El instante más oscuro

No digas que no lo conoces. Esa indecisión para tomar decisiones que estrangula tu vida cuando tienes que elegir un camino y sabes, que tu elección, marcará el rumbo. Es justo ese momento en el que, atrofiado, mascullas una retahíla de razones por las que “si» y justo a continuación, son devoradas por las del “no». Las eterna balanza sin equilibrar, la opacidad de un momento que se ha ido gestando lentamente, nublando por completo la lucidez que nos apoyaba. Abandonados en el laberinto, corremos tras una salida, que huye de nosotros, cerrando caminos, alargando atajos, engulléndonos hasta ahogar nuestra respiración. Momentos grises en los que no entendemos los porqués, menos aún, si van en contra de nuestra ética. Y es ahí cuando debe mostrarse nuestro valor, la incombustible fuerza de voluntad que nos mantiene vivos. Las infinitas ganas de luchar, porque “rendirse, no es una opción» y saber mantener a salvo tus convicciones, porque, que es una persona sino la extensión de sus pensamientos acompañados de sus actos. Todos tenemos instantes oscuros, problemas inesperados que resolver, planes inoportunos a los que expulsar como polizones que se cuelan en ese barco que es tu vida. Asi que, valentía y decisión para ser coherentes. Firmes y fuertes, esa es la consigna, que aún queda mucha vida…

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No esperaba

No esperaba aquel sol radiante inundando la plaza, ni a todos los que allí estuvimos dándonos ese baño de música. Brotaba el agua de la fuente a ritmo de Siloé, que brillaron tanto como el sol que los escuchaba, y fue su voz, el ritmo perfecto para dar paso a Second, sorpresa y no por ellos segundos. No esperaba la baqueta que lanzaron al público y que acabó en mis manos, más como premio del destino por tantos festivales recorridos que por intención del cantante. No esperaba a Shinova, camuflado entre el público y al que le robé una foto. Y no esperaba aquel preludio de lo que habría de venir. Fue en aquel “Rincón exquisito» donde comenzó todo y donde “La niebla» hizo acto de presencia, sin ocultar ni un solo momento la brillantez de aquellos acústicos.
Escalamos hasta el parque, buscando a unos Elefantes que se han hecho más grandes con los años, y más viejos, como nosotros, tal vez por eso, suenan cada vez mejor. Preciosos en sus letras y sabios en sus melodías, transmitiendo la misma energía que antaño. Llegó la noche de mano de sus canciones y se pusieron las estrellas a los pies de Shinova. No esperaba el recital que nos dieron. Supieron elegir los temas y no bajaron ni un solo segundo, haciéndonos bailar “una, otra, y otra, y otra vez». Con sus “Cartas de navegación» controlaron desde el escenario, el tiempo y el ritmo, desbocando a más de uno de los allí presentes, que no querían que aquello terminará, y tras el final de ellos, el principio de Izal. Pusieron rápido sus cartas sobre las mesa: salían a ganar. No hubo “Pausa» entre tema y tema, recorriendo sus» Agujeros de gusano» en busca de la “Mujer de verde». Un paseo que acabaría con “El baile» y huyendo de “El pozo». Espectáculo de luces y sonido, con muchas tablas a sus espalda, y que demuestran porque son de los mejores en el mundo Indie español. Ocurrió así, en Benalmádena. Desnudamos la música para ver su alma y la vestimos de sentimientos. La adherimos a una imagen para retenerla en el recuerdo. La escuchamos y la entendimos. La sentimos y la hicimos nuestra, dándole el significado que tiene para cada uno. La bailamos, la saltamos y la disfrutamos. Le dimos vida. Y la verdad, no esperaba un festival tan grande y familiar, como tampoco esperaba disfrutarlo tanto con cada uno de los que estuvisteis a mi lado.
Ya huele a siguiente, siempre con vosotros…

