perros, o simplemente sentarse en los bancos a relajarse como yo hago. Ellos no tienen hijos en el kárate, o sí, vete tú a saber. Porque aun no he conseguido averiguar nada de sus vidas y ya ha pasado media hora de esta espera…

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