Y ocurrió así…

No era un concierto más. Traía consigo el regreso de muchas cosas. La casi normalidad, los aforos completos, escuchar música de pie, las ganas de saltar, de volver a vibrar, de desenfrenar las ganas, y como no, volver a verlos después de la última vez, que por caprichos del destino, fue justo aquí mismo, en La Industrial Copera, hace más de año y medio. Con León Benavente nos confinaron y con León Benavente, regresamos. Por eso no era un concierto más, ni lo fue.

Bajo la atenta mirada del reloj parado aquel día, arrancaron con Cuatro Monos, carta de presentación de ellos mismos y declaración de intenciones de lo que había por venir. Ritmo lento-medio para abrir boca, arropado por la guitarra casi punk y una batería sosteniendo todo el espectáculo. Repasaron casi al completo su último trabajo, y casi nos volvimos locos, intercalando temas de sus anteriores trabajos, encajando todo, con certera maestría. No eran canciones sueltas elegidas al azar, fue una historia narrada entre canciones que todos conocíamos, y que tarareamos animados por una banda que creó un espectáculo de luces y sonido, dónde primaron los sentimientos de aquellos que tocaron y los que tuvimos la suerte de verlos. Una comunión perfecta con un denominador común: las ganas.

Sobre el escenario, Abraham lo dio todo. Con sus poses calculadas y su característica voz cantó, narró y recitó, las letras de unas canciones, a las que arrancó todo su significado. “Mano de santo”, “Gloria”, “La piedra que flota” “Niño futuro”… un recorrido que fue in crescendo, culminando con “Ser brigada”, himno, y salto y seña de la banda y sus seguidores. Aquello fue un homenaje a la música y sus artistas. Y aunque el reloj siguió parado, nuestro corazón, volvió a latir…

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Cuatro monos

Era inevitable.

Regresar al pasado en el presente y retomar la vida, tal y como la conocimos. Cruzar la frontera de los confinamientos y abrazar la calle y sus gentes. Volver a cantar porque sí, sin más pretensiones que agradecer a la vida que aún nos tenga entre sus brazos, que no es poco, y disfrutar del sonido en directo, de manos de sus creadores. Por eso, era inevitable que volvieran los conciertos y festivales a tomar las ciudades, a fusionar música, luces e ilusiones, en un momento fugaz, en una actuación inolvidable, en una felicidad indescriptible.

Y era inevitable, que empezáramos dónde acabamos. Mismo sitio, mismo concierto, casi la misma gente. Con León Benavente nos encerraron, y con ellos, volvemos a la libertad. Cambiamos sábado por viernes esta vez, pero haremos el mismo recorrido: Camping y Copera. Volveremos a ver a estos Cuatro Monos “que saben rugir”, alentando a sus fieles para que no dejen de saltar. No habrá lugar para el recuerdo, mientras coreamos sus letras, menos aún para la tristeza, y entre cerveza y cerveza, volveremos a sentir la fortuna de estar allí, acompañados de nosotros. Y ahora que pasamos lo que pasamos, estos, algo más de cuatro monos, están dispuestos a disfrutar de la vida como se merece. Por si las moscas…

PD: No hubo silencio que acallara la música, ni confinamiento que apagara nuestras ganas. Tan sólo fue un inciso, un descanso obligado del que hemos sacado partido. Volvamos a disfrutar como merecemos.

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Es(tuvimos) allí

Pasado un año, volvimos a repetir. Se sumaron aquellos que no pudieron la primera vez, haciendo más grande al grupo, uniendo con más costuras un Cúllar Vega Sound, que ha crecido con el paso del tiempo. Una idea, que quien sabe si no pasará a la historia en un futuro, transformándose en un sueño.

Cerraron los ojos las ventanas, oscureciendo una sala para que todo se viera mejor. Flotaba la música entre luces y sombras, un arcoíris de sonido al que nos subimos para no dejar de bailar hasta que no pudimos más. Por medio, risas, abrazos, felicidad; todo aquello que se presumía y que ocurrió tal y como lo habíamos planeado. Fotos de todos con todos, dejando la huella del recuerdo, para que no se pierda por el camino. Amistad en estado puro. Lazos que no dejan de estrecharse y que ojalá nunca se rompan. Y aunque el telón cayó antes de tiempo para algunos, puedo decir con orgullo, que yo también estuve allí…

PD: Gracias a todos por un día inolvidable. Queda un día menos, para el siguiente…

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Reconocer

No sé si te darás cuenta antes de que acabe el relato. Si no es así, te lo diré yo al final.

Suele pasar, que admitir cuesta. Creerse algo, pensar que las cosas son como uno las piensa y luego tener que reconocer que no lo son, y que estábamos equivocados, es una pequeña derrota. O al contrario. Pensarnos erróneos y descubrir cuan equivocados estábamos, nos llena de razón y alegría. Lo mires como lo mires, es sólo cuestión de reconocer.

