Reconocer

No sé si te darás cuenta antes de que acabe el relato. Si no es así, te lo diré yo al final.

Suele pasar, que admitir cuesta. Creerse algo, pensar que las cosas son como uno las piensa y luego tener que reconocer que no lo son, y que estábamos equivocados, es una pequeña derrota. O al contrario. Pensarnos erróneos y descubrir cuan equivocados estábamos, nos llena de razón y alegría. Lo mires como lo mires, es sólo cuestión de reconocer.

Saber distinguir es importante. Así es más fácil descubrir a los verdaderos de los impostores, elegir entre quien si y quien no. Siempre están aquellos que te venden historias irreales, cuentos de hadas dónde todos son perfectos, y la vida a su lado es maravillosa. Y si no desconfías al principio, irás descubriendo poco a poco que todo era un sueño, casi más para ellos que para ti. Luego están los que son coherentemente imperfectos, esos que van con la verdad por delante, los que no se esconden, los que sí. Y ocurre igual, que lo mires, como lo mires, es cuestión de reconocer.

Y recordar es indispensable. Lo que te hicieron, lo que hiciste, para alejarte y no volver a repetir errores, dolores. Recordar te hace libre, aunque a algunos les parezca una pesada mochila. Tener presente el pasado, es acumular experiencia, es haber sanado sin querer olvidar, para no volverte herir. Tener presente es quizás honrar, u odiar, porque no existe lo uno sin lo otro, y da igual lo mires como lo mires, es todo cuestión de reconocer.

Reconocer es todo esto y más, bueno y malo, en un sentido y en otro, como la propia palabra…

Leer Más

Fuimos

Ha marcado el tiempo su paso en nuestro rostro y nuestros cuerpos. Arrugas que tiñen de vejez una caras, que hasta anteayer, eran tersas y jóvenes; achaques y pequeños dolores, que aparecen cuando menos te esperas y donde menos lo imaginas. Es el precio de cumplir años y de seguir vivos. Ahora construimos relatos más sólidos para convencernos de que estamos bien, excusas estudiadas que tratan de hacernos parecer más jóvenes de lo que somos. Y es que lo que somos, tiene poco que ver con lo que fuimos, aunque sin aquellos mimbres, no existiría esta cesta.  El tiempo erosiona, puliendo cuánto toca, madurando todo allí por donde pasa, evolucionando lo que rodea, transformando el pasado endeble, en presente constante. Aquellos que fuimos, jamás regresan, eternos rezagados, y quedan quienes somos, fugaces y efímeros, antes de cruzar el futuro. Si miras atrás, te verás, tan diferente y tan tú a la vez. Hemos corregido nuestros errores, no todos, pero sí, la gran mayoría. Ahora que soy más parecido a lo que siempre quise ser, trato de entender lo que fui, para dejar de inventarme. Fuimos y somos, pero lo más importante, es saber, quiénes seremos…

Leer Más

C-19

Podría parecer un personaje de Dragon Ball, pero no, es el virus que vive entre nosotros. No dejo de pensar, como algo tan pequeño, ha hecho cambiar tanto nuestra forma de vivir. Las noticias más importantes caminan ahora por la senda de la incidencia, medida standard del contagio y que es la culpable de confinamientos o no, de cierres perimetrales, o no, o de llevar mascarilla, según el sitio dónde estemos. Nos hemos acostumbrado a mantener las distancias, a dosificar los abrazos, mucho más los besos. A guardar colas, a tener paciencia en ellas, a evitar sitios cerrados y buscar mucho más el aire libre. A palabras nuevas, como gel hidroalcohólico, como PCR, test de antígenos, carga viral, innumerables términos que siempre estuvieron ahí y que jamás salieron de nuestras bocas. Ahora conviven con nosotros, como convive el virus, como algo normal, aunque no lo sea. Han llegado con él nuevos cambios y avances, como las vacunas, la gran esperanza para sacudirnos esta pandemia. Que se las pongan o no, depende de cada uno, porque virus trajo consigo también, las teorías de la conspiración. Múltiples especulaciones del origen del virus, la búsqueda incansable de un culpable de esta pandemia, de los porqués, y más recientemente, de la efectividad de las vacunas y de su seguridad. El Covid ha traído consigo muchas cosas, pero para mí, la peor es el miedo. Ese miedo irracional de muchos a no saben qué, exactamente. A contagiar, a contagiarse, a salir, a no salir. A la disyuntiva constante de querer estar con alguien y a la vez no querer. A pensar constantemente que les pasará. En definitiva, miedo a vivir. Les ha atenazado, los ha debilitado mentalmente, hasta conseguir anularlos, hacerlos indecisos, incoherentes, cobardes. Hay unas normas que todos debemos seguir, y fuera de ahí, la vida sigue, porque esto pasará y la vida seguirá. Que quedará de nosotros cuando esto ocurra? Eso está en manos de cada uno de vosotros…