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Guerra y paz

Es el arrepentimiento la excusa de una decisión mal tomada.
Palabras que se dicen con la seguridad de aquel que confía en la tranquilidad de una vida casi perfecta y en la que no quería añadir nada más. Pero el descubrimiento de algo interesante suele hacer cambiar de opinión, desdiciéndose de las premisas que aclararon el camino y que ahora son los muros que no dejan avanzar, creando una sensación de impotencia y de rabia contenida, por no dejar rascar más allá. Es fácil brindar al viento nuestros pensamientos, pero bastante más difícil, mantener su vuelo.
Se reparte el tiempo dos vidas, con los mismos miedos, con los mismos anhelos, mismo punto en común. Vierten lágrimas por lo que pudieron haber hecho y no hicieron pero sobre todo, pero lo que sí aguantaron y no debieron. Sueña su mente con lo que pudo ser y jamás será, con el resultado de una decisión que nunca tomaron. El futuro improbable contra el presente más cruel. La felicidad del comienzo apagada y transformada por el paso de los años, que han ido cambiado el guion de unas vidas que soñaron con volar alto y que hoy luchan por aterrizar de pie. Vencedores y vencidos, comiendo en la misma mesa, luchando por ver quien recoge los platos rotos.
No se detiene el tiempo por nadie, ni espera. El ritmo constante de la vida, nos hace urgentes de los días, teniendo que decidir mucho en poco, obligando a elegir cuando no tenemos nada claro , o sí. Pero los cambios son inminentes, y las decisiones tomadas se vuelven erróneas o acertadas, dependiendo del momento en el que vivimos y de los sentimientos que nos invaden. Y en medio nosotros, discutiendo como salir ilesos de la guerra para poder vivir en paz…

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Contando aullidos

“Sería más fácil empezar por la verdad», pero a todos nos asusta. Por aquello de tener que aceptar lo que uno ha visto venir y no quiso reconocer, o no se atrevió a cambiar. Que sabe nadie. El miedo es así de cruel. Nos hace cobardes, nos atenaza, nos va hundiendo, dejando sin respiración. Aprendemos a patalear, a sacar la cabeza para coger el aire justo y seguir con la farsa. Excusas de mercadillo para darnos una razón que en el fondo sabemos que no tenemos. Porque él ya no es el mismo, porque hace tiempo que ya no siente nada, (ni yo tampoco), porque camino sola. Cansancio. Pena. Oscuridad. Invierno… Decisiones por tomar y caminos que elegir. Valor, fuerza, decisión… la senda de la felicidad. Tiempo, dolor y sanación, que aunque ahora no lo veas, será lo que te vuelva a hacer sonreír. Agarra con fuerza la vida. Es la única que tienes, y construye a tu alrededor el mundo en el que quieres vivir. Críticas?? Muchas. Ya sabes que la gente opina por necesidad, y desde la perspectiva de sus pensamientos. No harán ningún esfuerzo por escuchar, aún menos, por entender. Así que acostúmbrate a contar aullidos, que los lobos acechan…
A Ana y sus decisiones. Que siempre te acerquen a la felicidad

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Hijos de la música

Siempre era fin de semana, cuando el sonido de los primeros rayos repiqueteaban sobre las persianas a medio abrir y las atravesaban, descomponiéndose en miles de motas, que bailaban al son de la mañana. Rugía el silencio en la calle, sólo acallado por las campanas que llamaban a misa primera, preludio de los primeros murmullos que asaltarían la calle, presos del miedo por el retraso a la llamada de Dios. Sonidos mezclados con el trinar de los pájaros, música celestial para un cielo limpio que descargaba su claridad sobre nosotros y que nos obligaba a abrir unos ojos, que renegaban de la mañana y su despertar. Él era más rápido, y aún entre sueños, llegaban las primeras notas. Era Serrat bañándose en el “Mediterráneo”, o Alberto Cortés, dibujando “castillos en el aire». Fue Jarcha, luchando por una Andalucía mejor, y “Clodomiro» silbando una canción de la que olvido la letra. Era música entre sábanas, arrumacos entre notas musicales, preludio de Cola Cao y torticas. Eran los buenos días de un padre a sus hijos, a los que inculcó el gusto por la música en aquellas mañanas que hoy forman parte de mis recuerdos. Y tal vez gracias a él hoy surcamos festivales, rondamos conciertos y amamos tanto la música, que buscamos cualquier excusa para conocer nuevos artistas. Tal vez hoy, las palabras se transformen en notas que puedan componer una canción explicando cómo hemos llegado a ser, hijos de la música, y que no deje de sonar jamás…
Próxima parada, Benalfest!!!