Saber distinguir es importante. Así es más fácil descubrir a los verdaderos de los impostores, elegir entre quien si y quien no. Siempre están aquellos que te venden historias irreales, cuentos de hadas dónde todos son perfectos, y la vida a su lado es maravillosa. Y si no desconfías al principio, irás descubriendo poco a poco que todo era un sueño, casi más para ellos que para ti. Luego están los que son coherentemente imperfectos, esos que van con la verdad por delante, los que no se esconden, los que sí. Y ocurre igual, que lo mires, como lo mires, es cuestión de reconocer.

Y recordar es indispensable. Lo que te hicieron, lo que hiciste, para alejarte y no volver a repetir errores, dolores. Recordar te hace libre, aunque a algunos les parezca una pesada mochila. Tener presente el pasado, es acumular experiencia, es haber sanado sin querer olvidar, para no volverte herir. Tener presente es quizás honrar, u odiar, porque no existe lo uno sin lo otro, y da igual lo mires como lo mires, es todo cuestión de reconocer.

Reconocer es todo esto y más, bueno y malo, en un sentido y en otro, como la propia palabra…

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Fuimos

Ha marcado el tiempo su paso en nuestro rostro y nuestros cuerpos. Arrugas que tiñen de vejez una caras, que hasta anteayer, eran tersas y jóvenes; achaques y pequeños dolores, que aparecen cuando menos te esperas y donde menos lo imaginas. Es el precio de cumplir años y de seguir vivos. Ahora construimos relatos más sólidos para convencernos de que estamos bien, excusas estudiadas que tratan de hacernos parecer más jóvenes de lo que somos. Y es que lo que somos, tiene poco que ver con lo que fuimos, aunque sin aquellos mimbres, no existiría esta cesta.  El tiempo erosiona, puliendo cuánto toca, madurando todo allí por donde pasa, evolucionando lo que rodea, transformando el pasado endeble, en presente constante. Aquellos que fuimos, jamás regresan, eternos rezagados, y quedan quienes somos, fugaces y efímeros, antes de cruzar el futuro. Si miras atrás, te verás, tan diferente y tan tú a la vez. Hemos corregido nuestros errores, no todos, pero sí, la gran mayoría. Ahora que soy más parecido a lo que siempre quise ser, trato de entender lo que fui, para dejar de inventarme. Fuimos y somos, pero lo más importante, es saber, quiénes seremos…

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C-19

Podría parecer un personaje de Dragon Ball, pero no, es el virus que vive entre nosotros. No dejo de pensar, como algo tan pequeño, ha hecho cambiar tanto nuestra forma de vivir. Las noticias más importantes caminan ahora por la senda de la incidencia, medida standard del contagio y que es la culpable de confinamientos o no, de cierres perimetrales, o no, o de llevar mascarilla, según el sitio dónde estemos. Nos hemos acostumbrado a mantener las distancias, a dosificar los abrazos, mucho más los besos. A guardar colas, a tener paciencia en ellas, a evitar sitios cerrados y buscar mucho más el aire libre. A palabras nuevas, como gel hidroalcohólico, como PCR, test de antígenos, carga viral, innumerables términos que siempre estuvieron ahí y que jamás salieron de nuestras bocas. Ahora conviven con nosotros, como convive el virus, como algo normal, aunque no lo sea. Han llegado con él nuevos cambios y avances, como las vacunas, la gran esperanza para sacudirnos esta pandemia. Que se las pongan o no, depende de cada uno, porque virus trajo consigo también, las teorías de la conspiración. Múltiples especulaciones del origen del virus, la búsqueda incansable de un culpable de esta pandemia, de los porqués, y más recientemente, de la efectividad de las vacunas y de su seguridad. El Covid ha traído consigo muchas cosas, pero para mí, la peor es el miedo. Ese miedo irracional de muchos a no saben qué, exactamente. A contagiar, a contagiarse, a salir, a no salir. A la disyuntiva constante de querer estar con alguien y a la vez no querer. A pensar constantemente que les pasará. En definitiva, miedo a vivir. Les ha atenazado, los ha debilitado mentalmente, hasta conseguir anularlos, hacerlos indecisos, incoherentes, cobardes. Hay unas normas que todos debemos seguir, y fuera de ahí, la vida sigue, porque esto pasará y la vida seguirá. Que quedará de nosotros cuando esto ocurra? Eso está en manos de cada uno de vosotros…

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Si nos enseñaran a perder…

Se ha vuelto a desplegar la magia. No ha hecho falta mucho, tan sólo con leer el título de su último libro, sabes que no defraudará. Es de esas personas (porque llamarlo sólo escritor se queda corto) que te envuelven con su trazo fácil pero profundo, sencillo pero directo, llano y sensible. Todas sus historias, rezuman vida, lecciones, esperanza. Que un libro te transporte a otro lugar, a otro tiempo, a otra vida, es porque es bueno, pero si además te arranca sentimientos, haciéndote sentir lo que lo que siente el personaje de lo que estás leyendo, es otro nivel. Me he sumergido en su primer relato, y ahí estaba él. De nuevo entre sus palabras, entre sus frases, amuletos para la vida, nuevas perspectivas para afrontar el día a día. Es reconocible, pero siempre es nuevo. Y lleva razón, basta con alejarse para ver mejor el mundo. Empeñados en observar sólo lo cercano, padecemos egoísmo miope, empeñados en pensar en nosotros y en lo que tenemos delante de nuestras narices, dejando a los demás de lado. Seria conveniente ponernos los zapatos de otras personas, y saber por dónde pisan y que sienten, antes de juzgarlos. Tal vez así, entenderíamos mejor todo y a todos.