Leer Más

Si nos enseñaran a perder…

Se ha vuelto a desplegar la magia. No ha hecho falta mucho, tan sólo con leer el título de su último libro, sabes que no defraudará. Es de esas personas (porque llamarlo sólo escritor se queda corto) que te envuelven con su trazo fácil pero profundo, sencillo pero directo, llano y sensible. Todas sus historias, rezuman vida, lecciones, esperanza. Que un libro te transporte a otro lugar, a otro tiempo, a otra vida, es porque es bueno, pero si además te arranca sentimientos, haciéndote sentir lo que lo que siente el personaje de lo que estás leyendo, es otro nivel. Me he sumergido en su primer relato, y ahí estaba él. De nuevo entre sus palabras, entre sus frases, amuletos para la vida, nuevas perspectivas para afrontar el día a día. Es reconocible, pero siempre es nuevo. Y lleva razón, basta con alejarse para ver mejor el mundo. Empeñados en observar sólo lo cercano, padecemos egoísmo miope, empeñados en pensar en nosotros y en lo que tenemos delante de nuestras narices, dejando a los demás de lado. Seria conveniente ponernos los zapatos de otras personas, y saber por dónde pisan y que sienten, antes de juzgarlos. Tal vez así, entenderíamos mejor todo y a todos.

Se ha vuelto a desplegar la magia, y he vuelto a emocionarme, a sentir, a llorar. Le ha bastado el primer capítulo para demostrar, que su nuevo libro es como los anteriores, una magnifica obra, que no debes dejar de leer.

PD: Gracias a Albert Espinosa, por sus libros y por sus lecciones.

Leer Más

Al otro lado

Se mecen las cortinas en brazos del viento, que invisible y silencioso, las intenta apartar para poder pasar al otro lado. Lo noto, sin que llegue a rozar mi piel, sin que llegue a refrescar siquiera, pero se delata con el baile que arranca a unos pliegues, que se tensan con cada uno de sus pequeños envites. Desde este lado, la tarde suena a silencio, roto, por algún que otro coche atravesando la calle en dirección indefinida y acallando a los pocos pájaros que se atreven a salir de sus nidos a estas horas. Al otro lado, la templanza de una tarde de agosto. Quedaron atrás los días de infierno, de calor abrasador, dónde el sol dolía y el asfalto casi se derretía. Desde este lado, sabe a más a fin de estación, a ocaso estival, a verano que se va diluyendo. Otro año más a pesar de nosotros. Al otro lado, tú, tan cerca y tan lejos. Si cierro los ojos casi puedo tocarte, pero al abrirlos, es sólo una quimera. Pero tranquila, no hay dramas. Aunque desde este lado, las ganas, la añoranza y la pasión, me agitan, mientras las contengo para no desesperarme. No, no voy a volverme loco, eso no va conmigo, pero al otro lado sé que me esperan, tú, y mil planes más, y hoy, ya, un poco menos…