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De estaciones y trenes

Dicen que hay trenes que sólo pasan una vez en la vida y que la estaciones están llenas de gente que perdió esos trenes. Que cuando pasan y los pierdes, ya no tienes otra oportunidad. Tal vez sea cierto, y ese tren ya no vuelva a pasar, pero el destino seguirá allí mismo y tal vez sólo necesites esperar al siguiente. Lo único necesario para llegar al destino es que tu quieras ir, que pongas las ganas necesarias, que te vistas de ilusión y que jamás desfallezcas. No busques excusas fuera de tu continente porque todo lo que necesitas saber, habita en ti. Escúchate, siéntete, respétate, y habrás conseguido el billete en primera clase para el mejor de los viajes. No, no quieras huir, ni siquiera a Marte. Aquí en la Tierra se está muy bien si aprendes a ser feliz. Nadie ha hablado de fácil pero tampoco de imposibles. Y es que a veces las matemáticas no son tan exactas, ni el tiempo. Por eso un retraso puede ser el mejor momento y encerrar lo que jamás imaginaste. Sólo basta invocar a la paciencia y todo fluirá. El tren acabará llegando. Sabrás para entonces “a donde ir»…???
Para todos aquellos que saben, que “tú eres la respuesta»

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Lo que te diré cuando te vuelva a ver

Última noche, aquí. Acabó el viaje y las llamadas siguen ausentes, los mensajes nulos, y el interés cayó como lo hizo el Coliseo. Todo quedó en ruinas, vestigios de un pasado lejano y esplendoroso, y que ahora visitamos para tratar de entender como y porqué. El rango del tiempo es diferente pero las intrigas, siguen siendo las mismas. La magnitud de las construcciones que plagan está ciudad, son incontables. Hablan de riqueza, de poder y todas las mentiras que éstas conllevan para que la ecuación sea perfecta. El paso del tiempo ha ido refinando a los romanos, y ahora caminan por las calles empedradas vestidos de elegancia y pose fotográfica, postureo made in IItaly. Supongo que la corrupción llega a todos los estamentos y olvidan lo más importante, las gentes que pueblan la ciudad de Dios. Tal vez por eso El Vaticano se instaló aquí. Supo la Iglesia sacar partido a la historia de un revolucionario y han forjado a través de los años tal poder, que tienen país propio. Monumentos a la memoria de la hipocresía, columnas que sostienen, abrazan y adornan una plaza, con el nombre del primer Papa, Pedro; la Iglesia más grande del mundo y una capilla pintada hace siglos. La Sixtina recrea la historia que quiere la Iglesia hacer creer a sus fieles. La creación de un mundo a manos de un Dios, que día a día, va perdiendo crédito. Y es que hay que predicar con el ejemplo. No bastan las palabras. Los hechos importan más. Y la Iglesia, como muchos, es más charlatana que hacedora. Se acaban las excusas, y las máscaras de carnaval van cayendo, mostrando el verdadero rostro. La Gran Belleza era una estafa, bonita por fuera y no tanto por dentro. Aún así, ha valido la pena conocerla y seguramente volveré, aunque no estoy seguro de lo que te diré, cuando te vuelva a ver…
A Roma, a sus grandiosas construcciones, que muestran tanto, como esconden. Y a las casualidades, que nos acompañan allí donde vayamos, porque las respuestas no aparecen cuando se las necesita, sino cuando deben…