Se ha vuelto a desplegar la magia, y he vuelto a emocionarme, a sentir, a llorar. Le ha bastado el primer capítulo para demostrar, que su nuevo libro es como los anteriores, una magnifica obra, que no debes dejar de leer.

PD: Gracias a Albert Espinosa, por sus libros y por sus lecciones.

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Al otro lado

Se mecen las cortinas en brazos del viento, que invisible y silencioso, las intenta apartar para poder pasar al otro lado. Lo noto, sin que llegue a rozar mi piel, sin que llegue a refrescar siquiera, pero se delata con el baile que arranca a unos pliegues, que se tensan con cada uno de sus pequeños envites. Desde este lado, la tarde suena a silencio, roto, por algún que otro coche atravesando la calle en dirección indefinida y acallando a los pocos pájaros que se atreven a salir de sus nidos a estas horas. Al otro lado, la templanza de una tarde de agosto. Quedaron atrás los días de infierno, de calor abrasador, dónde el sol dolía y el asfalto casi se derretía. Desde este lado, sabe a más a fin de estación, a ocaso estival, a verano que se va diluyendo. Otro año más a pesar de nosotros. Al otro lado, tú, tan cerca y tan lejos. Si cierro los ojos casi puedo tocarte, pero al abrirlos, es sólo una quimera. Pero tranquila, no hay dramas. Aunque desde este lado, las ganas, la añoranza y la pasión, me agitan, mientras las contengo para no desesperarme. No, no voy a volverme loco, eso no va conmigo, pero al otro lado sé que me esperan, tú, y mil planes más, y hoy, ya, un poco menos…

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Amor o muerte

No le tengo miedo a la muerte, pero eso no quiere decir que quiera morir. Temo más al dolor, al sufrimiento, pero el dejar de existir aquí, no me asusta. Sobre todo me angustia perder a mis seres queridos, aquellos a los que amas. Pensar en su ausencia, en su falta de compañía, me produce un dolor indescriptible. Y es que juntar esas dos palabras, amor y muerte, resulta peligroso. Porque cuánto más amas algo, más crece el miedo a perderlo. Nos empeñamos entonces en controlarlo todo para que nada malo pueda ocurrir, sin saber, que es imposible conseguir tener todo bajo control. Los accidentes ocurren, el libre albedrío cumple su función, y ocurren cosas inesperadas que escapan a nuestro control, deshaciendo esa falsa seguridad que creíamos tener en nuestras manos. Tememos entonces por los demás, y dejamos de vivir como deberíamos, encorsetados en un rigor estéril que nos lleva a no ser totalmente felices. Amamos tanto, que olvidamos que la muerte llegará, queramos o no, y olvidamos lo más importante, el sentirnos vivos, disfrutar de lo que tenemos, aprovechar hasta el último segundo. Así que si alguna vez os preguntan que pesa más, el amor o la muerte, contestad sin dudar: LA VIDA.

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Parar la tierra

Silencio, templanza, quietud. Cielo estrellado, firmamento oscuro, luna menguante. Noche de verano. Yazco rendido en mi cama, y reposáis conmigo hoy, atravesando mi mente, arrastrando con vosotros las palabras que ahora escribiré.

Todos buscáis las respuestas que os den paz y descanso. Fisgoneáis en vidas ajenas, tratando de encontrar la solución a vuestras dudas, a vuestras inseguridades, o peor aún, para demostrar que no estáis tan mal, si al otro le va peor. Os agarráis a clavos ardiendo para seguir creyendo, pero todo es inútil, si pierdes la fe en ti. Excusas, mentiras, y otras prestidigitaciones, para no llamar las cosas por su nombre: cobardía y soledad.

Mensajes en botellas lanzados al mar, con la esperanza de que su destinatario sea quien debe ser. Travestis de la mentira, tratando de hacernos creer, que son, lo que no son. Dignos sin martillo, y sin palabra. Llaneros solitarios, defensores del egoísmo y sus consecuencias. Capitanes que abandonan el barco cuando nadie los ve, y tratan de hacernos creer, que es por nuestro bien.

Creo que no me dejo a nadie. Os mostráis sin querer y os veo. Observo cada paso que dais y lo pongo en contexto. No os juzgo, pero saco conclusiones. Seguro que es lo mismo que hacéis conmigo. Y os aseguro que lleváis razón en lo que pensáis. Porque yo no me escondo. Para bien o para mal, esto es lo que hay. No quiero cambiar nada, ahora, claro. Más adelante, ya veremos. Eso depende sólo de mí.

No hay discursos vacíos, ni palabras enredadas. Basta con saber. Porque por mucho que queráis, es imposible parar la tierra…

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