Leer Más

Amor o muerte

No le tengo miedo a la muerte, pero eso no quiere decir que quiera morir. Temo más al dolor, al sufrimiento, pero el dejar de existir aquí, no me asusta. Sobre todo me angustia perder a mis seres queridos, aquellos a los que amas. Pensar en su ausencia, en su falta de compañía, me produce un dolor indescriptible. Y es que juntar esas dos palabras, amor y muerte, resulta peligroso. Porque cuánto más amas algo, más crece el miedo a perderlo. Nos empeñamos entonces en controlarlo todo para que nada malo pueda ocurrir, sin saber, que es imposible conseguir tener todo bajo control. Los accidentes ocurren, el libre albedrío cumple su función, y ocurren cosas inesperadas que escapan a nuestro control, deshaciendo esa falsa seguridad que creíamos tener en nuestras manos. Tememos entonces por los demás, y dejamos de vivir como deberíamos, encorsetados en un rigor estéril que nos lleva a no ser totalmente felices. Amamos tanto, que olvidamos que la muerte llegará, queramos o no, y olvidamos lo más importante, el sentirnos vivos, disfrutar de lo que tenemos, aprovechar hasta el último segundo. Así que si alguna vez os preguntan que pesa más, el amor o la muerte, contestad sin dudar: LA VIDA.

Leer Más

Parar la tierra

Silencio, templanza, quietud. Cielo estrellado, firmamento oscuro, luna menguante. Noche de verano. Yazco rendido en mi cama, y reposáis conmigo hoy, atravesando mi mente, arrastrando con vosotros las palabras que ahora escribiré.

Todos buscáis las respuestas que os den paz y descanso. Fisgoneáis en vidas ajenas, tratando de encontrar la solución a vuestras dudas, a vuestras inseguridades, o peor aún, para demostrar que no estáis tan mal, si al otro le va peor. Os agarráis a clavos ardiendo para seguir creyendo, pero todo es inútil, si pierdes la fe en ti. Excusas, mentiras, y otras prestidigitaciones, para no llamar las cosas por su nombre: cobardía y soledad.

Mensajes en botellas lanzados al mar, con la esperanza de que su destinatario sea quien debe ser. Travestis de la mentira, tratando de hacernos creer, que son, lo que no son. Dignos sin martillo, y sin palabra. Llaneros solitarios, defensores del egoísmo y sus consecuencias. Capitanes que abandonan el barco cuando nadie los ve, y tratan de hacernos creer, que es por nuestro bien.

Creo que no me dejo a nadie. Os mostráis sin querer y os veo. Observo cada paso que dais y lo pongo en contexto. No os juzgo, pero saco conclusiones. Seguro que es lo mismo que hacéis conmigo. Y os aseguro que lleváis razón en lo que pensáis. Porque yo no me escondo. Para bien o para mal, esto es lo que hay. No quiero cambiar nada, ahora, claro. Más adelante, ya veremos. Eso depende sólo de mí.

No hay discursos vacíos, ni palabras enredadas. Basta con saber. Porque por mucho que queráis, es imposible parar la tierra…

Leer Más

El gimnasio

Parece que fue ayer, pero han pasado 15 años ya. Caminamos juntos por la calle. No va de mi mano. Ya no necesita la vigilancia de antaño, aunque mi preocupación siga siendo la misma, pero a él no se lo digo. Ha aprendido a defenderse, a pensar, a decidir por él mismo, siguiendo tal vez, lo que ha visto de mí, pero con iniciativa propia, con ideas propias, con decisiones propias. Habla conmigo mientras caminamos, contándome lo que él quiere contarme, nada más, porque el resto, como de todos, pertenece a su intimidad. Secretos que tuve y que ahora le toca a él guardar. Camina a mi lado, mirándome desde las alturas, porque ya me sobrepasó, desde ese lugar desde el cual yo lo miraba no hace tanto. Casi metro ochenta de felicidad, de bondad, de ganas, de vivir, de mejorar, de querer seguir creciendo. Y crece, por días, no sólo en altura, en ese tipo de persona en la que se ha convertido. Atrás quedó el niño, y el adolescente está a un paso, de convertirse en un hombre. Caminamos, cada vez más cerca del gimnasio. Hora y media de ejercicio, hora y media de compartir lo que tanto deseaba compartir con él. Padre e hijo, amigos de tantas cosas. Y sonríe, orgulloso de su padre, de tenerme junto a él. Lo que no sabe, es que la mayor sonrisa y el mayor orgullo, lo siento yo, al poder estar a su lado…

PD: A mi hijo, Santi, por ser sobre todo, buena persona. Eres capaz de lo que te propongas y eres mi mayor orgullo.