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Trenes

Llueve Roma. Se rompió el cielo anegando de belleza la ciudad eterna. Sigue el Imperio en pie, aunque se desmoronen sus construcciones, restos de recuerdos de una ciudad que aún sigue siendo grande. Nadie pensó que una Loba daría para tanto y que de dos hermanos, nacería la leyenda. Altos, los techos y sus tejados, y majestuosidad allí por donde pisamos. Todo un despliegue de magia para acabar de embaucar a todos los que se atreven a visitarla. No saldrán ilesos de allí y mucho menos con mal sabor de boca. Trevi y su Fontana les dejará pedir deseos. Que se cumplan, dependerá de las monedas que arrojen a sus aguas. Y en la Plaza de España, contarás escalones. Lo de subirlos ya hablaremos más adelante. Y todo bajo la luz de la noche, esa tenue y que no deslumbra, la que perfila más que dibuja y esconde más que muestra. El juego de la seducción.
Habla Roma, en un murmullo constante que no cesa ni al morir el sol. Un sonido incesante de palabras en la lejanía que ahogan el silencio para que no pueda callar. Esa Roma oscura, desconocida, al margen del Coliseo y el Vaticano, actores de renombre en la gran Opera. No escucharás sus voces a menos que los busques, quedando mudos en la ignorancia de quien jamás los conocerá. Secretos por descubrir y toda una ciudad por conocer. Nos trajeron hasta ella los trenes que surcan este país, cordones umbilicales que nutren a sus hijos, ciudades enteras a merced de ellos. Y desde un balcón de esta ciudad, como los hermanos que la crearon, brindan hoy otros hermanos, intentando alargar esta visita y disfrutando de estos momentos que no saben si se repetirán, y pensado, “que hoy, es siempre todavía…”

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Escalas

Centro, aunque seguimos alejados. Pero las distancias no importan cuando nos tenemos tan cerca, cuando respiramos el mismo aire. Los años te hacen más independiente, o deberían. Por eso hemos aprendido a vivir con el miedo a lo desconocido, a tomarlo como un reto, a necesitar estar sólo y desenvolverse por uno mismo, estés donde estés. Incluso puedes notar, como se vuelve necesidad. Y es que esas escapadas en solitario, mochila al hombro, rodeado de tanta gente, turistas amarrados a sus cámaras, inmortalizando cada rincón de esta ciudad, cada monumento de historia, cada huella de piedra; esas huidas sin despegar, en las que el barullo se vuelve silencio, en el que todo existe y nada tiene importancia, en el que consigues el relax entre tanto ajetreo, tranquilidad entre la multitud. Paseos de unos pocos metros en los que respiras libertad perdido en la marea humana. Nadie te ve, ni quieres que lo hagan. No se fijan porque no existes para ellos, y así debe ser. Sólo tú y el momento. Subir al Duomo y ver Florencia, cuajada de tejados y de calles estrechas. Museos y parques que no dejan morir la historia y su recuerdo. Edificios que llevan ahí desde casi siempre y la visita incansable de todos los que venimos a llenarnos de su belleza. Parada y fonda en la ciudad de los Medici. Desconexiones para recuperar la historia. Introspecciones de uno mismo y espeleología del alma. Otra escala más en nuestra vida…

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…Agua…

Fue en Mestre, la antesala de la ciudad del agua, la que nos vio despertar la primera mañana y nos empujó sin pensarlo hacia Venecia. Y allí, se hizo realidad el sueño. La Gran Madonna , arrastrando sus 70 años, cumplió otra ilusión, y aquellas lágrimas, fruto de la emoción, fueron a engordar más, los canales de la ciudad de las góndolas y sanar un poco, su maltratado cuerpo. Y es que no sólo de pan vive el hombre, y ella más que nunca, necesita de nuevas aventuras, de cerrar capítulos y cumplir con todo aquello que antes no pudo. Nadie en aquella ciudad, imaginaria que la felicidad caminaba por ella, que a pesar de ser regalo de muchos, pocas veces fue un sueño hecho realidad. Que sus suelos flotantes, sus puentes, sus iglesias, su plaza de San Marcos, sus góndolas y toda su agua, serían el escenario perfecto, para este viaje. Nos perdimos entes sus calles, arterias que no dejaban de bombear gente. Cada esquina, cada puente, fueron el marco perfecto de miles de fotos, intentando dejar constancia de nuestro paso por la ciudad. Llegamos hasta donde acababa la tierra, el borde mismo de la frontera con el mar, aunque este la invada por todas sus calles. Subimos hasta lo más alto, y vimos que pequeño se ve todo y que insignificantes somos. Y regresamos, vencidos, anocheciendo con la luna, y aún estando tan lejos, en aquel lugar tan diferente, si sólo mirabas al cielo, nadie diría que estábamos tan lejos de casa, sino fuera por el agua…
A mí madre, porque se merece todo y más…

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