Leer Más

Todo el tiempo. Siempre

Acabamos en el centro, allí dónde confluyen todos los caminos.

Pero habíamos empezado en la periferia. Pitufo en mano, acompañado de café o cola cao, eso lo decidió la edad. Nos volvimos a ver, tras mucho tiempo, con la misma sonrisa, con las mismas ganas, con el mismo cariño. Amistad en la distancia, incombustible, inacabable. Arrancamos en el piso de la abuela, hoy tuyo, reformado, pequeñito, acogedor. El hogar de un gato y su dueña. A partir de ahí, nos encaminamos al centro de la ciudad. Una Málaga desconocida para mí, se fue descubriendo majestuosa, urbanita, modernamente antigua, familiarmente parecida a mi Granada en algunos tramos, y tan diferente en otros. Una catedral a medio terminar, rodeada de miles de calles, formando una tela de araña, donde sobrevivían pequeños bares, dando de beber y comer a los visitantes. Iglesias , teatros y cines, dando personalidad a una ciudad, que late con fuerza, y se reinventa, año tras año. La Alcazaba fue la parada antes de dirigirnos al puerto. La vimos de cerca, y de lejos, imaginándola en la noche, iluminada bajo un cielo estrellado. Olía a mar, y sus aguas embadurnaban todo con la humedad que se les presume. Barcos, y veleros descansaban en los muelles, esperando que alguien los dejara libres para volver a navegar. Nosotros buscamos un lugar de avituallamiento, y lo encontramos en el Muelle 1. Allí, comimos, bebimos y reímos, recordando historias, imaginando finales más felices, y uniendo aquella amistad un poquito más. Regresamos sin la brisa que había refrescado nuestra ida, y más cansados. Café en mano nos despedimos, emplazándonos para la siguiente, aquí o allí, da igual, porque lo importante era volver a vernos. Y es que esta amistad que nació casi por casualidad, la mantenemos hoy viva, y espero que así sea todo el tiempo, siempre…

PD: Para Fany y Alicia. Por no dejar que la distancia nos separe.

Leer Más

Allí donde solíamos buscar…

De nuevo en estado anterior. Otra vez soltero, que no solo, porque nunca estamos solos, y de nuevo repetimos patrones. Mostrarle al mundo lo maravillosa que es ahora nuestra vida, la de cosas que hacemos desde que ya no estan con nosotros, las metas que somos capaces de alcanzar, como si antes hubiéramos tenido un freno que no nos dejaba avanzar. Estados en los buscamos o damos excusas, para mitigar el dolor de la ausencia, para vestirnos de mentiras y no reconocer que nos gustaría seguir a su lado y que la vida sin él/ella, es un poquito menos feliz. Entramos en el juego de tratar de hacer daño sin que se note, de empujar a que pique, a ver si despiertan unos celos que nos tranquilicen y se abra una puerta a la esperanza. Nos olvidamos de todo aquello que dijimos que jamás haríamos, y lo hacemos a diario, dañándonos, más que dañamos. Entramos de lleno en suelo de la incoherencia, lodos inestables que desmoronan nuestro mundo sin querer. Buscamos en resumen, sobrevivir, que no duela. Andamos tras la felicidad en lugares distintos, en variadas personas, en multitud de eventos, olvidando el único lugar donde la encontraremos: nosotros mismos. Olvida, aunque cueste. Piensa sólo en ti, aunque parezca egoísta. Demuéstrate de lo que eres capaz, sin importarte los demás. Vivir para que te vean, te distrae de verte como eres realmente. Y es justo ahí, donde deberías buscarte…

PD: A Yampi, y su dolor pasajero. Todo pasa y todo sana. No te pierdas en el camino de regreso.

Leer Más